MILAGROS

15 f, 18

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                        16 de julio de 2018

 

MILAGROS

 

       Casi todo el mundo cree que los milagros son el resultado de aplicar fórmulas mágicas o de la intervención directa de Dios.

 

Hace años que conozco la vieja anécdota del granjero americano que en medio de una fuerte inundación se negó a aceptar sucesivamente: la ayuda de una lancha neumática, un barco de rescate de los bomberos y, finalmente, de un helicóptero. En las tres ocasiones decía que confiaba en el Señor; que Él le salvaría. Consecuentemente se ahogo y al llegar al cielo se quejó al Padre indicando que se había puesto en sus manos y que Este no lo había ayudado. Dios le contestó diciendo: “¿qué no te he ayudado? Si te he mandado una lancha, un barco y un helicóptero”.

 

Esta anécdota me permite respaldar los dos últimos milagros a los que he asistido. Dos amigos, dos que son casi mis hermanos, están padeciendo la “terrible enfermedad” desde hace años. Uno de ellos con cáncer de piel, de próstata y de pulmón. Le llamo ayer y está de nuevo en forma y dispuesto a seguir luchando por los demás. El segundo con un cáncer de páncreas desde hace ¡más de dos años! Y ahora parece que está mucho mejor y le van a operar para eliminar “el bicho”.

 

Detrás de estas situaciones está el milagro de Dios, que deja en manos y el talento del hombre la solución de los problemas temporales. “Se lo alquila a los valientes”, como decíamos en ocasiones. Los médicos luchan denodadamente dentro de las posibilidades que le permiten las mínimas e insuficientes inversiones de los estados en investigación, mientras contemplan como los “pródigos” políticos se gastan “el manso” en defensa, en desenterrar y enterrar muertos, en latrocinios y comisiones, en mítines y banderas.

 

No hace muchos años, este milagro no se habría producido. Pero en este caso, la fe y la confianza en Dios de ambos enfermos ha puesto talento, eficacia y medios en manos de los médicos y ahí están ellos para certificarlo. Dios se lo pague a Dios. El milagro de la medicina, en este caso, es mi buena noticia de hoy.

 

                         

 

         

 

 

  

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EL ESPOSO

12 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 12 de julio de 2018

EL ESPOSO

      Se ha puesto de moda una palabra que cada vez que la escucho me remueve las tripas. Se denomina al marido o a la esposa como “Mi pareja”.

 

       Dentro del movimiento antimatrimonial y antifamiliar que se ha puesto en boga, aquellos que se quieren incorporar al carro del “modernismo” se cuidan muy mucho de hablar de marido y mujer o esposo y esposa. Es más, aquellos que están unidos por el vínculo matrimonial quieren esconderlo detrás del vocablo “pareja” para intentar hacerlo invisible.

 

Hoy quiero homenajear al esposo. Gracias a los avances de la ciencia y el cuidado personal, las expectativas y realidades de prolongación de la vida son notorias. Por otra parte, la supervivencia de hombres y mujeres se va equilibrando. Antes, quizás por la diferencia de edad -los hombres casi siempre son mayores que sus mujeres a la hora de casarse-, había más esposas que cuidaban de sus maridos enfermos que lo contrario. De hecho, en algunas ocasiones he escrito de mujeres admirables abnegadas cuidadoras de sus maridos.

 

Este verano vengo observando desde mi mirador playero como dos extraordinarios maridos cuidan de sus esposas delicadas de salud; con amor y temblor, con delicadeza y profesionalidad. Estoy seguro que ninguno de ellos habla de “su pareja”. Se dedican en cuerpo y alma a cuidar a la madre de sus hijos y la esposa con la que se casaron para amarla y respetarla en la salud y en la enfermedad.

 

No quiero dejar pasar la alegría de la noticia del rescate del equipo de futbol de chavales perdidos en una cueva tailandesa, por lo que me he sentido más feliz que si hubiera llegado España a la final. Esto es un homenaje a la vida. Pero también lo es, y mucho más por su persistencia en el tiempo, el trabajo silencioso y constante de esos maridos que día a día mantienen a sus esposas con el trato y la dedicación que no podrían recibir de ningún otro tipo de asistencia. Esto es luchar por la igualdad. Este es un ejemplo para los hombres que, como yo, nos consideramos unos inútiles en las tareas cotidianas. Nos tenemos que espabilar.

 

BÉLGICA

8 f, 18

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                        9 de julio de 2018

 

                BÉLGICA

      El resto de la Europa prepotente considera a Bélgica como la “Cenicienta” de las naciones europeas.

 

      Posiblemente debido a su lugar estratégico, de paso del este al oeste y de norte a sur, este país ha pasado de pertenecer a los Países Bajos -a los que los españoles, encabezados por el Duque de Alba, les tenían fritos- a ser una monarquía independiente y con afanes de colonialismo africano. Casi nunca le ha ido bien. Finalmente, cada vez que a los alemanes se les ha encendido la vena invasora, han empezado a comerse Bélgica en un pis-pas.

 

He tenido la suerte de convivir con los belgas y los hispano-belgas en múltiples ocasiones; de comer paellas y mejillones en los cientos de restaurantes españoles de los aledaños de la Gran Place; de pernoctar en el consulado español de Lieja; de rememorar las novelas de Maigret en las orillas del Mosa y de convivir con los habitantes de un monasterio de Spa-Francorchamps a un paso de la frontera alemana –que por cierto escriben en gótico y hablan raro.

 

Por todo ello no estoy conforme con el comentario despectivo del resto de los europeos que tratan a los belgas como torpes y despistados. Son trabajadores y pertinaces, pero han tenido la desgracia de estar liados siempre con problemas de idiomas, políticos separatistas e incomprensión general. Pero se han portado muy bien con los emigrantes españoles y les han integrado en sus comunidades. ¡Que se lo pregunten a los propietarios y clientes del “Bar el Malagueño” de Lieja!

 

Mi buena noticia de hoy me la ha proporcionado la victoria de la selección belga contra la potente escuadra carioca. Un montón de hijos de emigrantes, mezclados con valones y flamencos, consiguieron doblegar a las huestes brasileñas de Coutiño y Neymar. Bélgica cuenta con un gran equipo de futbol, con talento y garra, que corre como los demonios rojos con los que les gusta compararse.

 

Los belgas han recuperado su categoría ante el resto de los países europeos que les miramos con envidia. Como se “carguen” a los franceses, les ponen en lugar del Mannenken Pis. Hoy han descolgado la réplica del Duque de Alba que tienen colgada en uno de sus bares y han puesto en su lugar a uno de los descendientes de Pelé.

 

Ya tienen algo que contar los, hasta ahora, sufridos belgas. Lo mejor que les ha pasado después de tener una reina española.

 

 

 

 

 

  

EL MUNDIAL

5 f, 18

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 5 de julio de 2018

EL MUNDIAL

      Decía Johan Cruyff que cuando los futbolistas de ambos equipos se encomendaban a Dios le creaban un problema al Supremo Hacedor; ¿a quién hacía caso?

 

Este ingenioso pensamiento me ha venido a la mente presenciando los partidos del mundial de futbol de este año. Para los españoles –y siguiendo la moda de los políticos de resaltar los dos géneros- ha acontecido el mundial y la mundial. Prácticamente hemos caído en una de las más profundas depresiones de nuestra historia debido a la debacle acontecida con nuestra selección.

 

Ya nos maliciábamos algo por el estilo cuando, prácticamente, le dimos más importancia a la defenestración del entrenador que a la caída del gobierno. Los periódicos se han hinchado de hablarnos de futbol y mientras, nos están dejando de nuevo una España que no la va a conocer ni la madre que la parió. Y que conste que nos lo teníamos bien merecido. No se puede gobernar peor ni ejercitar la oposición con menos garantía. Que pase lo que Dios quiera.

 

Volviéndome a referir al dios futbol, le vengo a considerar como un “remake” del viejo truco de los romanos: “panem et circenses”. Los países africanos y americanos -del centro o del sur-, han empeñado todos sus escasos recursos en montar y acompañar selecciones nacionales que les hicieran parecer importantes en la escala internacional. Los europeos de siempre y el Brasil de Pelé los han puesto en su sitio… y a nosotros, también. Con referencia a España había sonado la flauta por casualidad. Los equipos españoles son brillantes porque basan sus plantillas en el dinero y las figuras de todos los países. Cuando nos dejan solos… somos lo que somos.

 

Guardaremos las banderas y las camisetas para otra ocasión. Volveremos a tararear, cuando no chiflar, el himno nacional mientras no nos pongamos de acuerdo para decir cantando que nos gusta España. El patriotismo en España es como el cristianismo: para fechas determinadas. Guardaremos las camisetas como guardamos los capirotes y los trajes de comunión de un año para otro.

 

Los países más pobres y menos prepotentes han seguido encomendándose a Dios –especialmente los americanos- o a Alá los pertenecientes al Islam. Después lo que ha mandado ha sido el balón y los goles. Curiosamente los espectadores han sido un ejemplo de convivencia, de cordura y ¡hasta de limpieza! Algunos han dejado los estadios inmaculados. No se si por miedo al GULAG o por educación cívica.

 

Pero que conste que no estoy triste por el ridículo del mundial. Estoy triste por los cientos de inmigrantes que se hacinan en los polideportivos. ¡Eso sí que es un problema!

 

 

 

 

ITALIANOS

1 f, 18

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                        25 de junio de 2018

 

                ITALIANOS

   Cada año, a principios de verano tengo la oportunidad de compartir el pan y la sal con unos parientes italianos.

 

   La madre de la familia es española. Las circunstancias de la vida la hicieron emigrar muy joven a Italia. Allí casó con un italiano y vive en Milán con sus hijas y nietos. Pero las raíces mandan. Hace unos años compraron un apartamento vecino al que yo disfruto cada verano y vienen por turnos. Los padres siempre a principios del estío.

 

Su vida aquí es muy sencilla. Les gustan las patatas fritas, el “pescaíto” y el tinto de verano. Mi mujer, que es prima de la italiana de adopción, los embarca en platos autóctonos tales como el gazpachuelo, la berza, el rabo de toro, las coles, la crema de calabacín o las berenjenas fritas con miel.

 

Aquí se les quitan los males que acumulan por los años y la “gobernanza” del gobierno italiano. Recuperan el español y yo refresco mi italiano. Finalmente se van morenos y felices.

 

Yo los he visitado en alguna ocasión en los dominios de los Sforza. Allí me han llevado a los restaurantes de los hinchas del Milán y del Inter. Hemos comido la mejor pasta del mundo regada con birra Peroni y rematada con grappa. Ellos me enseñaron los lagos del norte de Italia, el monasterio de Pavía y una calle de la moda en Milano donde muchos sastres se apellidan Cleries como yo. Cosas de los tercios de Flandes.

 

Estos italianos son mi Buena Noticia de hoy. Sus hijos, cuando eran adolescentes se negaban a venir por aquí, porque no encontraban su ambiente. Ahora han descubierto los boquerones abiertos, casa El Guardia y la paella bien hecha. Vienen en verano, en Semana Santa y en Navidades. Les cuesta menos el avión y el alquiler de un coche que un fin de semana en Roma. Han descubierto el paraíso.

 

Por consiguiente, olvidaros de cruceros y de viajes a los fiordos noruegos. Disfrutad de esta bendita Costa del Sol. Los italianos han descubierto que España es una BUENA NOTICIA.

 

Dedicado a Manuela Marastoni. Una jueza milanesa enamorada de España.

      

 

 

 

Dios es amor

28 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 28 de junio de 2018

DIOS ES AMOR

 

          Si aplicamos la propiedad conmutativa, el amor es Dios.

 

Esta frase, sin la consiguiente explicación, puede parecer un poco simplista y aventurada. Todo es cuestión de semántica. La palabra amor ha sido tan tergiversada y prostituida que se le llama amor a cualquier cosa. Se habla de “hacer el amor” a la relación carnal de cualquier tipo. El amor no se hace sin reciprocidad, se vive en el encuentro desinteresado y de entrega al prójimo, entonces, el amor de Dios está en medio.

 

La televisión se ha adueñado de nuestras, casas, nuestras vidas, nuestras ideas y hasta nuestros deseos. Vivo en un hogar lleno de gente en la que se ven toda clase de programas. Espacios basados en citas a ciegas y emparejamientos a lo que salga, dicen hablar de amor; programas que hablan de mujeres y hombres a los que tratan como ganado selecto, de emparejamientos a prueba y de jóvenes “ninis”. Usan como leitmotiv el amor.

 

       El colmo lo ponen esos programas en lo que se compra lo peor de cada familia y se airean sus miserias. Lo dicen claramente: envíennos “pillados” de famosos, que les pagaremos por ello. Su éxito se basa en hundir familias completas; las de los presentadores incluidas. También ponen el amor por excusa.

 

Pero de vez en cuando surge un  programa en el que vez surgir el AMOR con mayúsculas, el que entendemos todos y que nos hace aflorar las lagrimas de alegría al observar la felicidad de los otros. En este caso se trata del “Master chef” del pasado lunes. En el fragor del programa, trajeron a los familiares de los participantes a que concursaran con ellos. Una madre rusa se encontró con su hija; una hija cubana vio aparecer a su madre desde el Caribe; una hija recibió a su padre y un hijo se encontró con el suyo; una pareja de novios se reencontró, y finalmente, un concursante se reunió con su esposa y su hijo pequeño.

 

Allí afloró el amor del bueno, las lágrimas surgieron sin quererlo de los ojos de los chefs del programa, de los participantes y porqué no, de muchos de los espectadores, empezando por mí. Fueron unos momentos tan emocionantes, tan densos, que transmitieron una felicidad que te acerca al amor de Dios. Y en consecuencia a Dios.

 

En la posguerra se hablaba de café, café-café y café por la salud de mi madre. En la tele se habla mucho de amor con minúsculas, de amor propio (que es justamente lo contrario de amar) y, de vez en cuando de amor verdadero. De ese con el que se puede aplicar la propiedad conmutativa. Ese amor es Dios entre nosotros.

 

 

masterchef

HIJOS

24 f, 18

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                        25 de junio de 2018

 

                HIJOS

    Sigo manteniendo mi reflexión de siempre: “los hijos no los educamos… nos imitan”.

 

     A lo largo de los años he venido observando, en mí mismo y en cuantos me rodean, como cada vez nos parecemos más a nuestros padres. Es fácil reconocerlos en nuestros gestos, nuestras actitudes, la forma de movernos… incluso en las ideas y los pensamientos.

 

Por lo tanto he llegado a la conclusión de que en  nuestros genes o en la convivencia, recogemos un montón de órdenes y reflejos que se traslucen en nuestra forma de actuar y de responder a las situaciones alegres o desgraciadas que se nos presentan.

 

He tenido la oportunidad de comprobar la veracidad de mis pensamientos en la pasada semana. No se si les he dicho que soy un maestro del dominó a compañeros. Estudié la carrera en Málaga. Después me he “doctorado” en el Hogar de Mayores de la Torre de Benagalbón, un “templo” donde se imparten los masters en ahorcadores del seis doble.

 

Durante el invierno, juego cada miércoles una partida con viejos amigos (o amigos viejos) que lo somos desde los tiempos de la tuna y nuestros estudios en la Escuela de Comercio de Málaga. Esto nos permite mantenernos en forma y recordar los viejos y felices tiempos que compartimos.

Días atrás me llamó la hija de uno de ellos, José Luís Ortega, y me indicó que querían celebrar a lo grande el santo de su padre (celebran San Luís). Montaron una fiesta sorpresa por todo lo alto en un lugar ideal, su vieja casa hoy remozada. La docena y media de chavales de su quinta, que compartimos dominó con él en diversos “estadios”, su esposa, hijos y nieta, lo pasamos maravillosamente disfrutando de una comida fusión –bien regada- y exquisita. Después dominó.

 

Esta podía ser mi buena noticia de hoy, que también lo es. Pero mi reflexión, que quiero compartir con mis lectores, pasa por esas dos hijas, el hijo y la nieta del homenajeado. Son un completo calco de lo que fue, ha sido y será su padre desde siempre. Un líder nato, simpático, servicial, sencillo y trabajador. Esos hijos han copiado de sus padres.

 

Decía Rousseau que “un buen padre vale por cien maestros”.

Los miembros de nuestra generación hemos sabido transmitir a nuestros hijos aquello que, a su vez, recibimos de nuestros padres, el amor y el respeto a los mayores. Los hijos de José Luís nos lo demostraron días atrás. Una buena noticia y un gran ejemplo.

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 21 de junio de 2018

EL SECRETO ESTÁ EN LA Y

 

          En muchas ocasiones en las que me encuentro con una confrontación entre dos posturas radicales, recurro al anuncio de un aceite de oliva -de una excelente calidad, por cierto-, que se basaba en la Y. Decía, más o menos: “el secreto está en la Y”.

 

    La semana pasaba les hablaba de la acogida por el pueblo español del “Aquarius” de una forma elogiosa. Ha sido una excelente operación que ha culminado de una forma bastante aceptable. Mientras, sigo recibiendo notas de la Cruz Roja malagueña en las que me indican el resultado de las operaciones de salvamento realizadas desde Málaga cada día. El pasado martes recibo la siguiente:

 “Buenos días, compañeros/as, Os informamos del balance de la atención anoche en el puerto de Málaga de 166 personas subsaharianas rescatadas de varias pateras (155 hombres -entre ellos, 1 menor- y 11 mujeres-, entre ellas, 1 embarazada y 1 menor-): 3 traslados a hospital. Gracias, saludos”.

 

Nada más en la escueta nota que me envía Miguel Prada desde la Cruz Roja. Así cada día. Por otra parte hablo con Francisco Cansino, de la CEAR (comisión española de ayuda al refugiado). Allí también están desbordados. No tiene tiempo ni de quejarse.

 

El resto de España parece que, después del rescate mediático del Aquarius, mira hacia otro lado a ver si hace buen tiempo. Miles de subsaharianos esperan la oportunidad de jugarse la vida en lanchas de plástico para encontrar “el dorado” del Madrid y del Barcelona y la vida muelle de los europeos.

 

Al final, cuando se agotan los medios, dejan a los inmigrantes en las carreteras y que se busquen la vida. Yo no tengo la solución, pero, por lo menos, hago patente mi solidaridad con esos miembros de los barcos de rescate de Salvamento Marítimo, los benditos miembros de la Cruz Roja y los hospitales que acogen a estas criaturas que luchan por la supervivencia.

 

Un segmento triste el de hoy. Pero termino con el recuerdo del anuncio de marras. “El secreto está en la Y”. España se tiene que volcar con los náufragos del Aquarius… Y… con todos los demás que llegan cada día a la Costa del Sol y de las pateras.   (Foto de Cruz Roja).

 

            

 

               

HONRADEZ

16 f, 18

La buena noticia de Manolo Montes

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                        18 de junio de 2018

 

                HONRADEZ

Con cierta frecuencia se suele leer en los periódicos la noticia que recoge el rasgo de honradez de alguna persona, casi siempre de extracción humilde, que al encontrarse un bolso o una cartera con una sustanciosa cantidad de dinero, lo devuelve a su propietario.

 

    Esta circunstancia no debía de ser noticia por su rareza. Se supone que dentro de las cualidades innatas del ser humano se encuentra la de la honradez. Lo que es mucho suponer.

 

Dice la RAE que honradez es: “rectitud de ánimo, integridad en el obrar”, pero si buscamos un poco más, nos encontramos otra definición más amplia; honradez: “modo de comportarse que cumple con el deber respetando la ley, sin beneficiarse ni beneficiar a otros irregularmente”.

 

¿A qué me suena esto? Las noticias del mundo político, laboral, económico o comercial, parece que están reñidas con la honradez. El común de los mortales, un día tras otro, pasamos vergüenza ajena de lo que pasa a nuestro alrededor. Nos movemos en un mundo manipulado por los mangantes que deshonran a nuestro país.  Dimiten ante lo evidente y siguen poniendo las manos en el fuego los unos por otros. Seguro que llevan guantes ignífugos; si no hace mucho tiempo que las habrían perdido.

 

La buena noticia de hoy la tomo del diario LA OPINIÓN DE Málaga: Un ciudadano holandés de 46 años ha recuperado un bolso de mano de una marca de lujo con 5.575 euros que dejó olvidado en el carro de la compra de un supermercado de Estepona, gracias a que lo encontró un trabajador del establecimiento. La encargada del supermercado acudió a la Policía Nacional para entregar el bolso, que además del dinero contenía un pasaporte holandés, documentación que permitió identificar a su dueño, un vecino de Estepona de 46 años, según ha informado la Policía en un comunicado.

 El hombre, que hasta el momento no había denunciado la pérdida del bolso, fue localizado en Holanda, y hace unos días acudió a la Comisaría de la Policía Nacional en Estepona, donde le fue devuelto. La Policía ha destacado la actitud del trabajador que encontró la billetera que contenía 5.575,30 euros, al que ha definido como “vecino ejemplar”, y le entregará un reconocimiento”.

Nada que añadir, taxistas, empleados, camareros, gente corriente a la que no hemos votado, están dando sopas con honda a otros que debíamos de haber botado hace mucho tiempo. Esta gente corriente es mi buena noticia de hoy.

 

 

 

Aquarius

14 f, 18

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

        m.montescleries@telefonica.net

                                                                   Málaga 14 de junio de 2018

AQUARIUS

    Hoy habla todo el mundo de ese bendito barco que surca el Mediterráneo para librar del hambre o de la muerte a ese grupo de hermanos nuestros que solo han cometido el delito de nacer en un sitio lleno de pobreza.

 

    En un día en que el tema Lopetegui parece que va a hundir los cimientos de España -cuando apenas llevamos una decena de días con un nuevo gobierno- los brazos de los españoles, gracias a Dios, se alargan hacia ese grupo de hermanos que deambulaban por el Mediterráneo como la “falsa monea”. Los “avanzados y democráticos” países del Mare Nostrum miraban hacia otro lado y justificaban su actitud culpando a todo el mundo menos a su falta de solidaridad. ¿Qué hubieran hecho estos estados si se tratara de los náufragos de uno de los buques de lujo que surcan nuestras costas?

 

Los españoles, empezando por el gobierno, hemos dado la talla. De todas las creencias y comunidades surgen voces y gestos de acogida para esos pobres africanos redimidos hoy, entre otros, por la intervención de los medios. Sin ellos y la publicidad consiguiente, todavía andarían dando vueltas por el Mediterráneo como una especie de barco fantasma. ¡Hasta una cadena hotelera se ha ofrecido para dar empleo a una docena de ellos!

 

Espero que se siga el mismo procedimiento con el goteo diario de pateras que llegan a nuestras costas y que, de una vez por todas, se trabaje en el tema en su origen. Creo que si se mejora la vida en sus países africanos, con muchas posibilidades de desarrollo, si reciben la ayuda adecuada, no tendrán que abandonarlos de mala manera.

 

Así lo ha entendido un cura de nuestra Diócesis, Ramón Burgueño, que está trabajando, dentro de sus posibilidades, por hacer más feliz la vida de una parte de un pequeño pueblo de Costa de Marfil adonde está llevando escuelas, sanidad y los medios para subsistir y crecer por si mismos.

 

Creo que como siempre hay está la solución. “Muchos poquitos… hacen un muchito”. Un pueblo con futuro, es una patera menos que atender. Mientras, bienvenidos los trasladados por el Aquarius. Ojala encuentren aquí la paz y la tranquilidad que no tienen en sus países de origen. Lopetegui y Huertas han caído. El Aquarius sigue.