MI GUIRI
12 f, 09
LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES
Málaga 13 de julio de 2009
m.montescleries@telefonica.net
EL “GUIRI”
Desconozco el origen de la palabra “guiri”. Lo que conozco perfectamente es lo que representa; un personaje entrañable en la Costa del Sol. En los buenos tiempos del turismo, decíamos que en Málaga la población se duplicaba en verano. Es decir que a cada malagueño nos correspondía un guiri. Desde entonces, he asumido que a mí, como si de un Ángel de la Guarda se tratara, me corresponde un guiri.
El mío, ha llegado esta semana, lo “tengo en plantilla” (van cambiando con los tiempos) desde hace cinco años. Compró el apartamento que linda con el que disfruto en verano en las playas de Benagalbón. Se aposentó en él con su familia y le saca más jugo que cualquiera de los españoles que vivimos por aquí.
Mi guiri de confianza cumple todos los requisitos para ser así denominado. Es inglés, de Londres, alto, rubio, policía, con una barriga trabajada a base de pintas de cerveza lager y brown. Cuando llega a Málaga se transforma. Se pone un pantalón corto se acerca al supermercado cercano, donde se aprovisiona de Rioja y de Ribera del Duero (siempre tinto, desprecia olímpicamente los blancos, vinos de jerez y demás mariconadas). Hace un barrido por los brandys españoles haciendo acopio de los más señalados (los conoce mejor que un Domecq). El preciado tesoro, recién adquirido, lo coloca cuidadosamente al alcance del sillón de la terraza, pone en la mesa vasos y copas adecuadas a cada libación y “se pone al día” en un par de horas. Ojo, no es un borrachín. Tan solo se pone a nivel. Es un disfrutón de la vida.
Su familia es “lovely”. Su esposa es una inglesita, de alrededor de treinta y cinco, menuda y excelente madre de tres hijos de la rubia Albión, dos niñas y un niño que tan solo dicen en español el nombre de mi perra. Pasan al unísono, y sin inmutarse, las etapas cromáticas de su piel. De blanco lechoso a rojo gamba y, finalmente, consiguen un moreno envidiable antes de volver a las orillas del Támesis.
Alquilan un coche pequeño en el aeropuerto que conservan mientras están por aquí. Y, lo que les da el titulo de “guiris cum laude” es su conocimiento de cuanta tasca, venta, chiringuito o restaurante haya en el entorno. Se conocen las fiestas populares de la Axarquía, las Alpujarras, y si me apuran, la serranía de Ronda. Son expertos en coquinas, sardinas, lomo en manteca y gazpachos de todo tipo. Unos “guiris” como Dios manda. A mi guiri le estoy metiendo en el mundo de los Farias para hacerle el boicot a Fidel Castro. Le cuesta trabajo, pero está en el buen camino.
Su único defecto; cuando les paso por el balcón un plato de paella bien colmado, que –como mis lectores deben saber, bordo- se sienten obligados a pasarme un bodrio elaborado a base de carne a la plancha con mucha cebolla y un componente “secreto” cuyo solo olor me pone a “potar”. Servidumbres de la hospitalidad.
Que nunca nos falten los guiris. Por cierto, los españoles en el extranjero somos unos guiris de cuidado, recuerden la pinta de Doña Espe con calcetines. Lo malo es que nosotros tenemos menos suerte cuando viajamos, que los ingleses en España. En Europa las ventas y los chiringuitos están cerrados. Acabamos siempre en Mc-Donald´s. Con lo poco que me gusta.