LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIESMálaga 25 de febrero de 2008m.montescleries@telefonica.net   UNA POLÍTICA CON VERGÜENZA TORERA            Hace unos cuantos días llegó a mis manos una buena noticia. Una senadora catalana deja la política por coherencia con sus ideas. Esta actitud es adoptada casi siempre bajo la apariencia de una falsa humildad que esconde el miedo a un fracaso anunciado. No es este el caso; la senadora catalana que protagoniza esta BUENA NOTICIA de hoy, ocupa un escaño en el Senado respaldada por 1.602.225 votos en las últimas elecciones, un 53.67 % de los mismos.             Mercedes Aroz – así se llama nuestra protagonista- lleva 21 años como parlamentaria. Es cofundadora del PSC, marxista ortodoxa, antigua militante comunista y su trayectoria está cimentada por toda clase de batallas políticas, tanto en Cataluña como en Madrid. Esta mujer, nos está dando un ejemplo de coherencia entre sus ideas y su forma de actuar. Ya en Junio de 2005 dio un toque de atención rompiendo la disciplina de voto de su partido en el debate de la ley de matrimonio homosexual al ausentarse de las votaciones.            La senadora catalana, ha declarado su discrepancia con determinadas leyes del Gobierno, tales como la investigación con embriones, la ley de matrimonio homosexual y otros proyectos  que chocan frontalmente con la ética cristiana. Y es que Mercedes Aroz ha anunciado con alegría su “plena integración como miembro de la Iglesia Católica”. Un proceso que le ha llevado varios años y que le ha impelido a dejar el escaño y los cargos del partido, sin renunciar a su militancia de base en el Partido Socialista Catalán.           “He querido hacer pública mi conversión para subrayar la convicción de la Iglesia Católica de que el cristianismo tiene mucho que decir a las personas de nuestro tiempo, porque hay algo más que la razón y la ciencia”. En declaraciones a la BBC afirmaba: “Si hablas de tu fe religiosa, la gente te toma por un pirado”. ¿Cuántas veces nos toman a los cristianos por pirados? Sobre todo si no basamos nuestra vida en el dinero, poder o prestigio. Lo que mas me agrada de esta gran mujer es que no ha abandonado sus convicciones políticas. Ella intentó un acercamiento entre el “zapaterismo” y la Iglesia. Pero ha sido inútil. Al final ha tenido que tomar una decisión que la honra. Creo que en un país en que la forma de vivir la política respetara más los criterios personales y menos “la voz de su amo” Mercedes hubiera podido seguir siendo una excelente parlamentaria.            Buscando información sobre esta  noticia me he encontrado con un periodista ateo y marxista francés que declaró en su día. “Dios existe y yo me lo encontré” André Frossard, tuvo un flechazo con Dios en un encuentro casual cuando buscaba a un amigo y se encontró con Él. “Habiendo entrado a las cinco y diez de la tarde en una capilla del Barrio Latino de Paris en busca de un amigo, salí a las cinco y cuarto en compañía de una amistad que no era de la tierra”. “Fue un momento de estupor que dura todavía. Nunca me he acostumbrado a la existencia de Dios”. Le dijeron tantas veces sus familiares que estaba loco, que acudió a un psiquiatra conocido suyo el cual le diagnosticó un síndrome algo curioso. Tenía una fuerza interior especial. Era la fe.             En estos días de tantas promesas políticas que no se van a cumplir, el encontrarnos con políticos o periodistas que escuchan sus conciencias sin miedo a no ser “ortodoxos”, nos permite alimentar la esperanza de que algún día los “pajaritos fritos” podremos votar a lideres independientes asesorados por periodistas sin filias ni fobias. Así sea.  

Un juez sensato

17 f, 08

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIESMálaga 18 de febrero de 2008m.montescleries@telefonica.net  EMILIO CALATAYUD           Nos estamos acostumbrando últimamente a conocer a los jueces por su apellido y, a veces desgraciadamente, por sus actuaciones. Como mucho, los clasificábamos de forma chusca en: “Juez de paz”, “Juez de naranja”, “Juez de limón y “tónica Juez”. Hoy en día no; conocemos al Juez Marlaska, al Juez Estivill,  al Juez Garzón,  al Juez del Olmo, etc. etc.  Creo que con los jueces pasa como con los árbitros –que al fin y al cabo, también son jueces-; cuando se habla de ellos… malo. Sin embargo, los medios de comunicación coinciden en señalar las acertadas decisiones del Juez de menores de Granada Emilio Calatayud.            Esta semana ha sido entrevistado en el programa de Canal Sur “Ratones coloraos”. Este espacio nos sorprende en ocasiones. Normalmente, nuestra satisfacción coincide con el momento en que su presentador se olvida de hacer caja, preguntas demagógicas o exhibición de “frikis”. En ocasiones Jesús Quintero utiliza su carisma para entrevistar como nadie. Una habilidad que justifica el honor de designar con su nombre una de las aulas de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Málaga.          Esta semana,  Jesús Quintero entrevisto al Juez de Menores de Granada Emilio Calatayud. Este personaje, lleva varios años siendo protagonista de algunos titulares de los periódicos por lo inusual de sus sentencias. Lo lógico sería, que la aplicación adecuada de la justicia no nos llamara la atención. Pero desgraciadamente, la realidad nos demuestra, que el cumplimiento de las penas impuestas en la mayoría de las ocasiones, no solo no recuperan al delincuente, sino que le introducen en una espiral del delito que le llevan a funestas consecuencias.  El juez Calatayud, nos  sorprende por su talento para condenar a los menores delincuentes a compensar sus errores para con la sociedad con servicios a la misma.         Gracias a sus acertadas sentencias, jóvenes  delincuentes granadinos han  conseguido el graduado escolar, obtenido el carné de conducir, pintado fachadas, barrido calles, cuidado enfermos, acompañado ancianos, incluso en un caso, que reveló la otra noche, el delincuente recuperado acompañó al policía municipal que le había detenido en sus rondas de vigilancia.         Emilio Calatayud, es en sí una buena noticia. Su decálogo para incubar un delincuente en casa es incuestionable. Sus conferencias extraordinarias. La otra noche lo bordó. Cuando el entrevistador quiso buscarle las cosquillas, cosa que es su obligación de buen periodista, dio su autentica dimensión. No le dolieron prendas reconocer su filiación de católico. Para ello, con sencillez, dio razones de su fe. Manifestó no entender como Dios permitía que hubiera tanto dolor en el mundo, pero humildemente, reconoció que pese a no entenderlo, lo aceptaba como tributo de la libertad que Dios da al hombre. Habló de su dificultad de relación con sus propios hijos. Lejos de la suficiencia de tanto “enterado”, confesó sus carencias.         Para mí, que vivo en la eterna duda, fue un guiño de complicidad a mi teoría que identifica la fe con “la capacidad de aceptar las dudas”. En un mundo de petulantes que se creen poseedores de la verdad; de petimetres, cuyo único mérito consiste en estar incluidos en una lista electoral o poseer un carné; de tertulianos autosuficientes que saben de todo, pontifican de todo y no viven nada; la humildad de este autentico sabio (es tan sabio que aplica el sentido común) me ha hecho creer que este mundo puede tener salvación. Él ha descubierto que las soluciones para este sociedad enferma están en las manos de los hombres de buena voluntad.          -Nota final que no viene al caso… o sí-. ¿Han   observado Vds. que jamás se ha hablado más de la Iglesia Católica y de los cristianos, que cuando se nos quiere borrar del mapa? Exhibición en “La noria de Telecinco” de los “Popes” de la comunicación –Iglesias, Sopena y Vestringe– El problema de la Sra. Iglesias, católica confesa, con los “cucuruchos del Vaticano es de antología. En comunicación, esta publicidad no tendría precio. Se agradece. Por lo menos yo, que tengo gran desconfianza en “mis verdades”, cada día estoy más seguro de ellas. La Iglesia se fortalece con la persecución. Mi reino no es de este mundo.

La PV

10 f, 08

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIESMálaga 11 de febrero de 2008m.montescleries@telefonica.net  LA CONSULTA DEL SEGURO                    Uno es consciente de su dilatada edad cuando nota los síntomas de la PV. El indicio más evidente de que se encuentra en esa fase de la vida, se manifiesta cuando visita más de la cuenta la consulta del médico. (Para los lectores menos duchos en la jerga “científica”, les aclaro que PV significa “puñetera vejez” en roman paladino).                   Cuando se es joven, se visita al médico una vez cada cinco años para pedir un certificado, curar un hueso roto, o aliviar una gripe de aúpa. Si se está en la PV, cambia la cosa; en cuanto notas un bultito extraño, toses tres veces, o lees en el periódico los síntomas de una nueva enfermedad que, curiosamente, coincide exactamente con los tuyos, te encaminas a tu médico de cabecera como borrego que se dirige al matadero. Curiosamente, este momento coincide con la “generosa” observación de algún amigo que te dice sin preguntarle –tienes mala cara, ¿te pasa algo?-  tú, te miras en los bolsillos para ver si tienes en regla los papeles de “El Ocaso”, y te preparas para lo peor.                  A lo largo de mi vida he pasado por distintas consultas del seguro. Después de una, muy pequeña, sita en una casa particular reciclada del Puerto de la Torre, he ido pasando por distintos lugares y  médicos, hasta  llegar a las extraordinarias instalaciones recientemente inauguradas en Teatinos. Por cierto, para llegar a este ambulatorio, tengo que pasar por otro recién inaugurado en La Colonia de Sta. Inés. ¡Misterios de la administración!                  Antes, había que levantarse al alba, ponerse en una cola, y a eso de las 10 de la mañana, te daban cita para tres días después a las 14’32. Después pusieron la cita telefónica, que obtenías tras haber agotado tu teléfono y tu paciencia para conseguirla. Y, finalmente, ¡oh, milagro!, el fabuloso método de la cita por Internet. El jueves de madrugada, en medio de un ataque de tos, griposa y  recalcitrante, me agarré al ordenador, como el que se aferra al último tablón del Titanic, y conseguí en 30 segundos una cita para el mismo día a las 12’24.                   Lo único que no ha cambiado en todo este proceso es el desenlace. Te diriges con media hora de antelación a la consulta, sabiendo que tendrás que esperar. Lo que no te imaginas es cuanto. Llegas asustado y te encuentras a una serie de señoras de cierta edad, que han tomado posesión de la sala de espera. Te sientas en una esquinita esperando que te lleven pronto al “patíbulo”, y, sin aviso previo, las señoras, que parecen estar incluidas en la decoración del espacio, te someten a un interrogatorio exhaustivo. Cuando crees que se encuentran medianamente satisfechas, llega otra nueva que planta sus reales ante la puerta del médico y nos pone a todos en nuestro sitio. Pregunta la hora de nuestra cita, y la de cuantos esperan. Organiza una nueva cola y, una vez tomada posesión, diagnostica las enfermedades de cuantos esperamos. Nos comenta “doctoralmente” la capacidad de cuantos médicos conoce y va remitiendo a cada uno de los ya muy asustados enfermos a los distintos especialistas que ella controla. De pago y del seguro. Da direcciones y recomendaciones mientras presume de haber padecido las dolencias de cuantos estamos allí, una a una y en conjunto, pero con mayor gravedad aun.              Este proceso nos ha llevado, casi sin darnos cuenta, a descubrir que  se ha sobrepasado en una hora la indicada en nuestra cita. Al final, te sientes liberado por que escuchas tu nombre y pasas a la consulta del médico.             Y, ahora viene mi BUENA NOTICIA. Te encuentras en una isla celestial donde te recibe una amable Doctora que te escucha; en este nuevo Centro de Salud, me ha correspondido una señora experta, cercana y amable que te acogecon atención y sin prisa.  Se siente interesada por tus síntomas y te recuerda que estás en la PV, pero que lo llevas muy bien. Tu cuerpo se yergue, tu tos remite, recuperas la dignidad y te quitas 20 años de miedo de encima. Te receta paracetamol, mucha  agua,  paciencia, y poco más. De esta… te escapas.             Ahí está el médico de toda la vida; el que de pequeño te miraba la garganta con una cucharilla, al que llevabas a tus padres cuando estaban enfermos, el que te tranquilizaba cuando tus hijos ardían de fiebre. El mago de la tribu; la bata blanca, cuya sola presencia, propicia la solución de más de la mitad de los problemas.             Tú sales de la consulta. Sin mirar para atrás. Lleno de orgullo por tu salud  a prueba del criterio de las señoras de la sala de espera. Te olvidas de las horas de retraso. Llevas en tu mano el trofeo en forma de receta. Tus males se han acabado.            Benditos y pacientes médicos. La administración les da 4 minutos para ver cada enfermo. Ellos extienden su trabajo un par de horas diarias para regalárselas a sus pacientes en forma de atención y cariño. Han puesto en práctica la frase del Dr. Marañón: El trabajo sin prisa es el mejor descanso para el organismo.            Algún día, ya cercano, además de los extraordinarios medios materiales con que cuenta la Sanidad Andaluza, se evitará la masificación provocada por la relación numérica enfermos-médicos. De momento hacen bastante más de lo que pueden. De lo cual les quedo muy agradecido. Vds. dirán: algunos son muy antipáticos. Yo no he dado con ninguno.    

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIESMálaga 4 de febrero de 2008m.montescleries@telefonica.net YO, VOTARÍA A JUAN NADIE       Estamos en plena campaña electoral, y como consecuencia, somos bombardeados por las “verdades” de todas las instituciones y partidos políticos. Todos nos prometen ser más demócratas, más solidarios y más de todo, que sus rivales políticos. Sus propuestas, van aderezadas por la negación del pan y la sal a sus contrincantes, que según ellos,  no saben hacer la O con un canuto y son los culpables de cuantos males acaecen a nuestra sociedad.       Esta situación me hace recordar a mi adorado -y desgraciadamente desaparecido- director de cine, Frank Capra. En 1941 realizó una película que destapó los manejos de los políticos y los magnates (también los mangantes) de la prensa norteamericanos. El personaje, contratado para ser utilizado como títere, descubre lo mejor de sus sentimientos y presenta un programa político basado en la buena voluntad y el sentido común. Los resultados son asombrosos; arrastra multitudes y convence a los hombres de buena voluntad. Los que le habían encumbrado, no dudan en tirarle por tierra.        Los mensajes que recibimos ahora por todas partes son parciales y partidistas. Ninguno dice toda la verdad; y media verdad es una gran mentira. A mis años, que ya son muchos, cuesta convencerme con discursos descalificantes y demagógicos. He vivido tantos años en un régimen democrático como en dictadura; ya no soy un novato que se lo traga todo. Mis criterios cristianos me piden votar un partido que este a favor de la vida, que no imponga una ley de plazos; ni más cortos, ni más largos. El partido político que siga tragando con lo ya aprobado, no me sirve. Yo, votaría al que apostara por la muerte digna, no por la eutanasia; que considerara a todas las personas por igual, sin discriminación de sexo, raza, cultura, religión o ideología política. Votaría al que consiguiera una mejor distribución de la riqueza. Las medidas fiscales solo “aprietan” a los sufridores de la clase media y las nóminas. Los ricos cada vez son más ricos y las bolsas de pobreza (encubiertas tras un consumismo aberrante, perfectamente alentado y propiciado) son más extensas. Votaría al que se preocupara menos de la semántica y más del fondo de la palabra familia. El que utilizara para la descripción de la institución familiar el sentido común,  y no los eufemismos nacidos de criterios electoralistas y clientelistas. Una familia basada en el amor, el ejemplo y las referencias lógicas de los progenitores; no fundamentada en caprichos; -ya tenemos coche, hogar… ahora adquiramos un niño, y así tenemos de todo-. Sin ánimo de buscar la felicidad de la prole, sino el capricho propio.          Las consecuencias de los criterios actuales son claras; las estadísticas nos dicen que cada año hay tantas separaciones como matrimonios. Crece la violencia doméstica y los problemas de los jóvenes (que carecen de  referencias familiares naturales en muchas ocasiones). Esto no va bien.           Leo con atención las recomendaciones de los Obispos, los programas electorales y las declaraciones de los políticos. Observo las reacciones grandilocuentes y demagógicas (plenas de rasgadura de vestimentas, mesadas de cabellos y roturas de filasterios) de los neo fariseos religiosos y laicos, ante las declaraciones de los que no piensan como ellos, y al final me quedo a 0 grados; ni frío, ni calor.           Necesito un Juan Nadie, o el partido de los “pescaitos fritos” (llenos de Juanes Nadie), a quien votar. Mientras tanto ninguno me convence; ni a mi, ni a mis convicciones cristianas. Ah, y lo que está muy claro. Jamás votaría a un tipo como yo. Soy incapaz de actuar en consecuencia con mis criterios. Como soy consciente de ello, no soy político. Pero me gustaría votar a uno que fuera capaz. Mi buena noticia está en que esas personas existen. Tenemos que buscarlos y que salgan a la luz. Cuantos me preguntan a quién hay que votar, y yo mismo, les quedaremos muy agradecidos.