um,pum,pum
24 f, 09
LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES
Málaga25 de Mayo de 2009
m.montescleries@telefonica.net
EL PUM, PUM, PUM
Hoy viene a mi recuerdo uno de los momentos más excitantes de mi vida. Del que se puede decir que la ha dividido en un antes y un después. Se trata, de la primera vez que escuché el pum, pum, pum. A partir de ese momento se percibe un cambio en tu personalidad. Eres consciente de que has madurado en un momento. Como si un montón de años y experiencias hubieran caído sobre tu vida. Definitivamente, te sientes responsable en la medida en que tienes que asumir un compromiso trascendental en tu existencia.
Este pum, pum, es un privilegio conseguido por la medicina moderna. Te transmite una extraordinaria noticia. Una sensación que hemos vivido y compartido millares de personas desde mediados del siglo pasado. Como ustedes habrán imaginado, se trata del sonido del corazón de tu hijo en la primera ecografía a la que asistes. Hoy confieso mi craso error. Me explico, como aun no había pontificado la ministra de igual-da su información científica sobre el ser humano y la persona, yo disfrutaba ese momento tanto como cuando cogía en brazos a mi hijo-a por primera vez.
La aseveración científica de la ministra Aído, ha ido tan lejos, y está tan bien cimentada en el estudio realizado por los mejores expertos de la ética, la medicina, la investigación genética, etológica, filogénica, epistemológica, embriológica, etc., que me ha recordado al sargento chusquero que se empeñó en que el ángulo recto hervía a 90 grados.
Por lo tanto, y aun a riesgo de ser tildado de ignorante por tan dilecta dama, les ruego hagan oídos sordos a las precisiones cronológicas de la susodicha sobre la vida, y recomiendo a cuantos tengan la oportunidad de escuchar el pum, pum, de su hijo, nieto, o de quien sea, lo hagan, a riesgo de ser excomulgados laicamente. En ese momento, empezarán a querer a esa persona humana, tan humana como tu y como yo, con los mismos derechos, que incluso, le permitirán -cuando la ministra decida que son personas- aprender de tan dilecta profesora, curtida en los mejores concursos de flamenco, a discernir el momento justo en el que se pasa -¡oh, milagro!- de ser vivo a ser humano. Loor y gloria a tan egregia dama. Y a mi, que me quiten el disfrutón del pum, pum. Espero con impaciencia los nuevos descubrimientos de la ministra más joven del mundo-mundial.