Una buena semana

29 f, 08

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga, 30 de Junio de 2008

 

NADIE ME DIJO QUE IBA A SER FÁCIL

 

 

      No, no me refiero a la andadura de la selección española de fútbol por la Copa de Europa de Naciones. De hablar y escribir sobre eso ya se preocupan los que saben y los que no tienen ni idea. Algunos, con el desparpajo de esos políticos “nacionalistas” que nos “hacen el favor” de cobrar un sueldo cada mes –el cual les pagamos entre todos los españoles- mientras se tapan las narices para no oler a algo español. Esos sinvergüenzas deberían pertenecer al parlamento ruso, país al que por lo visto dedican todas sus simpatías… pero ¿que culpa tienen los rusos?

 

       Cuando escribo que “nadie me dijo que iba a ser fácil”, me refiero a “poner en luz” a los ocho hijos con los que Dios y mi mujer me han bendecido. Tras años de soportar gracietas del tipo: “¿no había televisión?”, “¿serás del Opus?”, y otras muchas tonterías similares, me ha parado a ver minuto y resultado. Cinco casados, seis con carrera universitaria, dos comerciales de categoría, diez nietos y una modesta pensión. Un futuro consistente en tres bodas más, algún doctorado, tropecientos nietos en cartera y una paguita de autónomo jubilado. Me parece que es suficiente.

 

       Mi buena noticia de hoy –la cual me apresuro a comunicarles- es, que con todo ese panorama, la que está cayendo y las dificultades que conlleva la situación actual para todos en general y para mí en particular, me encuentro con momentos de felicidad. Esta semana  nos hemos sentido más españoles con la Selección Española de fútbol,  a cuya salud me he fumado media docena de puros y otros tantos cuba-libres de Bacardí, (yo soy más tradicional que el maestro García Pérez, que le pega al Pampero). He culminado el trabajo de campo de mi tesis, -he realizado 150 encuestas sobre su relación con la televisión a personas mayores de la provincia de Málaga-, y sobre todo, he asistido a la Graduación Universitaria de mi hija más pequeña.

       

       Anteriormente, había asistido a actos de fin de carrera como protagonista y como padre. Cada uno de ellos es diferente y suscita sus propias emociones. Pero esta última graduación me ha emocionado especialmente y me ha dejado una dulce sensación del deber cumplido. Curiosamente, se ha celebrado en el patio del que durante tres años fue escenario de mis estudios de Profesorado Mercantil. Por cierto, unas flamantes instalaciones que inauguró personalmente Franco en los 60. Estas aulas, posteriormente se  convirtieron en la sede de la Facultad de de Enfermería y al parecer, están para el derribo.

 

         Tras felicitar a los Profesores y recién Graduados por un acto Académico intachable, y sintiéndolo mucho,  tengo que lamentar el comportamiento de los espectadores asistentes. Algunos de ellos, confundieron una solemne ceremonia Universitaria con la final de Gran Hermano. Por otra parte, recomendaría a uno de los Graduados, que supiera distinguir entre  modernidad y respeto, entre el desenfado juvenil y la formalidad que precisa la recepción de un Diploma  Universitario. Item más, cuando se es designado para pronunciar el discurso de aceptación en nombre de los compañeros de promoción. Los monólogos televisivos, las gorras y las palabras malsonantes hay que guardarlos  para los programas malos de televisión.

 

             El resto, impecable. Nuestra salud está en muy buenas manos. Tenemos que aceptar lo que decía Winston Churchill: La salud es un estado transitorio entre dos épocas de enfermedad y que, además, no presagia nada bueno”. Los brillantes nuevos enfermeros, y así lo avalaron sus profesores, vienen muy bien preparados. Ellos nos acompañan hombro con hombro en la parte más difícil  de nuestras vidas.

 

           Pero volviendo a lo mío y a mi situación personal. Nadie me dijo que iba a ser fácil, pero tampoco ha sido tan difícil. Por mí… empezaría de nuevo.

 

 

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 16 de Junio de 2008

 

 

TRES BUENAS NOTICIAS, TRES

 

             Me pensaba que en esta ocasión iba a tener que buscar una buena noticia con lupa. La semanita ha sido como para olvidarse de ella. Huelgas salvajes, negociadas, patronales, obreras, del sector pesquero, de los transportistas… Los supermercados arrasados como si se esperara el fin del mundo… Tengo que preguntar a mis amigos curas si han tenido más trabajo, aunque lo dudo; la gente está más por el alivio del cuerpo que por el del alma. Las victorias futbolísticas de la selección española han conseguido mitigar nuestros problemas. Los duelos, con goles, son menos. Para que pasemos esta racha, tan solo nos falta que el Málaga ascienda a primera división, cosa que espero que ocurra mientras escribo esta columna.

 

            Mientras tanto, unos deportistas de elite me han hecho recobrar la esperanza en un futuro menos agresivo y complicado que el presente. Se trata de Nadal y Villa. Dos triunfadores que todavía no han sido victimas del éxito y demuestran que aún no han sido poseídos por el mismo. Espero que el paso del tiempo no les convierta en esos divos creídos, ídolos con pies de barro, de los que pululan entre los “famosos” que no han sabido digerir la popularidad.

 

            Nadal, cuyo brazo izquierdo es un cañón del viejo crucero Canarias, después de vapulear a su eterno rival, y por ahora, nº 1 del tenis mundial, se cuidó de no realizar excesivas manifestaciones de júbilo, y se apresuró a valorar el “savoir faire” de su rival. Federer  supo perder con la misma dignidad con la que gana, hizo gala de uno de los mejores valores del pueblo suizo: su exquisita educación.

 

           Por otra parte, el asturiano Villa, un chico sencillo que acaba de salvar los muebles de la selección española, contaba a su entrevistador, apenas terminado el partido del sábado, que se había apresurado a regalar la camiseta, con la que acababa de subir a los cielos balompédicos, a su amigo de siempre: un jugador de la tercera división asturiana con el que había comenzado su carrera deportiva. Concluía sus declaraciones diciendo: “tenemos que ser conscientes de que somos muy pocos los privilegiados que hemos conseguido llegar a ser unas figuras del deporte, y no podemos olvidar a los otros héroes: ese chico, que es un obrero del fútbol, y mi padre, minero de toda la vida”.

 

             Mi tercera buena noticia me la proporciona una madre sudamericana que lucha cada día por la supervivencia de sus hijos. El otro día, le entregaba una humilde, aunque imprescindible, lata de leche maternal, al mismo tiempo que unos pañales y alimentos infantiles. Por primera vez en mucho tiempo, alguien me rechaza la leche. “Guárdala para otro que le haga más falta, que yo me avío con la que tengo”. Parece lo normal. Pero choca con la avidez de acaparamiento que ha dejado limpias las estanterías de los supermercados esta semana. Creo que la diferencia entre los hombres, también se basa en que unos de ellos (no digo cuales), se preocupan del pan nuestro de hoy, y otros se afanan por el pan, y todo lo demás, suyo, de hoy, de mañana y de siempre.

 

           Tres buenas noticias. Tres.

 

vale la pena

9 f, 08

Málaga, 10 de Junio de 2008

 

¡CON LO POCO QUE CUESTA!

 

     En mi familia hay una evidente tradición de longevidad femenina. Las últimas generaciones de mujeres de mi entorno familiar, han superado con creces los ochenta años. Además, son coquetas y nunca se confiesan mayores (mi madre jamás quiso ir de viaje con el Imserso porque decía que iban muchos “viejos”). Sin embargo, los varones –toca hierro- tenemos una propensión al “palmolive” prematuro.

 

     Esta circunstancia me ha impedido conocer a ninguno de mis abuelos masculinos. Ni a un tío mío que iba a ser mi padrino, y que se quedó en el empeño de serlo,  cuya muerte prematura me impidió heredar unas buenas “olivicas” en mi Jaén natal. Por el contrario, un montón de viudas de mi familia perviven mal que bien con una “mala salud de hierro”; (mujer enferma, mujer eterna, decía el sabio).

 

      En estos momentos, tengo tres “chavalas” cercanas. Se trata de tías carnales  de más de 90 años. Viven su vejez con dignidad. Llenas de achaques, pero con una memoria prodigiosa que, como si fuera un ordenador de la última generación, recuerdan y manifiestan en su pantalla parlante la última vez que las visitaste, las promesas que has incumplido y la fecha de nacimiento, onomástica y resto de acontecimientos que debes recordar y que siempre olvidas.

 

     Sus mensajes son persuasivos y terminantes. Insinúan a otro familiar: “A Manolo le debe de haber pasado algo conmigo. La última vez que vino a verme estuvo muy raro”. Para mí memoria, la última vez fue anteayer… pero han pasado seis meses. A uno se le cae la cara de vergüenza. Lo deja todo esa mañana, aparca en lo alto de una acera –con el peligro consiguiente- y el milagro se produce.

 

      Esta es  mi buena noticia de hoy. ¡Qué fácil es hacer felices a los mayores! ¡Qué poco trabajo cuesta hacerlos disfrutar un poco! Un cuarto de hora de conversación, un par de chistes malos, un abrazo achuchado, unas manos unidas un ratito… y esas niñas de 90 años viven los próximos tres meses disfrutando de ese momento.

 

      Necesitan amanecer para alguien o para algo. He leído por ahí “La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar”. Está en nuestras manos el propiciarle a nuestros mayores esa oportunidad. Al final, las buenas acciones revierten sobre nosotros. Benjamín Franklin decía:La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”. Esta semana he aprendido a buscar la felicidad dando. Ya está bien de esperar que te la concedan los demás. Al final no me multaron y me sentí más persona.

 

 

 

 

 

 

 

m.montescleries@telefonica.net

 

ESCUPIR HACIA ARRIBA

 

            Mi amigo Andrés siempre comenta que la Iglesia Católica  mejorará manifiestamente el día que vuelva a las Catacumbas. No se trata de volver a las cuevas y escondrijos que utilizaron los primeros cristianos ante las persecuciones romanas. Se refiere a salir del nacional-catolicismo, de la Iglesia del cumplo y miento y del cristianismo cultural y de conveniencias para volver a las comunidades del estilo de las de los primeros cristianos. Algo así sustenta el Cardenal Martini en un extraordinario artículo publicado en el País del 25 de mayo.

 

          La sociedad nos está ayudando mucho en esa tarea. Hoy en día, no es políticamente correcto ser cristiano. Lo que está bien visto es creer en otras cosas: el tarot, los videntes, las religiones exóticas, los gurus políticos, Maradona y Ronaldinho, Los Lakers y Nadal, etc.

 

          Los “cómicos”  del momento -esos tipos que basan sus gracias en reírse de los demás, siguiendo el ancestral ejemplo de aquellos que no tienen nada que aportar, esos que “crucifican” al que no quiere defenderse, al tonto de la reunión, al simple o al inocente-, manifiestan su “talento” basándose en la mofa personal. Esa “demostración de arte” consigue una risotada, cuando no un exabrupto, de los que son como ellos. Jamás consiguen la sonrisa que nace de divertirse con los demás.

 

         Programas del tipo CQC, –importado de Argentina-, son imitados, cuando no, directamente copiados. Su estructura es sencilla. Te buscas a alguien conocido y le sueltas una barbaridad. El agredido, sorprendido y desorientado, ante la obligación de quedar bien ante las cámaras, hace de tripas corazón y se traga el sapo.

 

         El último espabilado, es un guionista de Buenafuente que decidió un día dar un paso al frente y ponerse al otro lado de las cámaras. Cuando sea mayor y tenga nietos, si algún día los tiene, les dirá: yo de joven era Follonero. ¡Y bien que hacía honor a su nombre! Su última hazaña ha sido realizar un programita para mostrar al mundo lo que para él es la Iglesia Católica. En su primera entrega se introdujo en medios Vaticanos y de la Iglesia Española dando la nota, fastidiando a todo el mundo y haciendo gracietas que culminaron con la entrega al Papa de la guitarrita de su  obra sublime: el chiquilicuatre.

 

      Durante toda la semana, desde la Sexta, nos han estado lanzando el “cebo” de su “programa” de ayer. No se que hicieron al final, ni me interesa. Su “obra de arte” –según la publicidad previa- culminaba con la grabación de la confesión de sus pecados ante distintos sacerdotes de un “gancho”. La “investigación” consistía en comprobar “quién lo ponía más barato”, sic.

 

        Espero con avidez la presencia de estos brillantes comunicadores ante el Imán de cualquier Mezquita, el Rabino de alguna Sinagoga o el representante de la Iglesia de la Cienciología, con el fin de cachondearse de ellos. A ser posible en Irán, Jerusalén, etc. Porque como son tan valientes, lo harán con seguridad. Para mí, es como si escupieran hacía arriba. Nunca llegan a Dios y su regalito les cae en su cara.

 

        Mi buena noticia de hoy. Estamos llegando a los buenos tiempos para los cristianos. El serlo, nos va a comprometer a manifestar nuestra fe con palabras y hechos. El Evangelio lo dice claramente: Bienaventurados (bendecidos) seréis cuando por causa mía, os insulten y digan toda clase de calumnias contra ustedes. Hoy cuesta manifestarse como cristiano en algunos ambientes. Los “intelectuales” del momento no solo niegan, sino que tampoco respetan, la fe de aquellos que intentamos vivirla. Encima, los que “comunican” desde los espacios pseudos-oficiales de la Iglesia, aprovechan sus micrófonos para sus batallas políticas personales. Pero esto refuerza nuestro ánimo. Ladran, luego cabalgamos. Tenemos que volver a las catacumbas virtuales. A nuestras pequeñas comunidades que se preocupen más de evangelizar y menos de sacramentalizar.

 

       Por cierto, yo no haría jurar ni prometer a los políticos. Bastante m… hemos echado encima de la Cruz o de la Constitución. Saben a conciencia que no van a cumplir lo que juran o prometen. Mi propuesta: que canten quizás, quizás, quizás…