!Ay del solo!
15 f, 12
LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES
m.montescleries@telefonica.net
Málaga, de enero de 2012
LA SOLEDAD DE LOS MAYORES
Los datos que nos suministra el Teléfono de la Esperanza manifiestan, sin dudas de ninguna clase, que el problema psíquico más acusado de la sociedad española es la soledad. Hay diversas categorías de soledad: la que se sufre por falta de compañía y la que es más grave: la soledad en compañía. Pero de esto hablaremos en otra reflexión. Hoy vamos a comentar la soledad que sufren los mayores.
El estado del bienestar, y cuantos le han precedido, han conseguido satisfacer las necesidades mínimas de vivienda, alimentación y atención sanitaria de los mayores. Es más, incluso las necesidades lúdicas y de convivencia exterior están bastante bien atendidas por los centros y hogares de mayores. Pero -siempre hay un pero-, nos encontramos con las deficiencias existentes en lo referente a la afectividad.
A los mayores les creamos un refugio de oropel en las residencias para mayores; en dichos centros se vive bastante la soledad en compañía. Las familias se “quitan de encima” a los mayores que crean dificultades y molestan, “colocándolos” en los “hoteles de 5 estrellas para mayores” donde tienen de todo… menos cariño familiar.
Esta situación, que recreó con una gran visión de futuro la película americana de Ron Howard: Cocoon (1985), en la que se narran las peripecias de un grupo de mayores recluido en una residencia, se sigue produciendo en nuestra sociedad. El drama de los mayores lo recogía una frase de un gran amigo y preceptor mío. “Los matrimonios han de estar: muchos años juntos y muy pocos separados por la falta de alguno de sus componentes”.
Mi buena noticia de hoy me la produce de nuevo el programa de “Juan y medio”: La tarde aquí y ahora. Los mayores recurren a este espacio para encontrar un motivo para seguir viviendo. Obviando la exposición publica de las miserias pasadas a lo largo de la vida, a los sencillos mayores andaluces, el magacine les suministra un aliento de esperanza al ofrecerles la posibilidad de convertir dos soledades en una compañía. Las ingenuas conversaciones, llenas de requiebros y de opciones de futuro, trascienden, en ocasiones, a la formación de unas parejas nuevas que inician una nueva edad de oro en sus vidas.
Como es natural surgen un montón de detractores que justifican sus críticas al programa con la perdida de intimidad. Pero hay edades en lo que todo da igual. El refranero español da respuesta a todo ello. Y el Evangelio también. ¡Ay del solo!