LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                   Málaga 28 de junio de 2010

                       m.montescleries@telefonica.net

 

QUE APRENDAN LOS POLÍTICOS

     Me muero de envidia cada vez que los diversos equipos de fútbol participantes en el Mundial entonan sus himnos respectivos. Desde las gradas y el césped se crea una especie de corriente de apoyo y de solidaridad alrededor del esfuerzo común de un país. En este caso, en un empeño deportivo; en otros, cada vez que lo estiman necesario.

   Desgraciadamente -y me malicio el porqué-, no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo en la redacción de una letra que recoja el espíritu de los españoles en su himno nacional. Así que nos quedamos con el “chunda-chunda” que no compromete a nada ni a nadie. Pero algo hemos conseguido. Observo con alegría y con un punto de emoción, como en los prolegómenos de los encuentros en que participa la Selección Española los jugadores se unen pasándose los brazos por los hombros en un gesto de cercanía y de unión. En un momento determinado, jugadores del Madrid, del Barcelona, del Valencia, del Sevilla o “emigrantes” en Inglaterra, se olvidan de las rivalidades en las ligas cotidianas y de los “odios mortales” de cada partido de la temporada, convirtiéndose en una piña.

     Esta Buena Noticia que me transmiten la fraternidad de sus actitudes y su consiguiente reflejo en los resultados (ya nos hemos ventilado a los suizos, chilenos y hondureños), espero se siga realizando este próximo martes ante Portugal y después… lo que venga. De momento, que nos quiten lo bailado.

      Deberían aprender los políticos de los futbolistas. En los encuentros a muerte súbita que estamos realizando contra el paro, los problemas de la recesión y la crisis económica  mundial, la falta de identidad del pueblo español y la ruptura entre las diversas regiones españolas, los miembros de los distintas opciones políticas se ponen zancadillas, se pelean entre ellos, se echan en cara y magnifican los errores. Jamás se apoyan a fin de ganar el campeonato de la supervivencia y del bienestar. Tan solo quieren estar en la selección valgan o no valgan para ello. Se creen que los goles hay que meterlos en propia puerta, sin entender que los rivales son: los países emergentes, las teocracias intolerantes, el capitalismo radical, la economía y el empleo subvencionados, los malos políticos  y la falta de rumbo en general.

     Es el momento en el que tenemos que buscar un himno -con su letra- que nos represente a todos. Un mismo horizonte, un abrazo entre los que llevamos la misma camiseta y un mucho de comprensión y solidaridad. Ceder en un poco de lo nuestro para hacer crecer lo de todos. En una palabra; un poco de sentido común y mirar –y caminar- en la misma dirección. Así ganaremos los encuentros con las dificultades pendientes y nos sentiremos más orgullosos los unos de los otros. Da igual quien sea el seleccionador. Lo importante somos los jugadores. Que sepamos a donde vamos. Y nos pongamos a andar. Ya está bien  de especular con los pobres resultados. Nada de “jogo bonito”. Juego eficaz.

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LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                   Málaga 25 de junio de 2010

                       m.montescleries@telefonica.net

 

UN PERIODISTA EN HONDURAS

    La profesión de periodista da pie a sacar lo mejor y lo peor de las personas. El ejemplo negativo del oficio lo encontramos sintonizando cualquier canal de televisión o emisora de radio. Voces airadas defienden “su” partido o “su” verdad. No buscan informar a sus oyentes sino adoctrinarles. Lo mismo sucede con la prensa escrita. Leyendo la cabecera del periódico ya conoces la opinión que vas a encontrar.

    De vez en cuando – muy de vez en cuando-, encuentras testimonios de que vale la pena dedicarse a este trabajo que te permite –si así lo pretendes- ser útil a la sociedad. Ha caído en mis manos una crónica publicada en el diario Marca en plenos campeonatos mundiales. El artículo: “Honduras solo vive para su selección” es del 20 de Junio y está firmado por Jesús Ballesteros.

    Les puede parecer un artículo más sobre el mundial, pero nada más lejos de la realidad. Jesús es un chico joven nacido en la Torre de Benagalbón (Málaga). Hijo de un humilde trabajador de la construcción y criado dentro de una familia sencilla que le pudo dar estudios con muchos esfuerzos. Su padre -me contaba-  le ofreció un verano trabajar con él. El joven futuro periodista, entre sudores, le dijo que quería estudiar como fuera. Licenciado en Periodismo trabaja desde hace años para la prensa deportiva nacional.

   Lo más destacable de este caso es que se ha tomado vacaciones durante el mundial para irse de misionero seglar con los Padres Paúles a San Pedro Sula (Honduras). Allí, entre alcohólicos en rehabilitación -con los que trabaja- y niños a los que cuida y enseña a jugar al futbol, esta viviendo –y ganando- otro mundial más importante. “Algunas bromas tuve que aguantar de los chicos. El partido contra España se ha convertido en cuestión de estado. Muchos niños no pudieron ver su Honduras, pues caminan incluso horas para llegar a las clases y aunque parezca mentira, anteponen los estudios al futbol”, recoge su extraordinaria crónica.

    El admirable periodista acaba diciendo: “Tampoco estaría mal que cuando todo esto acabe, los españoles volvamos a echar un vistazo a la pobreza con la que conviven en Honduras. El gobierno en pleno e ha ido a los mundiales (a portes pagados, digo yo) pero la miseria y las necesidades siguen existiendo en un país que adora a España”.

 

    La mejor crónica de los mundiales. Este periodista ha optado por la mejor faceta de la profesión.

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                   Málaga 21 de junio de 2010

                       m.montescleries@telefonica.net

 

LA RACLETTE, LA FONDUE Y LOS SUIZOS

           Estoy enamorado de la Confederación Helvética desde que pisé el Cantón du Valais hace muchos años. Suiza es como un paraíso pero con la nevera abierta. Tiene de todo. No se como es posible que dentro de un territorio tan pequeño, quepa tanta industria, tanta agricultura, tanto dinero y, sobre todo, tanta educación.

         Los miles de españoles que acudieron a aquellas tierras en busca de los francos suizos, (que eran más gordos que los francos franceses), descubrieron que eran acogidos con amabilidad, se incorporaban a unos bien remunerados trabajos y eran recibidos con cariño y respeto, de una forma muy distinta que en otros países europeos que no vienen al caso. Hay un feeling especial entre los hispanos y los suizos. (Por eso supongo que nacerían aquellos automóviles de los primeros años del siglo pasado: Hispano-Suiza). Lo cierto es, que conviven de una forma extraordinaria. Se ha creado una generación de hijos de españoles, nacidos allí, que han recogido lo mejor de ambas formas de vivir y han llevado un punto de “cachondeo” a la tierra de los relojes, el chocolate y los bancos.

       He vivido en aquél país algunos Campeonatos de Futbol de Europa y del Mundo. En esas ocasiones, los disciplinados suizos, han tomado opción por los colores de España, al no tener a los de la bandera de la Cruz Roja en negativo, participando. En los bares de los centros españoles –los únicos en el país con gracia, jamón y paella-, los indígenas se han unido a las huestes españolas para disfrutar y sufrir –más de lo segundo que de lo primero- con nuestra selección.

       Este año no. Han hecho una fondue con carne de toro, una raclette con queso manchego y nos han metido dentro de un bollo suizo. Nos han pasado por la piedra. Todo eso es para nada. Al final se la vamos a devolver y el toro va a montar a la vaca como Dios manda. Pero de momento, nos han cepillado. La culpa la tiene Zapatero. He llegado a la conclusión de que es gafe. No se puede tener más mala suerte. Para una noticia buena que nos iba a dar en su triste quinquenio, vienen los suizos, abren la navaja y nos sacan las tripas. Estoy convencido que lo han hecho “sin querer, queriendo”, como decía “el chavo del ocho”. Lo cierto es que nos han amargado la semana.

       La Buena Noticia de hoy se va a producir esta tarde. Nos vamos a olvidar de los muertos enterrados y desenterrados, de los dramas y las lágrimas de cocodrilo de Almodóvar y Pilar Bardem. Con ardor guerrero, nos vamos a unir todos alrededor de la bandera roja y gualda (no se si gualda es políticamente correcto, perdonen si molesto a alguien). De aquí en adelante: todo seguido: Honduras, Chile, Brasil y quien se nos pongan por delante.

       Al innombrable que le crecen los bajitos, le rogamos que se abstenga de ver los partidos. O que se haga un exorcismo laico por la “Pitonisa Lolay la “Aramís Fuster”. Que sepa que, si se arregla esto, detrás viene: la economía, el paro, el gobierno, el Málaga, lo de Arraijanal,  la guerra de Afganistán y las arrugas de alguna ministra. Esto va a ser jauja. Aprendamos de los que nos han mojado la oreja. A partir de ahora, seremos puntuales como un reloj suizo, tranquilos como las calles del Valais, ricos como los bancos ginebrinos, tolerantes y solidarios como los miembros de un país con la mitad de la superficie de Andalucía y casi los mismos habitantes, donde conviven hasta cuatro idiomas oficiales, tienen templos de diversas confesiones y hacen la mili a plazos.  Encima, meten goles de churro y les perdonan penaltis. Yo quiero ser HISPANO-SUIZO.

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                   Málaga 14 de junio de 2010

                       m.montescleries@telefonica.net

 

EL BAILE DE LOS BENDITOS

        Hace años pudimos ver en nuestras pantallas la extraordinaria película “El baile de los malditos” (1958). Un film bélico sustentado en uno de los mejores repartos de Hollywood, encabezado por Marlon Brando. Posteriormente, Sidney Pollack, rodó una película en la que trata con extraordinario acierto la crisis del 29 en los Estados Unidos; “Danzad, danzad, malditos” (1969) –titulo de este film-, refleja una situación de crisis económica muy similar a la que tenemos ahora en España. Los “pescaitos fritos” de aquella época luchaban por sobrevivir y, como siempre, la clase dominante explotaba y utilizaba su necesidad. ¿Les suena?

      El objeto de mi buena noticia de hoy, es un Baile de los benditos. Según el diccionario de la RAE, el adjetivo bendito significa: feliz, dichoso, sencillo y bienaventurado. Yo añadiría, persona de la que se habla bien. El baile al que me refiero está protagonizado por un colectivo al que quiero mucho y que presenta las características adecuadas para ser denominados benditos: el “segmento de plata”. Aquellas personas que han llegado a una edad en la que vuelven a hacer lo que les apetece dentro de una vivencia jubilosa. Es decir: los jubilados.

      En mis tiempos juveniles, nos reuníamos en alguna casa los fines de semana (hasta las 10 de la noche) los jóvenes y las jóvenas a celebrar un guateque. Provistos de un pikú, los discos de Raphael, Karina y los Bravos, dos Coca-Colas de litro y una mal escondida botella de Larios –por el aquél del frío-. En estos tiempos, en mi casa, ninguno, del montón de hijos que tengo, ha organizado jamás un baile. Y eso que hay sitio. Supongo que se irán a bailar – o lo que sea- a sitios con más ruido.

     El sábado pasado me quité de golpe casi 50 años. Rememoré mi paso por las Milicias Universitarias en Ronda, las “reuniones” en diversas casas y los bailes del minúsculo bar-terraza del hotel Royal. Posiblemente, las personas que bailaban en el Centro Cívico San Rafael de la ciudad del Tajo, eran las mismas que frecuentaban entonces aquel rincón rondeño. Por lo menos, eran de la misma generación. Lo hacían con el mismo ardor e ilusión que en aquellos lejanos años sesenta del ¡¡siglo pasado!! Decenas de jóvenes sesentones y setentones de ambos sexos, le arreaban al pasodoble, al tango y a lo que encartara. Podían mojarle la oreja a la Lomana, la Esteban o el Janeiro. Puro arte.

     El sábado me reconcilié con mi generación. Me dieron una envidia terrible, inmediatamente sentí el deseo de intentar parecerme a ellos. Mientras, en las esquinas de las calles, sentados en los escalones, jóvenes y jovenas esperaban aburridos a que fuera la hora de los murciélagos para coger una toña que les permitiera pensar en lo mal que están las cosas y lo fatal que lo hacemos los puretas.

     El futuro es de la “generación de plata” el “baby-boom” español procedente de la locura de una guerra incivil. Un colectivo que ha vivido la alpargata, el seiscientos, la emigración, el milagro español, el pisito alquilado y el chalet en la playa. Una generación que está hecha a todo. Al jamón y al pan con aceite. Al merendero y la tortilla. A los buenos tiempos, a los malos y a los peores. Curtidos por el llanto y la esperanza.

     Mientras, los gilipuertas que nos gobiernan, nos quieren dar lecciones de austeridad quitándonos el chocolate del loro. Aguantaremos. Nosotros todavía lo sabemos pasar bien con un paquete de pipas, un tinto con Revoltosa y un acordeón acompañado de un “Yambar”. Y a bailar hasta reventar. Danzad benditos, danzad. La juventud se tiene en el corazón.

JUAN Y MEDIO

6 f, 10

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                   Málaga 7 de junio de 2010

                       m.montescleries@telefonica.net

 

UNA CAIDA CON SUERTE

      Tengo el convencimiento de que hay caídas que te hunden y otras, que te hacen  rebotar, sacar fuerzas de flaqueza y resurgir con más vigor. Todo depende de que la pelota de tu vida esté llena de ilusiones o esté pinchada por el desanimo. Esta aseveración está basada en mi experiencia personal. En el cajón de mis “Historias para no dormir”, está depositado desde hace varios años, un libro corto que se denomina “Las tres caídas”. En él, narro como tres “leñazos”,  me han tirado por tierra, me han dejado cojo, medio inválido y feliz.

      La última  de ellas, que derivó en la rotura de mi segunda rodilla,  motivó la consiguiente operación, la incapacidad absoluta, el paso por la sillita de ruedas, unos meses con muletas y una ostensible cojera. En estos momentos, me encuentro pendiente de otra intervención “rodilleril” a fin de poder desplazarme con dignidad. Este trompazo y su consiguiente periodo de inmovilidad, motivaron mi acceso a la Facultad de Periodismo y la puesta en marcha de la segunda mejor parte de mi vida.

    Pero no quiero hablar de mí. La buena noticia de hoy me la proporciona Juan y Medio. Un extraordinario comunicador, al que tuve la oportunidad de entrevistar en profundidad con motivo de la redacción de mi tesis sobre “los Mayores y la Televisión”. Aquél día, descubrí el magnifico ser que se esconde detrás de un bigote y una sonrisa cachonda. Un periodista con una gran capacidad de empatizar con cualquiera; especialmente, con los segmentos que difícilmente pueden ser engañados: los mayores y los niños. A lo largo de dos centenares de  entrevistas a mayores de Málaga y su provincia, he podido comprobar que, salvo algún snob que ha puesto una pose conceptual, los mayores andaluces adoran a Juan y Medio. Los respeta y es respetado por ellos. Se ríe con ellos, no de ellos.

     Juan y Medio se ha caído con todo el equipo. Le gustan las motos grandes y los caballos. Cuando le conocí, se me presentó a lomos de una bicicleta. Esta vez, para cambiar, se ha puesto a patinar y se ha hecho trizas una pierna. El dicho de mi amigo Juan el de Cartajima -que tantas veces les he trasladado en mis escritos-: “en las cuestas arriba quiero ver el mulo (con perdón), que las cuestas abajo… yo me las subo”, se ha hecho realidad una vez más. Juan y Medio ha tirado de dignidad, de c… y de fuerza mental y ha seguido haciendo una maravillosa televisión. Como siempre. Esta vez en silla de ruedas, con dolores e incertidumbres.

       Acabo de hablar con él. Se tiene que operar hoy de nuevo. Está en la puerta del quirófano. Pero fuerte y animado. Hace unas noches, le hicieron una entrevista en Canal Sur antológica. Defendió a sus mayores y a sus niños con apasionamiento. Elevó la moral de los disminuidos físicos, con más fuerza y argumentos que catorce decretos del Ministerio de “Igual-da”. Reconozco que soy de lágrima fácil. Pero anoche me “jarté”. Vaya entrevista y vaya entrevistado. Para ponerla como ejemplo en las aulas universitarias. Después, les darán los premios a los de siempre. Triunfará la bazofia y la merdellonería. Pero cuando Juan sea tan mayor como yo, se sentirá feliz de haber sido útil a la sociedad y de haberle alegrado la vida a sus mayores. Ese será su mejor premio.

   La estará pasando canutas. Pero debe saber que su caída ha servido para elevar la autoestima de tantos otros que nos sentimos zarandeados por la vida, las dificultades y los años. Su sufrimiento ha servido para dar un ejemplo de superación a los que lo necesitamos. Gracias una vez más. De verdad eres un gran tipo… y medio. Al final, los andaluces hemos tenido suerte con tu caída. “No hay mal que por bien no venga” –decía mi abuela-. Y continuaba: “ni mal que cien años dure” y concluía con una risita: “ni cuerpo que lo resista”. Tu eres grande –en toda la acepción de la palabra. Los grandes nos lo tragamos todo. Que te mejores.