verano, verano

22 f, 09

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES m.montescleries@telefonica.net 22 de Junio de 2009 ¡YA HA LLEGADO EL VERANO! Partimos de la base de que yo soy un enamorado ferviente del verano. Me refiero a la acepción española de la palabra. Los habitantes de la Ciudad Eterna –lugar que amamos rendidamente mi compañero de columna Quesada y yo- llaman “verano” a la versión romana del “huerto de los callaos”, (léase cementerio). Como comprenderán, no me refiero a esta acepción de la palabra. Hecha esta digresión erudita, paso a transmitirles por qué me gusta tanto el estío. Tan solo tengo que asomarme al balcón para descubrir lo fácil que es para los malagueños disfrutar de lo que se nos ha dado gratis desde siempre a los afortunados herederos de los fenicios. Una toalla, un bocadillo, una botella de tinto de verano y el spa más grande que nos podamos imaginar, en forma de mediterráneo, a nuestra disposición. Hemos vuelto a aquellos veranos de 18 de Julio y tortilla. Los tiempos no dan para más. La crisis, (aunque desgraciadamente por abajo), nos iguala a todos los “curritos”. El 600 de otrora se ha convertido en un Ibiza lleno de pegatinas de la ITV (índice de un montón de años de mala vida. Pero, aunque renqueante, sigue llevando a los niños, la mujer, la suegra y el cuñado. He vuelto a ver sandías enterradas en la orilla playera, ensaladillas de tomate realizadas en una palangana de plástico de los chinos, cuerpos orondos que desbordan los sucintos bikinis. En una palabra. La gente ha vuelto a encontrar la felicidad en lo que es. No en lo que tiene. La buena noticia es que, a la fuerza, hemos descubierto que las playas caribeñas, Santo Domingo, Ipanema, el Lido de Venecia, Saint Tropéz, etc., están aquí, al alcance de nuestra mano. Y baratas. Lo que nos queramos gastar. Lo importante es que la gente encuentra un motivo para ser feliz. El sol, la playa y la alegría que Dios nos ha dado a los malagueños. Y el merendero de siempre, al que hoy llamamos “chiringuito”. El que nos permite tirar la casa por la ventana y apoyarnos en la barra para decir, como el más opulento de los mortales, “niño, dos cervecitas y dos espetos”. Y sentirnos el más dichoso de cuantos nos rodean con 10 euros. Y en la Costa del Sol, Como si fuéramos Cristiano Ronaldo y Paris Hilton. Casi nada. Que hermoso es el verano.

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