El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

Málaga 23 de septiembre de 2020

 

¿SALUD O ECONOMÍA?

   Con motivo de la actual situación de pandemia los responsables de este país se encuentran ante una dicotomía.

 

   Acostumbro a despertarme con las noticias emitidas por las distintas cadenas de radio. Esta mañana he terminado totalmente deprimido. Se unen la economía, la salud, la política y la mala leche generalizada.

 

Lo último que he escuchado es que nos encontramos con las dificultades sanitarias de primeros de mayo pasado y la economía propia de los primeros años de la posguerra. Todo un panorama.

 

Como no tengo, ni puedo, hacer otra cosa, me he puesto a elucubrar sobre una posible solución al tema. Creo que si en la primera oleada nos fue bien el confinamiento total del país y conseguimos reducir el contagio en un par de meses, no nos vendría nada mal volver a la situación de marzo. La economía se resentirá un poco más, pero por lo menos salvaremos la salud. Lo que no se puede es seguir con la situación actual que nos lleva a un futuro bastante incierto. O carne o pescado.

 

Hemos demostrado suficientemente que no nos pueden dejar en completa libertad sin que se resienta la disciplina. En el momento en que se nos han soltado las riendas, hemos sobrepasado extraordinaria y peligrosamente los límites establecidos por las autoridades. Consecuencias: pasos atrás y vuelta a la hospitalización masiva y los fallecimientos por docenas. Especialmente de los que padecemos una situación de riesgo.

 

En mi familia hemos optado por el autoconfinamiento. Volveremos a caminar por los pasillos y a llamar a nuestros nietos a final del día para interesarnos por su salud. Volveremos a rezar por nuestros hijos y nietos que salen cada día a vivir la aventura de enfrentarse a la posibilidad de “pescar” el maldito bicho en cualquier momento. Ya han pasado por ese trance más de media docena de ellos.

 

Mi decisión ha sido presentada ante los habitantes de mi domicilio y aceptada por unanimidad. Nos volvemos a confinar totalmente. Esta vez sin aplausos, cancioncitas ni zarandajas. Está claro que no nos pueden dejar solos.

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries       

 Málaga 21 de septiembre de 2020

¿PANTERA O GATO?

El verano ha pasado por nuestras vidas como una brisa que ha aliviado nuestra cautividad.

        Hemos vuelto a la “nueva normalidad”. Esa situación tan anormal que nos condena a volver al ostracismo y relacionarnos lo menos posible con nuestras familias, nuestras amistades y nuestras actividades de todo tipo.

A lo largo del estío, el mar abierto nos ha engañado con una especie de libertad ficticia. La realidad ha vuelto a nuestras  vidas con toda su crudeza. Mascarillas, temores y encuentros con los nietos a distancia. Temor a recuperar los trabajos comunitarios y de ayuda los demás. Constante miedo al contagio propio y de los tuyos. Despiste generalizado entre los que nos rigen y deben cuidar. Todo un panorama.

¿Dónde está la buena noticia de hoy? Se encuentra en la esperanza depositada en los investigadores que se afanan en encontrar la bendita vacuna. La buena noticia de hoy está en la capacidad de sufrimiento que hemos demostrado los españolitos de a pie –salvo deshonrosas excepciones- durante los primeros seis meses de esta condena. Me temo que vamos a volver poco a poco al confinamiento y a aplaudir desde los balcones.

Yo he tomado mi propia decisión. Voy a tirar por la borda mis excesivos miedos al “bicho”. Haré mis programas de radio telefónicamente. Intentaré dar las clases a los “niños” con los que llevo varios años. Con mascarilla y pantalla por medio. Seguiré escribiendo cuanto pueda para mejorar mi salud mental y caminaré a diario un buen trecho para no anquilosar mis huesos desarmados. Quiero transmitiros ese ánimo a los que, como yo, estamos hartos y a punto de tirar la toalla.

    La pandemia puede ser como esa pantera-gato que se ha estado paseando por los campos de la Granada profunda. Para unos, el miedo les ha hecho jurar que se trataba de un felino salvaje. Para otros, la serenidad y el análisis, les han llevado a superar el temor y a solucionar el tema, como ha demostrado el fotógrafo Alfonso Azaustre con su trabajo.

      El Covid 19 es una temible pantera para algunos y un gatito ronroneante para otros. Ni una cosa ni la otra. Pero, ¡ojo!, un gato rabioso puede convertirse en un atacante peligroso. Ojalá podamos domesticarla.

 

 

Foto de Alfonso Azaustre

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries         

Málaga 16 de septiembre de 2020

 

LAS NUEVAS DEPENDENCIAS

   Los pertenecientes al segmento de plata no estamos acostumbrados a tanta dependencia.

 

   No, no me refiero a ese tipo de “dependencias” que condenan a las personas a un futuro terrible. Nada de sustancias “especiales” que dan alas artificiales o las quitan. Estoy pensando en las “nuevas necesidades” que se han incorporado a nuestras vidas en un corto espacio de tiempo y han cercenado nuestra libertad.

Hace muchos años me gustaba comentar a quien me quería escuchar. ¿Qué importa si lo que me impide volar sea una fuerte cadena o una sencilla cuerda de lino? Sí no la puedo cortar soy esclavo de la misma.

En la actualidad nuestras ataduras se basan en la necesidad imperiosa que sufrimos la mayoría de los mortales de estar continuamente conectados a la red o a las redes. Es impensable el andar por la vida sin un teléfono inalámbrico y sin un ordenador. Lo he comprobado en mis propias carnes. Les explico.

Cada verano me encuentro con el gran problema que surge de la necesidad de trasladar mi línea telefónica de mi segunda vivienda a la primera. Una vez más, este año, ha surgido el drama. Pese a que he solicitado el cambio con la debida antelación, los señores de la compañía telefónica, a la que pertenezco de toda la vida, me indican que hay problemas de conexión que procurarán resolver en ¿breve?

Se me ha venido el mundo encima. ¿Cómo voy a estar el tiempo que MoviStar decida, sin Internet ni televisión por cable? Gracias a Dios estoy jubilado y no tengo que trabajar oficialmente ni siquiera por medio de la red. Pero ante mí surge un ansia indescriptible ante la pérdida de uno de mis sentidos: el sentido de la comunicación.

No hace ni treinta años me conformaba con un teléfono fijo, un contestador automático y un fax. Con estos medios llevaba adelante mis obligaciones profesionales y lúdicas. Vivía tan requetefeliz. En mí, en la actualidad, han nacido nuevas necesidades.

Supongo que para una persona joven la perdida de un móvil en el bolsillo y un ordenador en el dormitorio, significan un auténtico drama o una tortura malaya. Y, desgraciadamente, para los mayores… casi también.

El progreso es maravilloso, pero tenemos que cuidar de que no nos provoque dependencias. Recuerdo que cuando era un adolescente nos asustaban con el temor al comunismo. Entre tanto nos largaron el consumismo y así nos han dejado. Sin un ordenador o un teléfono móvil de última generación no somos nada. No podemos comprar, ni podemos conocer la vida de los demás, visitar al médico, ni ver a nuestra gente. No podemos vivir.

Me voy a hacer a la idea de que me he exiliado a lo alto de un monte de la Axarquía. Que bien voy a estar. Pero se me plantea una duda. ¿Habrá cobertura telefónica? No tenemos arreglo. Maroma o cadena, que más da.

 

 

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         Málaga 14 de septiembre de 2020

LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA

         Esta mañana he estado repasando viejas fotos. Me he encontrado con las de mi etapa universitaria.

         Corremos tiempos en los que se sigue manipulando la jerarquía de valores. Se rinde culto al dinero fácil, al prestigio adquirido con la mentira y la deslealtad y al poder derivado de la aplicación de la mala leche de una forma indiscriminada.

Los informativos se surten del espionaje, el “más tú” y las agresiones y vejaciones diarias en el entorno familiar o laboral. Son muy pocos, pero suenan mucho, Mientras tanto siguen trabajando en silencio jóvenes y mayores en la búsqueda de un mundo mejor para las generaciones venideras.

En medio de esta dichosa pandemia, en la que muchos se están enriqueciendo, otros imponiendo su ideología política y la mayoría defendiéndonos como gatos panza arriba ante el temor a caer víctimas de la contaminación derivada de esos “privilegiados” que siguen celebrando fiestas privadas en las que corre el alcohol, otras sustancias y los virus sueltos entre tanto indeseable; en medio de este monumental lío, han comenzado las clases y los investigadores siguen estudiando el maldito bicho para cargárselo.

Aquí surge mi buena noticia de hoy, un grupo de esforzados investigadores y voluntarios, se aprestan cada día a la búsqueda de esa vacuna que nos libere de esta situación. Gente que no se considera VIPS, que perciben sueldos mileuristas y realizan jornadas interminables. Lo mismo que esos profesores de universidad que no reciben la remuneración ni el agradecimiento que se merecen. Que pacientemente se tiran años soñando con un puesto fijo acorde con sus merecimientos.

Al mismo tiempo, jóvenes extraordinariamente preparados, con una inteligencia impresionante, se matriculan en carreras que les conducen a unos oscuros puestos en la enseñanza o en la investigación. Nos encontramos con notas de corte muy altas para las carreras sanitarias y para ¡las matemáticas! Tengo un nieto que se ha matriculado en esta última disciplina con casi un 12 de nota.

La buena noticia de hoy la presentan esos miles de alumnos que se van a embarcar en la aventura de dedicar un mínimo de seis años de su juventud, a prepararse para formar parte de una generación más culta y más solidaria que la que les hemos dejado nosotros. También son buena noticia los docentes. Desde los que atienden a guarderías, hasta los directores de tesis. Gentes mal pagadas pero felices de poder vivir su vocación.

Todos ellos me han venido a la memoria al ver unas fotos que me han trasladado a aquellos maravillosos años en la Universidad.

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

Málaga 9 de septiembre de 2020

 

SEIS MESES Y UN DÍA

        Esta es la condena a la que se nos ha sometido hasta el día de hoy por la maldita pandemia.

 

        Nadie se podía imaginar el pasado día ocho de marzo que, a fecha de hoy, íbamos a seguir estando casi en la misma situación de sufrimiento que al principio. Han pasado días de confinamiento total, de aplausos en los balcones, de esperanzas frustradas, de acopio de papel higiénico y de toda suerte de alimentos, de experimentación culinaria, de recopilación de memorias, de recuperación de amigos perdidos en el tiempo… Etc.

 

Todos esperábamos el otoño con ilusión. Nuestro gozo en un pozo. Estamos casi igual que al principio. Con un poco más de libertad y el mismo miedo, lo que nos imposibilita disfrutarla. Seguimos recordando con nostalgia aquellos días en que podíamos reunirnos con nuestras familias, abrazar a nuestros nietos, trabajar en nuestros voluntariados o sentarnos a jugar tranquilamente una partida de dominó con los amigos.

 

Nos aprestamos a cumplir esta ampliación de condena que nuestros regentes y la inconsciencia de muchos nos ha deparado. Volveremos a vivir de los recuerdos, porque no podemos disfrutar del presente y mucho menos soñar con un futuro mejor. Volveremos a tirar de la memoria para recopilar vivencias que, a lo peor, solo te interesan a ti.

A lo largo de estos 180 días he publicado 166 capítulos de mis recuerdos. Unas 500 páginas. Casi un folletín de principios del siglo XX. La nostalgia y la paciencia se van agotando. Volveremos a la video conferencia y a hacer pan en el horno. A cantar manidas canciones con coros lejanos y a rezar cada día porque no caigan, o vuelvan a caer, en las redes del Covid 19 ninguno de los tuyos.

 

Los mayores, dada nuestra condición de personas de riesgo, seguiremos encerrados. Mientras, nuestros hijos y nietos se enfrentarán cada día a la enfermedad latente en las escuelas, los medios de transporte, los lugares de trabajo y la añorada calle.

 

Como no tengo perro que pasear, me pondré el chándal cada mañana y caminaré por senderos deshabitados. Tenemos que evitar en lo posible el contagio. ¡Menudo resto del año que se nos presenta! Seguiremos recurriendo al agua y al ajo. ¡A ver si por Navidades…!

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         Málaga 7 de septiembre de 2020

LOS OTROS MESSIS

Durante unos cuantos días el mundo se ha parado. Todos estaban pendientes de la decisión de Lionel Messi

   Por fin la humanidad ha visto la luz. El jugador maravilloso y bajito del Barcelona, se ha vuelto atrás de su decisión de marcharse con viento fresco a otro equipo y otras latitudes, donde no le hicieran  “la vida tan imposible” como se la estaban haciendo en la ciudad Condal.

Los “futboleros” estaban aterrorizados. Se habían olvidado por un tiempo del corona virus, de la situación laboral y de la ruina general que tenemos encima. ¿Cómo íbamos a poder vivir sin los regates de “San Lionel Messi” corriendo por nuestros campos? ¿De qué iba a hablar –y vivir- la pléyade de comentaristas deportivos que invaden nuestros medios a todas las horas del día y de la noche?

El padre y el hijo “Messis” se han caído del caballo en su camino hacia la “rubia Albión”, en busca de nuevos horizontes y de otro montón de euros que les siga permitiendo pagar el colegio de los niños y el jet privado. El “espíritu futbolístico”, con forma de águila carroñera, les ha inspirado en la vuelta a otra “nueva normalidad” futbolística. Esta vez sin Suárez al lado.

Estas noticias de primera plana han ocultado la que yo considero mi buena noticia de hoy. Para comprenderla hay que haber estado muy atentos al desarrollo del concurso vespertino de Antena Tres con el título de Pasapalabra. En esta etapa, en la que dicho programa ha vuelto a esta cadena, ha brillado con luz propia, desde su comienzo, un joven concursante: Nacho Mangut, un ingeniero mecánico de Badajoz que actualmente desempeña el puesto de profesor en la Universidad Rey Juan Carlos. Toca el piano y ha pertenecido a una banda de rock. Ha permanecido durante 79 días defendiendo su puesto en la búsqueda de las definiciones del rosco, casi todos ellos ante Pablo Díaz, un tinerfeño, también veinteañero, extraordinariamente preparado. Pablo está realizando actualmente un master de violín en Ámsterdam. Su camino va por la música.

Estos dos jóvenes no suenan tanto como Messi. Quizás no pasen a la historia. Ni se hagan ricos con sus conocimientos. Pero a mí me han reconciliado con una humanidad que se preocupa menos del tener que del ser. Que se forma y prepara cada día para transmitir cultura de la buena y la esperanza de un mundo mejor. El premio que se ha llevado Nacho ha ascendido a apenas 50.000 euros. Lo que gana Messi en un minuto, Sainz en un acelerón o Nadal con un raquetazo.

La buena noticia de hoy se completa con el perfil del concursante que ha venido a sustituir a Nacho. Se trata de Jaime Gómez, un joven estudiante vallisoletano de ingeniería aeroespacial y aspirante a astronauta. Se aproximan jornadas del concurso muy interesantes.

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

Málaga 2 de septiembre de 2020

 

EL SEGUNDO TIEMPO

        Nuestra vida es como un partido de fútbol. Los segundos tiempos se nos hacen largos y difíciles.

       

         Estamos celebrando un partido en el que se ponen en juego la salud, la economía y el bienestar de nuestras familias. Es un encuentro al que nunca hubiésemos deseado asistir, pero al que se nos ha convocado en contra de nuestros deseos.

 

Se trata de la confrontación con el maldito virus que nos ha arrinconado contra las cuerdas y desarmado todo el conjunto de técnica, táctica y habilidades naturales, con las que estábamos conviviendo más o menos bien desde siempre.

 

El primer tiempo ha sido largo y disputado. No sabíamos cómo jugarle a un enemigo que se infiltraba subrepticiamente y nos mandaba a la caseta (al hospital) o nos quitaba de en medio para siempre. Los directivos y entrenadores estaban totalmente desorientados. Cambiaban de táctica a cada momento, pero no tenían ni puñetera idea de cómo atajar lo que se nos estaba viniendo encima. Optaron por una táctica conservadora basada en una aguerrida defensiva y tratamiento de los damnificados para recuperarlos para otros encuentros. Los mayores pagaron los platos rotos. Sus cuerpos maltrechos no aguantaban el tirón. A las primeras de cambio caían lesionados de gravedad y muchos de ellos morían. Los espectadores-actores aplaudían desde los balcones y ondeaban banderas con cánticos a propósito. Tres meses de cordura.

 

Llegamos al descanso con alivio. Habían sido unas etapas terribles, llenas de sufrimientos y de bajas. Las fuerzas se fueron equiparando. Eso dio alas a los más jóvenes, los más inconscientes y los menos expertos. En vez de prepararse para el segundo tiempo, hacer caso a los facultativos para preparar la segunda parte, se dedicaron a vivir alegremente la vida, apiñándose en fiestas y botellones. Pasó lo que tenía que pasar.

 

La gente volvió del descanso (vacaciones) y se aprestó a jugar el segundo tiempo. El contraataque del virus les cogió de improviso. Cuando se creían que se lo habían cargado, resurgió con más virulencia si cabe. Las cifras se volvieron a disparar. Ahora también caían lesionados los jóvenes. Presentamos las peores cifras de Europa.

 

El segundo tiempo va a ser largo. Quizás precisemos de una prorroga hasta que definitivamente se ponga en marcha la vacunación masiva de la población. Todo depende de la eficacia y prontitud de los laboratorios que están trabajando febrilmente en su logro.

 

¿Qué nos queda que hacer? Seguir jugando en nuestro campo. A la defensiva. Obedeciendo las recomendaciones sanitarias. Dejando las fiestas y las celebraciones hasta una mejor ocasión. Adaptándonos a la “Nueva Normalidad” que se va a quedar con nosotros bastante tiempo. Y mucha “agua” y “ajo”. Los mayores, como siempre, intentaremos dar ejemplo de cordura y serenidad. Menos aplausos y más disciplina. Creo que somos capaces. Cuando nos lo proponemos somos buena gente.

 

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         Málaga 31 de agosto de 2020

A VECES CUESTA TRABAJO

     A veces me cuesta mucho trabajo poder entresacar una buena noticia en este añito.

Si me circunscribo al pasado sábado la tarea se convierte en imposible. Una tras otra nos fueron llegando noticias aterradoras sobre la situación mundial, nacional y, especialmente, andaluza. Me ceñiré a estas.

Comenzó el día con las desgarradoras imágenes del incendio en Almonaster, en la provincia de Huelva, que estaban tomando unas dimensiones desmesuradas. Después la noticia del incendio de Estepona que, por si le faltaba algo a la industria turística, arrasó un centro comercial y varios chiringuitos. Más tarde, otro fuerte incendio en el valle del Jerte y, para colmo otro fuego de menores dimensiones en Moclinejo, en el arroyo Granadillas, a un par de kilómetros de mi domicilio. Casi todos ellos están controlados, pero dejan por detrás una imagen de desconsuelo de aquellos que han perdido todo lo que habían conseguido tener a lo largo de sus vidas. En otra parte de España tormentas de verano, granizo, nieve y alguna que otra manga de agua. Lo mejor de todo es que no han sucedido desgracias personales.

Los bichos se siguen cebando también con nosotros. Empezó con el “coronavirus” que llegó para quedarse más tiempo del que esperábamos y ahora, el virus del Nilo Occidental, que nos llega a los humedales a través de un mosquito. No se trata del “tigre”, que también hace la puñeta. Es otro más exótico y que mata.

Ver un telediario con la lista de los contagiados y fallecidos, es como escuchar la lista de los premiados en la lotería nacional, pero en negativo. El virus está muy repartido, pero, al igual que la lotería, tiene más incidencia en las grandes poblaciones. Aunque a algunos pueblos o residencias de ancianos les toca el “gordo”. Por desgracia, los mayores tenemos más papeletas.

Se dirán mis lectores: ¿Dónde está la buena noticia de hoy?  Pues se encuentra en que la vida sigue su curso gracias a Dios. Acabo de recibir las fotos de una pareja que se ha casado en el jardín de su casa, con la asistencia de sus padres, su abuela, su perro y el celebrante. Nadie más. Están la mar de felices. Otra buena noticia es que mi nieto Pablo ha hecho la primera comunión ayer en su Parroquia, rodeado –pero a la distancia de seguridad- por su familia. No habrá ágape, pero hay felicidad.

La buena noticia de hoy es que la mayoría silenciosa, esa con la que hacemos fuerte un país, se ha adaptado a la puñetera “nueva normalidad” y andamos por la vida enmascarados y con las manos lavadas y desinfectadas. La buena noticia de hoy se basa en que la vida sigue y vamos a salir de esta.

     Mis mejores deseos para los que están inmersos en los incendios y las tormentas de verano. Todo pasará y lo recordaremos como una pesadilla. Por lo menos… eso espero.

 

“ER MARDITO BICHO DER NILO”

¿RESISTIRÉ?

19 f, 20

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries          m.montescleries@telefonica.net 

Málaga 20 de agosto de 2020

 

¿RESISTIRÉ?

   Como esto no cambie me veo escuchando esta canción por los balcones.

 

              No sé cuantas versiones pudimos escuchar, de forma machacona, de esta olvidada melodía del Dúo Dinámico, durante los días de confinamiento con motivo de la pandemia.

 

En su momento, se trataba de una declaración de intenciones: pero del dicho al hecho… hay mucho trecho. Pronto se han olvidado los buenos propósitos y el seguimiento escrupuloso de las, a veces contradictorias, recomendaciones de los expertos. Suponiendo que sea verdad que alguna vez los hubo.

 

Nos encontramos en una situación de rebote de la pandemia. Pero para colmo, el personal se lo toma ahora a cachondeo. Me dicen los médicos cuál es el motivo: que los que padecen actualmente el Covid 19 son más jóvenes y que la mayoría lo pasan como si fuera un resfriado común. Lo malo es que, mientras se detecta que dan positivo, contagian a todos cuantos se han relacionado con ellos.

 

Ahí viene el problema. Los que se encuentran en situación de riesgo se infectan de aquellos, pero con peores consecuencias. En primer lugar, nosotros, los mayores que pertenecemos al “segmento de plata”. Una plata que se está poniendo negra. Cada día vuelven a morir un par de docenas.

 

Espero que no llegue a suceder, pero me temo que vamos a volver al confinamiento y a los aplausos por los balcones cantando el resistiré. Entonces me acordaré de todos esos insensatos que se burlan de las precauciones y las mascarillas; de los Vips que envenenan las poblaciones costeras con fiestas y saraos en las discotecas de lujo y chiringuitos; de los grupos de vecinos que veo cada día en la playa, bajo ocho o diez sombrillas, besándose y abrazándose, comiendo de los mismos platos y dejando mascarillas, que apenas han usado, tiradas en la arena.

 

Me acordaré también de todos aquellos que llevan las mascarillas en el codo o en la garganta. Que no se tapan la nariz porque dicen que tapándose la boca ya es suficiente. Recordaré a las madres de los niñacos que no pueden vivir sin botellón.

 

Entretanto, mis hijos, sanitarios o docentes, se siguen jugando la vida cada día en los hospitales y, a partir de septiembre, en las aulas. Los mayores tenemos miedo, mejor dicho, pánico ante esta situación. Los telediarios y las actuaciones políticas hacen poco por animarnos. Vemos un desbarajuste total y envidiamos a esos países, como Portugal, o Italia más pobres o más ricos, pero también más disciplinados.

 

Terminaré proclamando: volveré a cantar “Resistiré” cuando sea necesario, pero me acordaré entonces de las madres de los descerebrados manifestantes anti-mascarilla, de los que celebran bodas, fiestas y espectáculos masivos, y las de los insensatos treintañeros que se toman las recomendaciones como el pito del sereno. Les recordaré… so cabritos.

 

 

PERO LES

RECORDARÉ

 

KOLBE

16 f, 20

 

LA BUENA NOTICIA de Manuel Montes Cleries         Málaga 17 de agosto de 2020

  KOLBE

  La historia de un hombre ejemplar que dio su vida por los demás

     Dicen los teóricos de la comunicación que una noticia de ayer ya es antigua. Llevan razón, pero hay excepciones; conviene recordar la vida del franciscano Maximilian Kolbe (1894-1941). Un polaco que dedicó su vida al servicio de los demás y que murió en Auschwitz victima de la represión nazi. Estos días pasados se ha celebrado su festividad.

La vida y, sobre todo, la muerte de este ejemplar fraile, no fueron muy conocidas hasta el 10 de octubre de 1982. Ese día, el Papa Juan Pablo II lo canonizó y declaró “mártir por la caridad”. A lo largo de su vida acumuló méritos suficientes para ser considerado ejemplar, pero estimamos como el hecho más memorable de su vida, su confinamiento en la “celda de la muerte”, privado de todo alimento, junto a nueve compañeros con los que compartió el castigo.

Todo comenzó con su encarcelamiento junto a otros cuatro hermanos de la orden franciscana en febrero de 1941. Clausuraron el convento y les enviaron a Auschwitz como tantos otros polacos. Allí siguió ejerciendo su ministerio pese a padecer una tuberculosis que llevaba sufriendo desde muchos años antes.

El suceso que señala esta “buena noticia” se produce cuando se escapa un preso de aquel campo de concentración. El director de la misma, decreta la muerte por inanición de diez presos elegidos por él. Uno de los mismos suplica ser liberado del tormento. Se trataba del sargento polaco Gajowniczek, que aduce que, tras la muerte de su esposa, sus hijos se iban a encontrar solos en la vida. Kolbe, .que oyó esta conversación, se presentó como voluntario para sustituirle. Adujo su porqué: “No tengo a nadie. Soy un sacerdote católico”.

Estuvo en la celda junto a sus compañeros durante quince días sin pan ni agua. Al fallecer todos menos Kolbe, a este le inyectaron una dosis de fenol que acabó con su vida.

Durante muchos años he narrado esta historia a quien me ha querido escuchar. Procuro resaltar el día en que es proclamado Santo por Juan Pablo II –posteriormente también canonizado-. Aquel día en la Plaza de San Pedro se encontraban tres grupos: los turistas habituales que no sabían de que, ni de quién, se trataba; los supervivientes del campo de Auschwitz que habían compartido prisión con él y que valoraban como dio su vida por uno de sus compañeros; y el tercero, que estaba formado por una sola persona, el sargento Gajowniczek. Él, mejor que nadie, podía valorar la santidad del padre Kolbe. Pensaba que todo lo había hecho por su persona.

Supongo que a muchos de ustedes les parecerá una noticia antigua e intrascendente. Para mí, y para muchos de mis amigos, este relato significó un ejemplo extraordinario. Una buena noticia que te invita a hacer algo por los demás, aunque sea por una sola persona. Esta actitud nos permitirá sentirnos más humanos y más divinos.