“Bienmesabe”

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LA BUENA NOTICIA DE MANOLO MONTES 30 de julio de 2007

BIEN ME SABE    

          Hasta el pasado martes, estaba convencido de que cuando  se habla gastronómicamente de “Bienmesabe”, se está aludiendo al delicioso postre que elaboran en la Ciudad de Antequera. Pero el acervo popular recoge diversos platos preparados con el mismo nombre. Sin ir más lejos, me ofrecieron una muestra del mismo en San Fernando, el cual acepté gustosamente especialmente tratándose de quien me lo ofrecía. Se trataba de las Carmelitas de San Fernando, unas monjas de clausura a las que me he referido en anteriores ocasiones, y que una vez más nos bendijeron con su conversación a mi amigo Andrés y a mí. En cada visita, nos agasajan con un refresco de limón que nos sabe a Gloria, aderezado con algunas cosas para picar. Cuando nos hablaron del bienmesabe, en mi mente apareció el dulce postre que identifico con dicho nombre. Pero, ni mucho menos, se trataba de dos hermosas ruedas de pescado en adobo que hicieron se me saltaran las lagrimas.            Mis entrañables hermanas de San Fernando me hacen reconciliarme con esa Iglesia a la que están abandonando los que se apuntaron “porque sí”, y que hacen aparecer estadísticas en las que se manifiesta que es una de las instituciones peor considerada en la “católica España”. Esa Iglesia que da frutos de amor y solidaridad como el que están derrochando esas dos chiquillas veinteañeras que están dando lo mejor de sus vacaciones a los niños del altiplano argentino. No se si les están ayudando mucho, pero los están enseñando a sonreír. Decía el Abad Pierre: “Una sonrisa es más barata que la luz eléctrica, pero ilumina lo mismo”.         Mi BUENA NOTICIA de hoy, esta basada en esas rodajas de bienmesabe en forma de cazón adobado, o de sonrisas de niños argentinos. Cada vez descubro con más claridad que la felicidad está llena de cosas pequeñas. He descubierto una cita de ¡Gary Cooper!, que no tiene desperdicio. “Una persona feliz es aquella que durante el día, por su trabajo, y a la noche,  por su cansancio, no tiene tiempo de pensar en sus cosas”.

         Por eso, las monjas de San Fernando, y Carmen Montes, mi hija menor, están disfrutando de la paz y la felicidad. Cada día reparten “Bienmesabes” a cuantos les rodean. Y les importan tres narices las estadísticas. Y a mi tampoco. Os dejo unas imágenes, que valen más que mil palabras.

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FUE BONITO MIENTRAS DURÓ       Esta frase tan cursi, uno de las tópicos más utilizados por los enamorados como excusa para romper sus relaciones en los culebrones de la tele, se me ha venido a la memoria ante el futuro, bastante oscuro, que se nos presenta en la emisora Onda 8 a cuantos hemos colaborado con ella.       Mi romance con sus micrófonos nació de un flechazo. Un amigo me invitó a acompañarle a su tertulia un miércoles hace ya demasiados años. No he vuelto a faltar a sus tertulias. Cuando no he podido acudir en persona, he intervenido por teléfono desde los sitios más dispares: Barcelona, Madrid, Israel… hasta transmití en directo un accidente callejero personal  y sus consecuencias. Por primera vez en una radio, perdonen la presunción, transmití desde una camilla la evacuación y el posterior “follón” hospitalario. Fue tan fulgurante el enamoramiento de la radio, que me motivo para graduarme en Comunicación Audiovisual e integrarme definitivamente en los medios. En una palabra, Onda 8 ha dado un golpe de timón en mi vida.       Pero todo esto tiene un porqué. A mi me gusta la comunicación, y me encontré con un espacio en el que dialogar. Desde mi realidad de padre de familia, hombre de calle, cristiano peleón y ávido de encuentro con los demás, he llegado a intimar con personas de todas las ideologías, de todos los partidos, de todas las filias y fobias. Siempre nos hemos entendido. Creo que no he discutido jamás. He escuchado y me han oído. Desde el acuerdo o la discrepancia. Decía hace días en otro foro que esta emisora me sorprendió por sus pequeños-grandes detalles, p.e., seguían rezando el Ángelus cada día. Un acuerdo de sus rectores con la Virgen de los Remedios, a la que, por cierto, he visitado en pocos años más que en toda mi vida. Otra, en Onda 8 hemos vivido los Viernes Santos de una forma especial. Una tercera, mis buenas noticias me han servido para pensar y hacer pensar a la gente.      LA BUENA NOTICIA de hoy, es que ONDA 8 no morirá jamás, estará en Internet o en otra frecuencia, pero sobre todo estará siempre en la voz y en el Espíritu de los hombres de Buena Voluntad que intentaremos encontrar la luz a través del dialogo y la buena leche. Dice el nuevo Testamento: “La verdad no será encadenada”. PABLO VI, añade: “Hoy en día se exige un gran valor para servir a la verdad”. Y JOSÉ MARTÍ sentenciaba “La libertad cuesta muy y es necesario o resignarse a vivir sin ella o decidirse a pagar su precio”.  Para muchos de nosotros esta situación no es nueva.Ya estamos acostumbrados, nos hemos tenido que marchar de otros sitios anteriormente. Pero seguiremos en la brecha.

      Uno de los primeros eslóganes que emitían aquellos programas radiofónicos de los sesenta, proclamaba utilizando un dudoso sentido de la rima: “No lleve su niño en brazos, habiendo coches a plazos”, e inmediatamente recomendaba una casa comercial que ponía al servicio de los clientes la compra de un cochecito de niño en cómodos plazos mensuales.       Cuando nació mi primer nieto, (actualmente ya he “juntado” ocho y medio),  me dirigí a un Bazar para comprar un cochecito para el neonato. – ¿Qué tipo de coche quiere Vd.?-, -el mejor que tenga- contesté yo con acento entre ofendido y petulante. Cuando me dijo el precio, calculé inmediatamente que su importe era superior al del primer 600 que  compré a mis veinte años. Aguanté estoico el tipo, y haciendo de tripas corazón, aflojé el dineral, por una vez y sin que sirviera de precedente.         Toda esta historia se me pasó por la mente cuando recibí la pasada semana una llamada de una monja de la Palmilla. -Me hacen falta diez cochecitos de niño-me dijo a bocajarro. De entrada le contesté: -cuenta con ellos-… No se de donde los voy a sacar. Pero seguro que los conseguimos. Las cosas de la vida, mientras los políticos se suben los sueldos, los constructores e inmobiliarios hacen regalos de alta cuantía a quien no los necesita, en la Palmilla diez madres transportan sus niños en brazos porque no tienen para cochecitos infantiles… ni a plazos.         LA BUENA NOTICIA DE HOY es que todavía funciona el correo de la buena leche. Yo lo envio a través en este periódico, lo proclamo en una emisora de radio, y lo transmito boca a boca. La cosa funciona. Sin ir más lejos, el pasado viernes, en medio de una corrida de toros en el Rincón, alguien me dijo:-¿es verdad que necesitas cochecitos?-, ante mi respuesta afirmativa, sentenció: -el lunes te llevo uno-.         Mi buen amigo y maestro Pepe García en una de sus columnas nos pone en guardia acerca de algunas ONGs que se han convertido en el timo de la estampita (versión ayuda al necesitado). Yo sigo creyendo en la gente, sobre todo en mi gente, por eso me he metido en la aventura de participar en la creación de una ONG. Y es que pienso que tenemos que hacer el favor a nuestros amigos  de que compartan de lo que les sobra,  y si tienen narices, de lo que les falta. Decía el Dr. Albert Schwitzer,  premio Nóbel de la Paz: “No sé cuál será mi destino, pero se una cosa; los únicos verdaderamente felices serán los que hayan buscado y hallado el modo de servir a los demás”. Por eso, no tengo recato en pedir para los que lo necesitan.        Porque  lo que está claro, es  que nosotros nos podemos quitar de una copa o de cualquier otra cosa y “estirarnos” un poco. O rebuscar en el trastero ese coche de niño de mediano uso. Y entre todos, podremos lograr que diez mujeres de nuestro entorno puedan transportar a unos niños que posiblemente no tengan tanta suerte como los nuestros. Que no lleven su niño en brazos mientras haya monjas de la Palmilla que se preocupen de que tengan un cochecito. Las manos de Dios de nuevo en marcha. Todos podemos ser las Man

LA BUENA NOTICIA DE MANOLO MONTES9 de julio de 2007                                                                                                                                  m.montescleries@telefonica.net El pasado sábado a eso de la una de la tarde, observé lo que en principio me pareció una concentración de moteros. Posteriormente, descubrí con sorpresa que se trataba de una boda. A las puertas del Ayuntamiento de Málaga, con una temperatura que hacía pedir auxilio a las palmeras del parque, una pareja de recién casados, adecuadamente pertrechados de los indumentos propios de la ceremonia, cabalgaban a lomos de una moto de esas que parece que llevan en la chepa del conductor a la persona que hace de paquete, la cual, dada la diferencia de altura entre los asientos, parece que está sentada en la fila posterior de una grada futbolística. Para rematar la faena, la conductora ¡era la novia! y el novio… de paquete. Ni corta ni perezosa, la flamante esposa,  habíase remangado el vestido largo de fina seda salvaje, de color blanco roto, a la altura conveniente. El novio iba con su traje de ceremonia sentado como si fuera en el pescante de un coche de caballos. Tras ellos, un par de docenas de motos de gran cilindrada, trasladaban al resto de los invitados ataviados “de grana y oro”. Todos, novia incluida, pertrechados de sus correspondientes cascos. Cásese, pero seguro. Como era natural, se hacían notar con la repetida utilización de sus cláxones… “De durse”.        Por la tarde, a las seis, con la fresquita, me reunía con cincuenta y cuatro parejas que están realizando los cursillos de Iniciación a la vida familiar y el matrimonio, con el laudable fin de intentarles transmitir el Espíritu Cristiano que nos ha permitido a la Señá Ani y a mí convivir durante treinta y siete años sin habernos denunciado, arrojado los trastos a la cabeza, o tirar por la calle de en medio  con una separación rápida o lenta. Hemos tenido  tiempo para todo.        MI BUENA NOTICIA DE HOY, es que me encontré con argumentos para descubrirles las bondades del matrimonio si se intentan seguir los preceptos evangélicos del Sacramento del Matrimonio y los humanos (casi divinos), de aceptar las deficiencias del otro. En una palabra el AMAR con mayúsculas y sin esperar nada a cambio. Decía G.W. Leibniz:”Amar es encontrar EN LA FELICIDAD DEL OTRO la propia felicidad”.         De ninguna manera quiero con estos dos hechos establecer una comparación, decía François de la Rochefoucald que: “No hay mas que una clase de amor, pero hay mil copias diferentes”. Seguro que la pareja sobre ruedas se quieren un montón y van a vivir una vida muy feliz y llena de amor. Donde intuyo el problema es cuando surjan las “averías”. Mi experiencia es que si se va a los talleres “Evangelio de Jesús” las dificultades se enfocan de otra manera y… se resuelven.            Esto es lo que intenté transmitir el sábado a unas sudorosas cincuenta y cuatro parejas de novios. Cuando les puse los deberes, a saber, pararse y pensar en lo que les había dicho, no me mandaron a esparragar. Empezaron a sonreír y premiaron mi voluntad con una ovación. Se habían dado cuenta que no les había engañado. Termino con un refrán judío que me encanta. Para que cuaje el matrimonio hay que “quererse poco, pero mucho tiempo”. Me gusta porque a lo mejor es que nosotros somos así…                       Se habla mucho de Dios, pero en serio… en muy pocas momentos. .. Si los oyentes se pararon y pensaron, estoy seguro que aprovecharon la ocasión.

 HE VENIDO A SERVIR          El sábado estuve en unas Bodas de Oro. Creo que he asistido a muy pocas. Posiblemente, no lleguen a la media docena. En los tiempos que vivimos, la fidelidad a las personas o a las ideas no es considerada un valor vital. El cambio de chaqueta, de ideas o de pareja en nuestras vidas, está a la orden del día. Nos movemos con facilidad en el campo de los derechos antes que en el de los valores. Como consecuencia el egoísmo prima sobre el servicio. Por eso, encontrar alguien que dedica cincuenta años de su vida a servir a algo o a alguien es muy difícil.          Las bodas de oro a las que había asistido anteriormente eran matrimoniales. Sin embargo, en este caso, se trataba de unas Bodas de Oro Sacerdotales. Cincuenta años siendo fiel a un compromiso con el Señor y una puesta a su servicio bajo el lema evangélico: “He venido a servir. No a ser servido”.               LA BUENA NOTICIA  que les quiero  transmitir hoy, la viví el pasado sábado en el Seminario Diocesano de Málaga. Fernando Jiménez Villarejo, un sacerdote malagueño, celebraba sus Bodas de Oro Sacerdotales. Y lo hacía rodeado de familiares, compañeros y amigos. Unos centenares de personas que le testimoniamos nuestra admiración y respeto.          En las Bodas de Oro se suele presentar por parte de algún testigo cualificado una relación de descendientes y otros familiares, obras y trabajos desempeñados, anécdotas y vivencias compartidas así como de adhesiones espontáneas tanto por los presentes como por los ausentes que justifican la imposibilidad de su presencia.          El caso de Fernando es distinto. Nacido en una familia supernumerosa, la vocación familiar le encaminaba hacia el derecho, pero un día, una extraordinaria película: “Balarrasa”, despierta en él una vocación hacia el servicio de la Iglesia que marca su destino por completo (alguien debería comentarle a un ateo militante, su tocayo Fernán-Gómez, las consecuencias de aquella extraordinaria película. Dios bendiga a Nieves Conde). Ese misionero español en Alaska le marca de tal forma, que  recibe el Sacramento del Orden Sacerdotal, se incorpora a las misiones, primero en Rhodesia, hoy Zimbawe, en plena África negra, y tras unos años en parroquias y diversos cargos en Málaga a Caicara del Orinoco en la Venezuela profunda.     Un hombre que confiesa que su vocación frustrada es la ser Actor y Payaso, dos actitudes ante la vida que te llevan a hacer felices a los demás. Que ante cualquier dificultad siempre esgrime la frase del Evangelio: “No tengáis miedo”. Que transmite serenidad en el trabajo (colaboré con él en la organización de los actos del Jubileo del 2000 en Málaga, y jamás nos sentimos nerviosos ni desbordados, ni cuando nos juntamos con  3000 niños en la Catedral lloviendo a mares).          El sábado,  Fernando recibió un merecido homenaje, sus amigos nos reunimos con él y celebramos la Eucaristía y algo más. Mayores y jóvenes, malagueños y familiares de todas partes, parroquianos y amigos, colaboradores, etc., tuvimos la gran oportunidad de testimoniarle nuestro cariño con un aplauso que se convirtió en ovación por su sentimiento. Y sigue en la brecha. Donde lo manden. Cuando se ordenó avisó que venía “a servir no ha ser servido”. Y ha cumplido con creces. Ramón Pérez de Ayala decía: “Gran ciencia es ser feliz, engendrar la alegría, porque sin ella, toda existencia es baldía”.        Sonreir es amar, amar es Evangelio. Hacer de payaso por la vida es una cosa muy seria.  Fernando ha sido, y es, un Evangelizador nato. Al final lo ha conseguido. Yo quiero calificarlo hoy de forma distinta a cuantos le manifestaron sus sentimientos el pasado sábado. Los payasos presentan la cara alegre de la vida. Fernando ha sido el primer Payaso sin Fronteras. El payaso de Dios.