LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga18 de Mayo de 2009

m.montescleries@telefonica.net

HE TOMADO LA PÍLDORA EL DÍA DESPUÉS

         Lo confieso. El pasado sábado por la mañana, tuve que recurrir a la píldora del día después. Mi hijo mayor que es médico, geriatra para más INRI, me recomienda que no tome medicinas si no es estrictamente imprescindible. Pero es que la necesitaba. A mis años hay que evitar cualquier tipo de acontecimiento imprevisible que derive a un problema de salud.

 

        La génesis del problema se sitúa en una tarde junto a dos chicas, solteras, una cercana a los veinte años y otra a los cuarenta En el transcurso de unas horas agradables y gratificantes. Una de las dos mujeres, la mayor, curtida por un matrimonio desgraciado, una situación de soledad, y un remontar hacia el servicio a los demás. La más joven, una veinteañera enamorada de la vida, universitaria, mestiza de payo y gitana, del poniente almeriense. Ambas con una claridad de ideas propiciadas por la vida. La una, por su paso por experiencias vitales desagradables y la otra, educada por una familia con raíces gitanas puestas al día por el sentido común propio de personas inteligentes.

 

      Cinco horas de conversación y servicio –estábamos participando en la “operación kilo” de Bancosol y Carrefour- dan para mucho. Especialmente para conocerse mejor, aceptarse y enamorarse en el mejor sentido de la palabra –vivir en amor-. Una situación que termina con la sensación del café y los sentimientos compartidos. Tantas horas

 

 

 

 

 

compartiendo experiencias, entre el ruido de los altavoces y la vorágine de la entrada de una gran superficie, me obligaron a recurrir a la píldora… el día después.  A la Aspirina. Ese preparado, al que un representante de un grupo concreto de médicos ha comparado,

en el programa de Julia Otero, con la famosa píldora del día después. Esa, que se puede vender (ahí está el quid de la cuestión, 20 euros “a la saca” por “problemilla” resuelto) a niñas a las que esta prohibido suministrar una cerveza. Esa, que están defendiendo a capa y espada personas que desconocen, o conocen demasiado bien, sus efectos primarios y secundarios y, como siempre, “defendiendo la libertad” de los que aún no saben administrarla, olvidando a aquellos que no tienen posibilidad de hacerlo. Los problemas subsiguientes, para los “pringaos”. Los que tenemos que intentar llenar de valores unos espíritus plenos de egoísmo y vacíos de sentimientos.

 

        Mi buena noticia de hoy se basa en “mi píldora del día después”. Ha valido la pena tomarla a cambio de las cinco horas empleadas recogiendo paquetes de comida solidaria de personas sencillas y cercanas y la conversación cómplice con familias que poseen los dineros justos, o con aquellos que no tienen ni siquiera eso. He tenido que recurrir a “mi píldora del día después”, para volver a la realidad, salir de la utopía representada por las dos chicas protagonistas de la Buena Noticia de hoy, abortar esas sensaciones de malestar provocadas por tanta mentira y manipulación orquestada  y, finalmente, para dejar un hueco en el corazón, donde caben tantas personas que son capaces de amar y de ser amadas. El servir a los demás, no el servirse de los demás, es una sensación de  embarazo que dura el resto de tu vida. Para eso sirve la buena píldora del día después. Para afirmarla. Para pensar en positivo. E intentar ayudar a tanta persona engañada.

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