LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIESm.montescleries@telefonica.net  28 de enero de 2008  A DIOS ROGANDO…         Hace casi cuarenta años tuve un encuentro que cambio mi vida. Me encontré ante unas realidades diferentes que llenaban por completo mis expectativas vitales y espirituales. En el fondo, se trataba solo de poner en práctica las enseñanzas que se derivan del refrán que titula esta columna.           Hay que avalar la palabra con los hechos. “Por sus hechos los conoceréis”, proclama el Evangelio. Así lo capte yo y comencé a vivir la experiencia del servicio. Una de las acciones más gratificantes que han pasado por mi vida, ha sido la donación de sangre. Desde los lejanos años setenta en que lo hacíamos cada dos meses en el viejo Hospital Civil, en un pequeño recinto comandado por una monja  “de escopeta y perro” (Sor “Drácula”, le llamaban los internos), hasta ahora, en que lo hago más esporádicamente, he realizado cientos de donaciones de sangre. Al tener un grupo sanguíneo raro, casi siempre hacíamos la donación a demanda de enfermos del mismo grupo, y nos encontrábamos los mismos donantes que compartíamos el grupo AB+.         Posteriormente, me hice donante de médula. Al cumplir los 60 recibí una amable carta de la Fundación José Carreras agradeciéndome los servicios prestados, (nunca doné nada, tan solo estuve en espera de que surgiera una necesidad para alguien compatible), y dándome de baja de sus ficheros.         La buena noticia de hoy me la suministra la edición andaluza del Diario 20 minutos. “El banco andaluz de cordones umbilicales sito en Málaga, ya es el cuarto mayor de todo el mundo” y añade, “su almacén creció el 49% en 2007, lo que ha permitido su uso para 71 transplantes 22 a niños y 49 a adultos”. La foto de Cristina León, una chica sevillana aquejada de leucemia y que ha recuperado la salud, tras un transplante de células de cordón umbilical, ratifica la información.           ¡Qué diferencia de actitud entre los que racanean las posibilidades de vivir de los no-natos y los que procuran la mejoría de las condiciones de vida de los que se encuentran con dificultades para su desarrollo! ¡Entre los que se parten el pecho por buscar soluciones a los problemas de los enfermos, y los que pierden el tiempo cambiando el nombre a los hospitales, o negándose a crear un espacio de oración en los mismos, léase capilla, oratorio o centro ecuménico que sirva de consuelo y reposo a los atribulados enfermos y sus familiares, en dichos centros!          Leo hoy un artículo de un compañero de columna en el que manifiesta sus problemas de fe, (¡y quién no los tiene!, así estamos todos). Pero él y yo, ambos dos, sabemos por experiencia, que a la fe en Dios se llega por la fe en los hombres, o viceversa, que más da. Lo que importa es estar en el camino. Mientras damos, mientras nos damos, ya estamos viviendo la fe, poca o mucha, que tengamos.         Dios está en todas partes, pero a veces se nos esconde cuando lo buscamos en los sitios equivocados. Entre los que sufren, siempre se encuentra. En el dinero, el poder o el prestigio… es casi imposible. Es cuestión de ponerse en manos de la Virgen de la Buena Leche. Dice San Pablo en su carta a los Corintios que proclamamos hoy: “Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras”. Tenemos que comprender los cristianos que el serlo, es una forma de vivir, no de filosofar.         Los habitantes de esta maravillosa ciudad de Málaga, la muy hospitalaria y la muy benéfica, (según reza en su escudo),  una vez más, han dado la talla, y la sangre y los órganos. “Por sus hechos los conoceréis”. Dios se lo pague a Dios.

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIESMálaga 21 de enero de 2008

m.montescleries@telefonica.net

 

UNA GENERACIÓN BOMBARDEADA

            Tenía pensada para hoy otra Buena Noticia, mas acabo de recibir un correo que ha hecho cambiar mi intención. La carta de un  joven padre de dos hijos me ha puesto a cavilar.           Pertenezco a la generación de niños nacidos en la posguerra, de padres que habían terminado hasta las narices de pelearse entre ellos,  cuyo horizonte más cercano era conseguir que comiéramos todos los días algo, y pollo por Navidad. Su mayor ilusión estribaba en que aprendiéramos en la escuela, hiciéramos la primera comunión, nos preparásemos cultural y laboralmente para un futuro económico lleno de paz y prosperidad, y llegásemos a la “mili” sin problemas. Lo que venía después ya era cosa nuestra.           Para todo lo anterior, se preocupaban de que estuviéramos bien bautizados, catequizados, casados por la Iglesia y, sobre todo, no nos metiéramos  en política, que bastante caro le había salido a los españoles. El ser católico era signo de cordura y políticamente correcto. Para todos. Los de izquierdas de “toda la vida” incluidos. Que por ahí quedan fotos. La siguiente generación es harina de otro costal.           Me dice el escrito: “Mis padres me han educado en el cristianismo con muy buena voluntad, pero no me atrae nada la religión. No encuentro motivos para creer”. La generación de nuestros hijos, la de la transición, se debate entre dos aguas ideológicamente. Por un lado, nosotros, sus padres, hemos intentado transmitirles los valores que recibimos en su día; cristianos, humanos, de todo tipo. Una forma de ser que nos había hecho razonablemente felices. Pero por el contrario, a los de nuestra generación e ideas, los medios de comunicación, la universidad de la calle, los “profetas” y “gurus” de estos tiempos nos bombardean con los conceptos de fachas, antiguos, reaccionarios, retrógrados y otras lindezas. E introducen una filosofía positivista, hedonista y práctica. El valor primordial es el egoísmo basado en una dudosa modernidad. Y ahí tenemos una serie de treintañeros liados.                             De una parte, los supervivientes de la “oprobiosa” con nuestros deseos de que asimilen los valores que a nosotros nos han permitido vivir razonablemente felices, hemos educado una generación con los criterios del  cristianismo, pero casi nunca les hemos dado razones vitales  para practicarlo. La mayoría de los padres jóvenes de ahora  viven una religiosidad “porque si”. Se han casado por la Iglesia para darnos gusto a sus padres y porque las fotos salen más monas. Están en cofradías, bautizan a sus niños y viven un cristianismo cultural. Pero su fe está edificada sobre arena. Los vientos de la modernidad  han barrido nuestras ideas completamente. Por otra, la sociedad avanza hacia un laicismo con pintas de ateísmo militante. Encima, los cristianos comprometidos gastamos la pólvora en salvas e intentamos imponer en lugar de exponer y convencer.          Esta situación no se arregla en las escuelas ni en los debates de la televisión, Precisa un tratamiento de raíz. Los cristianos tenemos que volver a los principios. Evangelizar. Dar la buena noticia. Desde el principio. No dar nada por sabido. Boca a boca. Con la palabra y, sobre todo, con el ejemplo. Sin identificaciones partidistas. Sin miedo, pero sin prepotencia. Como nos enseñó Jesús. “No me atrae nada la religión” -me dice mi joven amigo en su carta-, “no encuentro motivos para creer” –añade-, “espero que mis hijos, cuando tengan uso de razón, decidan por ellos mismos”. El problema, añado yo, es que pierdan la referencia para comparar.       Mi BUENA NOTICIA  de hoy es que nos queda mucho que hacer a los hombres de buena voluntad. Tenemos que espabilarnos ahora que gozamos de más tiempo libre. Entre todos, creyentes o no, tenemos que establecer un espacio de comunicación sin verdades absolutas. Los hijos de la transición tienen más conocimientos, mejores medios de vida y más libertad que nuestra generación. Pero esas posibilidades las vuelcan en el tener, olvidando el ser. La intransigencia de los “poseedores de la verdad” -entre los que a veces me incluyo- y la suficiencia de los “nuevos libertadores”, impide el dialogo fe-progreso del que tan necesitada está esta sociedad. Yo me apunto a esta última propuesta. En ella estoy. Por eso recibí esta carta que me ha hecho pensar. Y al que me la ha enviado… también.    

OS HAN DADO UNA SEMANA DE VIDA           Cientos de inquilinos de los pasillos de la muerte, internos en las prisiones norteamericanas, se están jugando su vida a una baza. Depende de los resultados electorales, o de alguna otra “circunstancia” con muy escasas y remotas posibilidades, el que estos desgraciados seres humanos pierdan la vida o no  en un determinado plazo de tiempo.           Otro tipo de espada de Damocles pende sobre la humanidad y especialmente sobre España: la ampliación de las condiciones contempladas por la ley para la interrupción quirúrgica del embarazo. O sea, aborto legal libre y gratuito para casi todos. Por lo tanto en vez de cumplir la ley, de por sí injusta, lo que tenemos que hacer es adaptarla a lo que se practica.  Justicia a la carta. Embarazos de hasta 30 semanas de gestación, que se estaban practicando actualmente pueden pasar a ser legales.         Y es que los retrógrados hemos colmado la paciencia  de los sufridos propietarios de clínicas privadas que se dedican al aborto por encargo. Ya está bien de  tanta exigencia y puntillismo. He escuchado decir a un prócer, <Hemos mejorado mucho. Las mujeres antes iban fuera de España porque dicha práctica estaba prohibida y hoy vienen de toda Europa porque aquí somos más avanzados>.  Y añado yo, <somos la envidia de los países nórdicos, y por eso nos han hecho el video que ha descubierto el pastel, otra especie de “contubernio de Munich” o de conspiración judeo- masónica, como le llamemos ahora. Habrá que manifestarse ante las embajadas>.         Aparte de sornas, tenemos una excelente noticia para hoy que recojo de la prensa nacional. 2000 niños van a vivir en los vientres de sus madres una semana más. Y alguno, a lo mejor es indultado. Las clínicas que practican abortos están en huelga. “Sufren mucho la persecución” y ya no pueden aguantar más. Las frías estadísticas indican que estas dos mil criaturas que estaban en los pasillos de las clínicas “especializadas”, una especie de  corredor de la… han sido agraciadas con una semana más de crecimiento. Ojala a sus madres les llegue la solución de sus problemas y tiren para adelante. Mientras, los miembros de la sociedad, que en gran medida también somos culpables de esta situación, tenemos que ser conscientes  de que hay que ayudarlas mucho más. Menos declaraciones y más actuaciones.         En  muchos casos, la interrupción voluntaria del embarazo no es provocada por un problema grave. Simplemente se trata de una exacerbación del egoísmo. Teresa de Calcuta decía “Es algo muy triste decidir que un niño deba morir para que tu puedas vivir como lo deseas”. Los hijos no son un objeto que se compra a capricho. Son la razón misma de la vida.        El reloj del mundo, esa página web que tanto me molesta pero que veo de vez en cuando con una mezcla de curiosidad y de rabia, indica que en las dos primeras semanas del año han dejado de nacer 1.500.000 niños por prácticas abortivas en todo el mundo. 2.000 de momento se han librado en España. Y yo… más contento que unas castañuelas.  Me apunto a la tesis de  Teresa de Calcuta. Si no lo quieres, para mí. Ahí está mi correo. Comunícamelo.  

Un hombre bueno

6 f, 08

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIESm.montescleries@telefonica.netJULIO HA ENCONTRADO LA PAZ           Conocí a Julio hace más de 10 años. En aquella época, él llevaba con gallardía sus más de cincuenta años, un atuendo de quiero y no puedo y un amaneramiento ostensible. Un día le pregunté por su condición de homosexual a lo que me contestó con cierto orgullo: “de eso nada, yo soy mariquita, de los que ha habido toda la vida en Málaga”.  No tuvo que salir de ningún armario. Jamás había entrado en él.          Se presentó en un Cursillo de Cristiandad que yo coordinaba. Ni se, ni me importa, quién le habría invitado. Ignoré prejuicios y “recomendaciones” y le acepté sin condiciones. Un gran hombre. Lejos de los “zerolos” reivindicativos que se consideran incluso “superiores”, o de los solapados que disimulan su condición vergonzantemente.          Julio llevo con dignidad su condición humana, distinta de otros, en unos tiempos difíciles para ello. Fue despreciado por su familia (lo que más le dolió), por el ejército, por sus vecinos, por toda la sociedad. Como tantos otros jóvenes “distintos” de la posguerra, tuvo que emigrar a Barcelona en busca de la única salida que se les ofrecía. El  mundo del espectáculo. Actuación tópica y típica de mariquita andaluz. Su escasa calidad artística le impidió realizar su sueño, y su manifiesta condición, le apartó de muchos empleos. Acabó dando con sus huesos en la cárcel en aplicación de una extraña interpretación de la ley de vagos y maleantes.       Volvió a Málaga y se dedicó a las rifas paupérrimas de los mercados de Mármoles y Bailen y a blanquear corralones. Acabó su “vida laboral” vendiendo la lotería de los pobres, “la rápida”, explotado por clanes seudo-mafiosos de poco pelo. Mientras tanto, su vida sentimental y familiar pasó tristes alternativas. Robado, abandonado, apaleado… Varios intentos de suicidio, hospitales. Tristeza.      Así llegó aquél día a Villa San Pedro. Fue acogido,  comprendido, animado y querido. Por primera vez en su vida se sintió comprendido y aceptado por Dios y por las personas. Conoció a Jesús de Nazareth y sus bienaventuranzas. Nosotros fuimos la familia que necesitaba y que, anteriormente, jamás  le había entendido. Fue respetado tal como era.  Con sus defectos y sus virtudes. Siguió, mientras pudo, con sus fines de semana actuando como transformista. Remedando bastante mal la imagen y las canciones de Juanita Reina. Vendiendo lotería y rifando colchas. Pero su vida había cambiado. Participaba de las Eucaristías donde nos contaba sus penas. No se perdía una. Jamás se sintió más orgulloso que una Semana Santa en que le acompañé de promesa detrás de la Crucifixión por toda Málaga. Él tenía amigos “normales”…Se sentía querido… y era querido.        Le perdí un poco la pista porque comencé a “trabajar” con otro grupo. Un día, zapeando, le vuelvo a ver en un programa de Televisión de Canal Sur. Su rostro lloroso apareció en primer plano. El espacio estaba dedicado a los problemas de los homosexuales. Yo soy mariquita a mucha honra –espetó mirando fijamente a la cámara- pero éste que tengo aquí – dijo, señalando un crucifijo que colgaba de su oreja- me quiere y me acepta como soy, esto me lo han enseñado en un Cursillo de Cristiandad. Los únicos que de verdad me han querido.           Me consta que Julio vivió sus últimos años integrado en una parroquia, integrado y feliz. El día de Navidad  me entere de su fallecimiento. Se había ido como había venido, pobre, con orgullo y mariquita. En el cielo habrá entrado como él quería. Cantando por Juanita Reina (bien) y con una bata de cola. Allí nadie le va a aplicar ninguna ley rara. Bienaventurados los limpios de corazón. Porque ellos ven a Dios. Julio ha encontrado la paz.