LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 28 de febrero de 2011

m.montescleries@telefonica.net

 

“POBRES”

 

      Estamos en la situación más idónea para redactar una tesis doctoral sobre la pobreza. No tendríamos que desplazarnos a mucha distancia para realizar el trabajo de campo. Sin salir de Málaga, podemos encontrar, desgraciadamente, pobres de distinto grado e integrantes de diversas categorías.

     El diccionario de la RAE recoge como definición de pobre la siguiente: “necesitado; que no tiene lo necesario para vivir”; posteriormente recoge las siguientes clasificaciones: “pobre de solemnidad; pobre limosnero, pobre voluntario y pobre de mí”. En el acervo popular se habla de “pobres de espíritu”, “pobres vergonzantes” y otras. Pienso que pobre es el que carece de algo. Se puede ser pobre con una sustanciosa cuenta corriente cuando se carece de afecto o de motivos para vivir. Pero basta de teorizar, vamos a lo nuestro.

    Mi buena noticia de hoy, me la proporciona un hombre del Palo. Un seguidor del Evangelio de Jesucristo que ha tomado una opción definitiva por los pobres. Por los pobres absolutos, ese grupo de hombres y mujeres que cubren su carencia de comida y de ropa en la institución que este paleño mantiene desde hace años, pero que además reciben un valor añadido: el acompañamiento en la soledad.

     Los descubrí hace poco. Me invitaron a dar una charla de ánimo a un grupo de necesitados de la barriada malagueña de “El Palo”. Llegué tarde. El aparcamiento era imposible. Cuando me puse de pie para hablar el alma se me vino a los pies. Cuarenta caras expectantes me interrogaban. ¿De que nos va a hablar este tipo? Tan solo me atreví a decirles con vergüenza: “Soy un pringao que no tiene derecho a hablaros de nada, tan solo os puedo decir que os quiero y quiero compartir vuestra soledad”. Se trataban de pobres absolutos, viven en la calle, solos, sin proyecto de vida, llenos de adicciones y de carencias, con el único amparo de la institución en la que se encontraban. Mientras le repartían la bolsita de alimentos que les iba a permitir llenar su noche de soledad callejera, me aparté a un rincón y me puse a llorar. Cuanta pobreza y cuanta soledad; pero al final me vine arriba. Que gran noticia la existencia de esa institución. ANFREMAR. Allí no se habla de votos ni de IPC. Allí se crea una especie de familia entre los iguales. Ante esos hermanos no tengo categoría para abrir la boca y mucho menos aconsejarles. Yo me limité a quererlos. Y pedirles perdón en nombre de la sociedad en la que no hemos podido, o sabido, darles motivo para integrarse con nosotros. Yo, humildemente, me dirijo al Dios que ellos representan para pedir que esta humanidad se merezca dicho nombre.

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Contrastes

20 f, 11

BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                   Málaga 14 de febrero de 2011

                       m.montescleries@telefonica.net

 

“CONTRASTES”

 

      Me ha podido, tengo que confesar que me ha sorprendido. He vuelto a caer en el error de no valorar la verdadera dimensión de una persona. A medida de que los años van pasando por tu vida, presumes que tu capacidad de asombro –síntoma de inteligencia- se encuentra totalmente agotada. Pero aun te queda espacio para descubrir las maravillas que sigue, y seguirá, produciendo el ser humano. Cuando eres joven te crees que lo sabes todo y cuando eres mayor descubres que no sabes nada. Iba a interrogar a una monja y me sentí interpelado. Qué contraste.

      Mi buena noticia de hoy, me la ha proporcionado una entrevista de más de una hora que he realizado a una monja malagueña de clausura. Una persona que conocí en los alrededores de sus 20 años y que, más de cinco lustros después, tengo la oportunidad de conocer en profundidad a lo largo de una conversación trascendente. Pertenece a una comunidad que viven la clausura completa tal como la diseñó Santa Teresa, pero, dentro de ella, está más cerca del mundo y sus problemas que la caterva de “listos” que plagan de “sentencias” los platós de televisión. Me ha dado su opinión de la Iglesia actual y del mundo en general con tal claridad y visión de futuro, que me ha hecho sentir reconfortado al comprobar que los cristianos contamos con la intendencia de personas que se dedican a rezar desde allí, por los que vivimos un aquí incierto. Dejé una tímida estudiante de medicina y me encuentro con una Hija de Santa Teresa  totalmente roqueña. Qué contraste.

       Su conversación destila felicidad; su cara, bellísima por cierto, transmite una sonrisa diáfana que se aparta de la carcajada que nace del “reírse de” al “reírse con”; Belén, que así se llama mi amiga carmelita, es un pedazo de monja de más de 1’80 de altura corpórea y una aún más alta estatura espiritual. En una hora ha cargado mis pilas y las de mi acompañante para muchos años. Mientras, a diez metros, cruzando la calle, unos y otros se siguen insultando, resaltando los defectos de los demás, ensalzando el propio ego y buscando la felicidad en la descalificación y el odio. Qué contraste.

 En el 2008 escribía un artículo en el que me hacía eco de la labor que estaba realizando una monja navarra en La Palmilla, uno de los barrios más degradados económicamente de Málaga. A esta maravilla ambulante, María de los Ángeles, la denominaba en aquél artículo como una “monja de escopeta y perro”. No llevaba hábito ni le hacía falta. Se notaba que estaba al servicio de Dios y los hermanos desde que abría la boca. Hoy está en un convento norteño cuidando de sus compañeras impedidas. De la Palmilla a un convento roncalés, que contraste.

    Dios nos bendice con personas como Belén, otra “monja de escopeta y perro”. Me quedo con su estilo. La sencillez apasiona. Por cierto, en su convento casi no ven la televisión desde la aparición de la TDT. Alguien les regalo un receptor moderno pero se le olvido de dejárselo bien sintonizado. Ni falta que les hace. En nuestras casas domotizadas hay uno en cada cuarto y, claro, casi no hablamos entre nosotros. Qué contraste.

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                   Málaga 14 de febrero de 2011

                       m.montescleries@telefonica.net

 

“VALORES”

 

    Se lleva  mucho hablar de “valores”. No del valor humano (en el sentido de coraje o entereza), ni de los documentos bancarios que se cotizan en bolsa para desgracia de muchos incautos. Se pontifica mucho sobre los valores espirituales (o materiales) que permiten la mejora de la situación propia y de la relación con los demás. Todo el mundo llega a la conclusión de que el problema de la humanidad está sustentado por la pérdida de “valores”.

    El quid de la cuestión, y la premisa que nos impide ponernos de acuerdo, estriba en la determinación de los valores que son necesarios para mejorar el mundo, así como el método para reconocerlos, obtenerlos y difundirlos; su consideración como tales depende de las diversas etapas económicas, políticas y religiosas de la época en que se vive; en una palabra, del espacio cultural (en el más amplio sentido de la palabra) en que se mueve el ser humano en un determinado tiempo y lugar. Por ejemplo: durante muchos años han estado asustando a la civilización occidental con la llegada del comunismo, mientras nos bombardeaban con el consumismo, dos posturas que, a mi entender, llevan consigo muchos valores negativos.

    Pero, yendo a lo mío, me siento en la obligación de comentar como mi buena noticia de hoy, que cuando se asumen los valores de la solidaridad y el servicio, se consiguen muchas más satisfacciones que cuando se persiguen los del dinero, poder o prestigio. Se acaba pobre e incomprendido pero feliz. Esta semana, uno, que se mueve por ese mundo, se ha llevado dos o tres refregones de mucho cuidado; (cuando te metes a redentor, siempre sales crucificado). Pero también tienes momentos de felicidad y plenitud. Desde siempre he procurado transmitir a mis hijos la idea de que es mucho más importante ser que tener. Y lo han entendido. Mi buena noticia, me la transmite un amigo; ha tenido que realizar una gestión, inopinadamente se le presenta un hijo mío y se ofrece a ayudarle en lo que sea necesario. Se ofrece y lo hace. Mi amigo decía que no era eso lo normal. Yo creo que sí. Lo que es anormal es la jerarquía de valores actual de la sociedad. Como comprenderán he disfrutado con la acción positiva de uno de los míos más que si me hubieran dado la bota de oro y el premio Nobel a la vez. Me siento orgulloso de ser padre. Un padre tieso y sin honores, pero que ha sabido transmitir el medio para llegar a ser feliz. Olé mi niño. Acerté al ponerle el nombre.

     De la “buena noticia” que nos da ETA mejor no hablar. Ojalá fuera de verdad.

Pavarotti 2

6 f, 11

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                   Málaga 7 de febrero de 2011

                       m.montescleries@telefonica.net

 

“PAVAROTI”

 

    Sí, llevan razón, me he equivocado en el título, lo he hecho a sabiendas; sé que el apellido del, desgraciadamente, desaparecido tenor italiano se escribe con doble t. De Luciano Pavarotti hablaremos en otra ocasión; hoy quiero recoger como mi buena noticia la vida y milagros de un modesto canario que dulcifica la soledad de un amigo mío.

     “Pavaroti” es un canario desarraigado. Su ubicación, en un piso perdido en un edificio mastodóntico dentro de la selva del asfalto, le impide escuchar a otros congéneres. Es más: al vivir en el hogar de un hombre solitario, tan solo le permite escuchar las voces de la televisión o las conversaciones telefónicas de su suministrador de alpiste.

    A pesar de todo “Pavaroti” está contento. Y yo con él. Su compañero de vivienda, un jubilado que sufre la separación de su familia desde hace décadas, estuvo a punto de tirar la toalla hace unos años. Una serie de graves enfermedades que se unieron para presentar la queja de la naturaleza de un ser humano, provocada por su situación de soledad e incomprensión, le llevaron a la dejadez, el abandono personal y, finalmente, al ingreso en un hospital para cumplir el trámite del pasar a mejor vida.

    El compañero de vivienda de “Pavaroti” no sabe ni cuando, ni como, sucedió el milagro. El caso es que recobró las ganas de vivir y se puso a la tarea. Poco a poco ha ido recobrando lo que los franceses llaman “la joie de vivre”, la alegría de vivir, la alegría de amar, la alegría de despertarse para alguien, para seguir siendo persona, para cambiar el agua y la comida al amigo alado con quien convive.

     He visitado ese piso que ha vuelto a ser un hogar. Lo he hecho por sorpresa. En lugar de un montón de cacharros desordenados, de unas habitaciones deplorables con apariencia de refugio de alguien que padece el síndrome de “Diógenes”, me he encontrado un pisito ordenado y agradable, con detalles sencillos pero de buen gusto y con unos propietarios: mi amigo y “Pavaroti”, felices y con un futuro esperanzador que nace de la vitalidad del presente.

    Al salir camino de mi casa, contento por lo que acababa de presenciar, analicé en que había consistido el milagro de mi amigo. Llegué a la conclusión de que algunos de los que le conocíamos no habíamos perdido la esperanza en él. Su familia directa sí. Pero esa es otra que no me atrevo a juzgar, sus conciencias lo dirán. Un grupo de amigos, le seguimos visitando, regañando y queriendo. Al final, el amor pudo a la soledad. “Pavaroti” ha tenido mucho que ver en esto, el ha sido sal y luz. Desde luego que sí; San Francisco tenía razón.