LAS MONJAS

8 f, 20

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 8 de Abril de 2020

 

Las monjas

    Se ha puesto de moda denostar la labor de las monjas y, a veces, acusarlas directamente de todas las maldades del pasado. Hoy quiero levantar una lanza en su defensa.

 

    Los que somos mayores hemos tenido la oportunidad de comprobar la eficacia de las monjas en el campo de la educación, la sanidad y, sobre todo, la oración. Seguro que habrá algún caso de una mala praxis de su vocación. De eso hace muchos años. Si nos acercamos a algún convento nos encontramos con unas mujeres abnegadas, trabajadoras y alegres que rezuman amor y cercanía.

 

Tuve la oportunidad de conocer bastante bien a las monjas del hospital Civil malacitano. Eran fenomenales en su trabajo. Cuando algún espabilado decidió su marcha de la comunidad del hospital, tuvieron que volver a contratar a muchas de ellas. Recuerdo especialmente a una que cariñosamente llamaban “sor drácula”. Era “la jefa” de la consulta donde se efectuaba la donación de sangre. Cada dos meses aparecíamos por allí varios amigos donantes y pudimos observar que aquello funcionaba como un reloj.

 

Por circunstancias que no vienen al caso he permanecido muchos fines de semana en Villa San Pedro. Aquella casa la regentan las Misioneras Cruzadas de la Iglesia. Cuatro o cinco monjas muy mayores que se ocupan de alimentar y cuidar a los grupos que acuden allí en busca de un retiro espiritual. Apenas son visibles. Pero me constan que se preocupan y rezan a fondo por todos los que por allí pasamos.

 

He dejado para el final a las que considero más cercanas. Son dos comunidades que viven en clausura. La primera se encuentra en San Fernando. Son las Carmelitas Descalzas. Hace muchos años que las conozco. Cuando pasamos por allí mi amigo Andrés y yo, les pedimos audiencia, Nos reciben alborozadas. Toda la comunidad presente en el locutorio por detrás de la reja. No se como, pero conocen nuestras familias, nuestras vidas y milagros. Una de ella se encarga de rezar por mí especialmente. Y lo noto. Claro que lo noto. Ellas sueñan que la Iglesia reconozca la santidad de una hermana que pasó por allí a lo largo del siglo XX: La hermana Cristina. Está en proceso de beatificación. Ayer recibí un poema de una monja de aquella casa. En el mismo ruega a la hermana Cristina que interceda por nosotros en esta pandemia.

 

Finalmente quiero tener hoy muy presente a mis monjas del Atabal. Ellas pertenecen a la orden del Cister. El monasterio cisterciense de la Encarnación que anteriormente se encontraba en el centro de Málaga, y que ahora se encuentra en la falda de un monte del Puerto de la Torre. Hace muchos años que comparto con ellas la Eucaristía, las penas y las alegrías. Ya forman parte de nuestras vidas. Desde el silencio, la oración y el trabajo están muy pendientes de todos nosotros.

 

La mayoría de los conventos de Málaga están ocupados por pequeñas comunidades. Sus monjas están muy mayores. No las debemos dejar solas. Una llamada telefónica. Un correo animándolas o simplemente una oración por ellas y con ellas serían muy convenientes. Paz y bien. (Capilla Atabal)

 

 

 

 

 

LA ENCRUCIJADA

5 f, 20

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net      Málaga 6 de abril de 2020               

LA ENCRUCIJADA

    En pocas ocasiones de nuestra vida nos encontramos ante una auténtica encrucijada sin ningún tipo de señalización.

 

       Ahora estamos ante una de ellas. Ya pasamos por la elección de estudios, el empleo, la boda, la creación de una familia, los reveses económicos, laborales y personales de todo tipo y, los que tenemos nuestros años, la jubilación y la pérdida de algunos seres queridos.

Inopinadamente, dentro de un año bisiesto, con todas las perspectivas de una primavera llena de flores, procesiones y renovación de nuestras vidas, cansadas por el invierno, nos encontramos con la encrucijada global más importante de nuestra generación. La maldita pandemia. Primero nos reímos, después nos burlamos, nos enteramos, nos preocupamos, nos “acongojamos” y finalmente llegamos a “cagarnos” literalmente.

El proceso seguido por las instituciones ha sido similar, casi siempre han ido a remolque de las circunstancias, han intentado encontrar atajos en la “encrucijada” pero, finalmente han tenido que tomar una opción por el único camino que nos conducirá a la luz que aparece al final del túnel. Como decía Churchill: sangre, sudor y lágrimas.

Mi buena noticia de hoy me la proporciona el pueblo español. No se puede hacer mejor el recorrido estimado como el camino correcto. La maldita pandemia ha sacado de su abulia y cobardía al común de los españoles. Hemos descubierto que nos queremos y nos aceptamos como somos. Que somos más solidarios de lo que parecemos. Que queremos y nos preocupamos por nuestras familias. Que podemos olvidar rencillas y rencores. Que somos mejores vecinos que lo que aparentábamos anteriormente. Que salvo deshonrosas excepciones, somos formidables.

No sé qué pasará cuando todo esto acabe. Espero con ilusión que lo que estamos sufriendo nos sirva de ejemplo para compartir un mundo mejor en el futuro. Seguiremos cantando a la vida, nos sonreiremos unos a otros, conservaremos ese sentido del humor que ha llenado de “memes” las redes y nos han animado en los malos momentos. Seguiremos queriendo y respetando a los médicos, a las fuerzas de orden público, a los trabajadores de todo tipo, a los pobres, a los vagabundos, a los emigrantes  y aquellos que miramos desde arriba o desde la prepotencia.

De momento soy testigo de cómo los españoles somos una buena noticia para todo el mundo y para nosotros mismos.

 

 

LA METANOIA

1 f, 20

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 1 de Abril de 2020

 

La metanoia

  Por primera vez en mi vida comprendo perfectamente el significado de esta palabra.

 

        La humanidad ha sufrido un cambio extraordinario a lo largo de los meses que llevamos recorridos del año 2020. Un virus desconocido y letal ha invadido todas las naciones en forma de pandemia procedente de la lejana China. Comenzó como un problema lejano y un tanto exótico. Finalmente ha invadido, inundado y cambiado nuestras vidas.

 

Los mayores –estos componentes de la sociedad a los que yo denomino como miembros del segmento de plata- somos los más amenazados por el virus. La naturaleza es sabia. Nosotros tenemos que estar más preparados que los jóvenes para afrontar la enfermedad, el sufrimiento y, en su día, la muerte. Tenemos que cambiar.

 

La situación actual nos ha puesto a todos en nuestro sitio. De pronto ha aflorado lo mejor de cada uno de nosotros. La condición solidaria, la necesidad de amar y de ser amado, el respeto a los mayores, el cuidado de los enfermos y la ternura por los niños, se han instalado en todos nosotros y, por una vez, espero que definitiva, ha eclipsado la mala baba, la envidia y el egoísmo de los seres humanos.

 

La gente sonríe, canta, saluda a los demás, llama por teléfono a personas a las que hacía años que no se dirigía, las familias están más unidas, se comprenden mejor, las riñas desaparecen, conocemos a los vecinos y aparece la bondad inherente en cada uno de nosotros que permanecía escondida.

 

Nos acordamos mucho más de Dios. Personalmente, participo en la Eucaristía matinal del Papa, rezo el rosario de otra manera y olvido mi pasado de hipocondríaco militante. Para mí esto es una metanoia casi definitiva. Lo triste de esta situación es que se desarrolla dentro del dolor y la incertidumbre sobre un futuro incierto. Jesús nos dijo: “no tengáis miedo. Estaré con vosotros hasta el final de los tiempos”. En Él confiamos. Ánimo. Dios quiera que cuando pase esta pesadilla mantengamos el mismo espíritu.

 

 

LOS NIÑOS

29 f, 20

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net      Málaga 30 de marzo de 2020               

LOS NIÑOS

       Ellos son los que menos culpa tienen de esta situación y los que, en el futuro la van a recordar como una pesadilla.

 

      Por suerte, estoy rodeado de niños, mejor dicho, estaba rodeado de niños. Ahora los tengo cerca, pero de manera virtual. En el futuro nos vamos a tener que acostumbrar a lo virtual, con lo poco que gusta.

Los niños son nuestra proyección en la vida y nuestra esperanza de un futuro mejor que el que les hemos dejado a ellos. Los niños protagonizan la mejor noticia que se nos puede comunicar. Personalmente hoy tengo más presente y con más necesidad de acoger en mis brazos a mi último nieto, Quique. Un tiarrón de unos cuarenta días que come y engorda como si no hubiera un mañana.

En estos días no paran de producirse malas, pésimas noticias y buenas, excelentes y conmovedoras noticias. Los malos tiempos tienen eso. Sacan lo peor y lo mejor de cada uno de nosotros. Personalmente he tomado la firme decisión de hacer caso omiso de cuanta información, de todo tipo y de toda procedencia, que se ocupe de meter el dedo en la llaga. Tendremos tiempo para reprocharnos lo mal que lo podemos estar haciendo y asumir responsabilidades. Ahora tenemos que ceñirnos a lo que nos une.

Desde que inicié la redacción de las buenas noticias he optado por reseñar aquellas que no son titulares de ningún periódico. Ni de recoger hazañas extraordinarias y puntuales. Creo más en la heroicidad de estar al pie del cañón cada día que en la que se realiza en momentos concretos por una sola vez. Aunque sea de una dimensión colosal.

Mis buenas noticias de hoy hablan de niños, me las proporcionan dos familias muy diferentes. La primera pertenece a la Institución Hogar Abierto. Como supongo conocerán ellos se encargan de acoger niños desamparados en los domicilios de familias voluntarias que se ofrecen para ese servicio. A lo largo de esta semana tres niños malagueños se han quedado solos al tener que ingresarse en el hospital la cuidadora de los mismos, gravemente enferma por causa del corona-virus. Una familia, cuyo nombre desconozco, no ha dudado en hacerse cargo de estos tres niños y llevárselos a su hogar. De pronto… una familia numerosa.

Otra madre coraje, mi buena amiga Milagros, una abogada y funcionaria malagueña de gran talla, no ha dudado en acoger en su casa a uno de los niños africanos que la ONG Nunca más es menos se trae a Málaga para curarlos de las grandes dolencias que sufren allá en Costa del Marfil. Milagros le ha acompañado constantemente en el hospital durante su etapa de operación y ahora termina su recuperación en su propia casa. Milagros ha encontrado la felicidad en esta difícil etapa en la que vivimos, dando y dándose a los demás.

    HOGAR ABIERTO Y MILAGROS DE BENITO, entre otras muchas similares, protagonizan mis buenas noticias de hoy.

           

 

 

 

 

   

LA ENTREVISTA

25 f, 20

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 20 de marzo de 2020

LA ENTREVISTA

   Todos los periodistas soñamos con esa entrevista ideal. Esa que nunca podemos conseguir.

 

Personalmente he tenido suerte. He podido entrevistar a varias personas que me interesaban e interesaban a mis oyentes. Allá por el año 2.000, con motivo del año jubilar, estuve una buena temporada en Roma como voluntario, pero no pude acercarme a menos de cinco metros del Papa ni siquiera para estrecharle la mano.

Jordi Évole es, sin duda, el mejor periodista de nuestros tiempos. Podemos estar de acuerdo o no con sus ideas, pero todo lo que aborda lo convierte en noticia trascendente y nos da un ejemplo de bien hacer y periodismo vivo. En su serie anterior conectó con el Papa Francisco y consiguió de él una cercanía y un feeling extraordinarios.

El pasado domingo nos sorprendió con un episodio de su nuevo programa: “Lo de Évole”, dedicado al “coronavirus”. Entre otras entrevistas extraordinarias –nos sorprendió especialmente la de una camionera- culminó con un sorprendente encuentro por skype con el Papa Francisco.

El Obispo de Roma lo bordó. No se pueden decir más cosas en menos tiempo. No se puede predicar de una forma más sencilla y, al mismo tiempo más profunda. Habló de acoger, más que despedir; de descubrir a la gente que vive en la calle: “su esperanza es muy corta”; de cercanía, de disponibilidad; “los médicos y los enfermeros son los santos de la puerta de al lado”; “de esta vamos a salir mejores” y sus dudas de fe en el pasado. Las mismas que a veces tenemos tú y yo.

El Papa Francisco es el mejor ejemplo de un miembro del “segmento de plata”. Una mente lúcida y joven dentro de un cuerpo cansado y maltrecho por la edad. Ha estado grande el Espíritu con su elección. Cada mañana en su Eucaristía a las siete de la mañana, que podemos vivir por 13 TV, me siento tan cerca de él como si lo tuviera en mi casa. Gracias Francisco y gracias Évole, el papa te ha “calado”. Las oraciones de tu madre te ayudan a ser testimonio y defensa de los necesitados. Como lo haría el propio Jesús de Nazaret.

Si pueden recuperen la entrevista. Está en Internet.

 

   

                    

 

 

 

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net      Málaga 23 de marzo de 2020               

TAMBIÉN HAY BUENAS NOTICIAS

       Claro que sí, entre las nubes siempre sale un rayo de luz.

 

    Como cada semana me apresto a intentar transmitir a aquellos que me honran con la lectura de mis comentarios una buena noticia.

Los tiempos que corren no posibilitan acceder a demasiadas. Al no poder salir de casa, toda la información nos llega a través de los medios, que, como siempre, siguiendo las normas periodísticas, inciden más en lo negativo que en lo positivo. La tragedia vende más que la comedia. La lágrima vende más que la sonrisa.

No estoy en contra de la información. Lo que me parece exagerado e inconveniente es el exceso de opiniones y noticias no contrastadas  de fuentes poco fidedignas. Llega un momento que cerramos los ojos y los oídos a ese exceso de “novedades” con el peligro de no atender a lo estrictamente importante.

Vamos a la buena noticia de hoy. A nuestro alrededor circula un colectivo de personas a las que procuramos no mirar demasiado o ignoramos directamente. Son ese grupo de transeúntes, vagabundos, sin techo, homeless o clochards -según el país en que se encuentren- que vegetan en nuestra ciudad. Málaga es una especie de paraíso para ellos. El clima benigno, las playas, el poder vivir en la calle sin muchas dificultades, les hace arribar a nuestra costa y quedarse en ella. Por otra parte, los jóvenes inmigrantes sin papeles se quedan por aquí hasta encontrar la posibilidad de dirigirse hacia el resto de Europa.

En el barrio del perchel se encuentra  Calor y Café, un lugar donde pernoctar y mejorar sus condiciones vitales para estos hermanos nuestros. Caritas lo abrió en Málaga hace tres años y ahí sigue. Pero el día es muy largo y a sus usuarios los tienen que enviar a la calle de 9 de la mañana a 9 de la noche. Para ellos, normalmente, es la vuelta a su rutina y no hay ningún problema. Ahora si. Con la maldita pandemia de coronavirus no los dejan circular por la calle. Y hacen muy bien. Los malagueños que conocíamos el caso nos movilizamos llamando a muchas puertas para paliar esta situación.

La buena noticia de hoy es que este tema se ha arreglado. Con la colaboración de todos. El ayuntamiento, caritas, los trabajadores sociales de caritas y sobre todo, los personajes, los héroes anónimos. Esos voluntarios de la Caixa, ese José, propietario de un almacén del Viso que abre sus puertas un sábado por la tarde para suministrar ropa interior y otros productos textiles, la Obra Social de la Caixa que aporta los fondos, los hoteles Amaragua y Don Pablo que suministran toallas. Todo funciona como un reloj con una sola llamada entre las personas de buena voluntad. El albergue de Torremolinos está abierto y atendido.

Nos quejamos mucho de los bancos. Pero estoy convencido de que mucho de lo que realizan las ONGs no lo podrían hacer sin el soporte de las obras sociales de los mismos. Es justo que se lo agradezcamos. Sobre todo de aquellos que siguen manteniendo el espíritu de las viejas cajas de ahorros. En los tiempos difíciles están dando la talla. A los mayores nos han anticipado la pensión una semana los que la recibimos por CaixaBank. Los de la Obra Social de Unicaja me han llamado por si necesitábamos algo en el Biberódromo. Ole por ellos. Como decía un viejo amigo: Dios se lo pague a Dios.

Mi buena noticia de hoy es que juntos vamos a poder.

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 18 de marzo de 2020

LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS

   A lo largo de mi etapa periodística he escrito varias veces sobre los signos de los tiempos.

 

En el año 2011 escribía en mi buena noticia: “Desde hace mucho tiempo estoy atento a descubrir los signos de los tiempos. Estos son una serie de circunstancias que nos transmite, llamémosle “la providencia” (que cada uno le aplique sus creencias), para hacernos ver su parecer sobre lo que está sucediendo en el mundo. En el Evangelio de San Mateo se aborda este tema; también lo recoge en la encíclica “Pacem in Terris” (11. 04)  el Papa Juan XXIII, donde los define como una nueva forma de interpretación de las manifestaciones de Dios en las mediaciones humanas, particularmente en la historia. El Concilio Vaticano II abordó profundamente este tema recogido magistralmente en la “Gaudium et Spes”.

 

       El Papa Juan XXIII consideraba que “el mundo moderno había experimentado y seguía experimentando tales cambios que bien podría decirse que estaban en el umbral de una nueva era. Estas transformaciones trajeron consigo grandes ventajas tecnológicas y también grandes peligros, sobre todo la amenaza de la pérdida del sentido de lo espiritual, pues el progreso moral del hombre no había seguido el ritmo de su progreso material, muchas veces al margen de Dios”.

Yo, personalmente, estimo que la segunda parte del Siglo XX y lo que llevamos vivido del XXI son pródigos en mensajes claros y terminantes a la humanidad en los que se nos transmite la necesidad de radicalizarnos, volver a las raíces humanas en algunos aspectos. Estamos manipulando la naturaleza de una forma exagerada y ésta, nos está reivindicando su poder”.

Estimo que la situación actual es un “signo de los tiempos”, con todas las características que recogen las apreciaciones anteriores de los maestros de la Iglesia. El alejamiento del sentido espiritual de la vida. La prepotencia del hombre sobre su nacimiento, vida, muerte y destino final. El juego con la vida y la muerte. El desprecio a los que no tienen la suerte de vivir en nuestro “maravilloso” occidente.

Nos ha llegado el tiempo de la humildad. De descubrir la maravilla que es el ser humano per se. Una de las frases que me han hecho meditar más profundamente la escuché el otro día de boca de uno de los muchos que se asoman a las pantallas. “Este es un problema global que se resuelve con la aportación individual”.

    Los signos de los tiempos tienen también su faceta positiva. Nos han unido mucho más a las personas de buena voluntad, sin necesidad del contacto físico. La gente está leyendo, está pensando, se está sintiendo más solidaria. En una palabra: Está más cerca de Dios. Recibimos oraciones, encomiendas e imágenes que muchos tenían olvidadas.

   Otro signo: Los medios de comunicación nos permiten asistir y vivir la Eucaristía a diario. Hemos entendido mucho mejor la idea de que la Iglesia no es el templo. Es la vivencia común, de los cristianos aun en la distancia. El dibujo que les acompaño lo explica maravillosamente. “La Iglesia no se cierra”.

 

 

 

 

 

 

 

APRENDER A VIVIR

15 f, 20

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net      Málaga 16 de marzo de 2020               

APRENDER A VIVIR

    Aprender a vivir con las dificultades que ahora tenemos  es un camino difícil. Pero lo vamos a hacer.

     Pertenecemos a una generación que ha disfrutado de una vida muy cómoda. Siempre hacia delante. Siempre en mejores condiciones. Siempre con más medios. Hemos mejorado nuestra alimentación; nuestra enseñanza; nuestra vivienda; nuestro trabajo; nuestro entorno; nuestras posibilidades de viajar.

De pronto: pintan bastos. De la noche a la mañana una gripe exótica y lejana nos invade subrepticiamente y pone la humanidad patas arriba. ¿Qué está pasando? Estamos viviendo una mezcla de realidad y pánico colectivo. Nos llueven las recetas milagrosas y las previsiones apocalípticas.

El problema más gordo que tenemos los españoles -ese que no somos capaces de comprender- se materializa en dos circunstancias terribles: nos quedamos sin futbol y sin procesiones de Semana Santa. Mientras, la economía se hunde y los hospitales apenas dan abasto para atender a tantos enfermos que, en su mayoría, superan el maldito “coronavirus”.

Las familias se han disgregado. No podemos encontrarnos con nuestros hijos y nietos por el temor a transmitirnos la enfermedad. Hemos tenido que abandonar nuestro trabajo como voluntarios por miedo a ser receptores o transmisores del “bicho”. Las calles están vacías y los supermercados llenos… (Por cierto, yo estoy ejerciendo mi voluntariado por teléfono desde mi casa).

Algunos no se lo toman en serio. Empezando por los políticos (veo en la prensa de hoy a un ex preboste madrileño paseando por Marbella con su perro, vaya ejemplo). Otros de vacaciones con los niños en la playa. Otros mandando memeces (memes) a mansalva o asustándote con opiniones de todo tipo.

No hemos vivido jamás esta situación. Tenemos que aprender a vivir en situación de alarma y de crisis. Sin futbol y sin callejeo. Sin copas y sin aglomeraciones. Apretando los dientes y tirando para adelante.

Mi buena noticia de hoy me la proporcionan los adelantos en las comunicaciones. He vivido los tiempos de los telegramas y las conferencias a través de operadoras con ciudades o pueblos que se encuentran a menos de un cuarto de hora caminando. Hoy estamos totalmente intercomunicados. Puedo hablar (y al mismo tiempo verlos) con mis hijos o nietos por whatsapp o por skype, se encuentren en Málaga o a cientos de kilómetros.

De momento, en mi retiro casi monacal, estamos tres mayores en situación de riesgo por nuestra edad, aprendiendo a vivir como lo hicieron nuestros antecesores en etapas similares. Aislados pero con la gran ventaja de estar conectados por las redes. Tenemos que valorar el trabajo de tantos inventores que han facilitado esa posibilidad. Mi buena noticia de hoy es que estamos vivos, jodidos pero vivos. VAMOS A SALIR DE ESTA.

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

                                                                     Málaga 11 de marzo de 2020

EL SENTIDO DE LA VIDA

      Nos encontramos en el foco de la actualidad mundial, en medio de una pandemia que nos tiene asustados. 

 

     Me aprestaba a escribir hoy sobre el sentido de la vida. Estaba elucubrando sobre las declaraciones de alguno de los “influencers” que pululan por las redes sobre la “vida sin sentido”. Su forma de darle valor a la vida, se basaba en “el tener”, más que en “el ser”.

 

Mi padre me explicaba por donde andábamos en nuestro recorrido vital sobre un metro de madera, de los que se utilizan en las tiendas de tejidos. Veíamos la diferencia entre los 12 CMS. de mi edad, su casi medio metro y el espacio cercano a los 90 CMS. de mi abuela.

 

Cuando estoy a punto de recorrer las tres cuartas partes del metro de la vida, doy fe de que esta tiene un sentido desde el principio hasta el fin. Cada día tiene su afán, como recoge el Evangelio de San Mateo. La naturaleza es tan sabia que te permite, y te ayuda, a enfrentarte con las dificultades que te surgen en cada etapa de tu vida y superarlas con tu esfuerzo y la ayuda de Dios.

 

Nos encontramos con la situación más complicada a escala general de las que yo he podido vivir. Mi suegra, que ahora vive con nosotros, me comentaba, al ver la locura de las compras acaparadoras en los supermercados, que durante la guerra incivil, había dinero, pero no había alimentos. Hoy, gracias a Dios, hay dinero y alimentos; en unas familias más que en otras. Pero el instinto animal que todos tenemos, nos adocena y nos convierte en una especie de jauría humana. El miedo a la enfermedad es demasiado contagioso y se propaga de forma exponencial. Los medios, con un tratamiento, a mi entender exhaustivo, no ayudan a tranquilizar a la masa.

 

Estimo que el famoso coronavirus pasará. Como tantas pandemias o epidemias. China, el foco de la crisis, nos comunica que la enfermedad va remitiendo. En Europa, en España, las cifras actuales no son espectaculares. Pero se une al tema sanitario la situación política y económica en la que los próceres quieren ser más papistas que el Papa. Pienso que la mejor manera de pasar dignamente esta situación, es haciendo caso a los que saben de esto más que nosotros, poniéndolo todo de nuestra parte y dándole a la vida un sentido positivo en estos días en los que pintan bastos.

 

Personalmente soy un hipocondríaco persistente y un medroso de categoría. Pero ahí tiro de la fe y del sentido común. Me repito la frase siguiente hasta que la hago martillear en mi mente: “olvida el pasado, vive el presente y deja el futuro en las manos de Dios”. Nuestros antecesores las han pasado más canutas y con menos medios. Al mal tiempo buena cara y una sonrisa. Esta fórmula da sentido a la vida.

 

                                

 

 

LA PROVIDENCIA

8 f, 20

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         m.montescleries@telefonica.net      Málaga 9 de marzo de 2020               

LA PROVIDENCIA

    Esta es una de las bellas palabras castellanas que está cayendo en desuso.

Una de las acepciones que recogen los diccionarios sobre este término es la siguiente: “Cuidado que tiene Dios de la creación y de sus criaturas”.

          Para comprender esta explicación hay que ser mínimamente creyente. Con lo poquito que recordamos de nuestra instrucción catequética, entendemos que la providencia divina es la ayuda que Él nos presta para superar problemas y necesidades imperiosas.

Esta buena noticia de hoy me llega en uno de los lugares que me permiten el acercarme con cierta dignidad a los menos favorecidos. Dicho lugar funciona con los medios económicos y materiales justos. Normalmente nunca falta nada de lo imprescindible… pero tampoco sobra. Una pequeña cocinita, unos servicios limpios, unos sillones-cama aceptables y un ropero que se surte de las aportaciones de las personas de buena voluntad.

Las necesidades de los que viven en la calle son múltiples. De las dimensiones que depara el no tener nada. Con cierto pudor se acercan a los responsables y les preguntan si le pueden suministrar unos calcetines, una chaqueta de chándal, unas zapatillas o alguna ropa interior.

La persona que se los da me comentaba con estupor que no sabía de donde lo sacaba, pero que siempre encontraba con algo que pudiera cubrir la necesidad del acogido. Sentenciosamente me dijo: La providencia. Se sintió un poco cortada para decirme el apellido de la palabra mencionada. Entre los dos la completamos: La providencia divina.

Y no se trata de que Dios baje a la tierra para buscar unos calcetines. Es que te utiliza como instrumento, como el largo brazo que se extiende por el mundo. Ese brazo en forma de sanitario, de maestro, de cooperante o de voluntario de todo tipo, que hace presente y operante las manos de Jesús de Nazaret.

El que no se pierda el uso de la palabra providencia entre nosotros depende de que la pongamos en práctica con nuestro esfuerzo. Sí, ya se que están pensando mis lectores: “ya está aquí Manolo con sus homilías”. Que queréis que os diga. Uno habla –o escribe- de lo que conoce y domina un poco. Encontrar “buenas noticias” en un telediario es muy difícil. Encontrarla entre los que intentan vivir el Evangelio es más fácil.