El hábito no hace al monje… pero ayuda

6 f, 11

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 7 de marzo de 2011

m.montescleries@telefonica.net

 

“HÁBITOS VAQUEROS”

 

      Siempre se ha dicho que “el hábito no hace al monje”, pero ayuda a entender lo “que hay dentro”. Cuando vistes de uniforme, o portas una indumentaria característica, te transformas en la manera de actuar y, a veces, hasta en la manera de pensar. Quién no ha adquirido ardor guerrero en su chupa cuartelera o fervor mariano con la túnica de la Esperanza. En ocasiones, el hábito, además de costumbre se convierte en una especie de careta transformadora.

       Los que toman una opción definitiva por una vida contemplativa, modifican su aspecto enfundándose en unas vestimentas arcaicas nacidas de la vida monacal de la edad media. Aunque el continente se ha mantenido, el contenido se ha ido aggiornando paulatinamente hasta llegar a las actuales vestimentas de las comunidades integradas por monjas y frailes. Dichos atuendos  definen claramente si se trata de comunidades de contemplación o el servicio. Estos últimas han adaptado sus ropajes a lo funcional y no es raro encontrarse religiosos con vaqueros y jerseys.

       Me barrunto que la comunidad de “Veroniquesas de Lerma”, que han formado el “Iesu Communio” (vaya nombrecitos), ha hecho una transformación completa en su atuendo y, sobre todo, en su forma de vivir la vida contemplativa. Van a rezar y a actuar; realizan su labor de apostolado con “encuentros con personas de toda condición, en grupos pequeños o numerosos, acogidos por la comunidad en grupos y en la Iglesia”. Me suena, me suena. Algo así se recoge en los Hechos de los Apóstoles, o se ha ido realizando los cincuenta últimos años en los Cursillos de Cristiandad; doy fe.

      Cuando se plantea el Evangelio, puro y duro, con palabras y con hechos, los evangelizados, especialmente si son jóvenes, son arrastrados por la belleza apasionante de su contenido. Después, los “católicos oficiales” somos los árboles que impedimos ver el bosque de Jesús de Nazaret. Pero esa es otra. Las doscientas mujeres de 18 a 35 años de Lerma nos demuestran que los valores cristianos son, desde los últimos 2.000 años, asumibles con alegría e ilusión. Un claro ejemplo de lo que debe ser el cristianismo del siglo XXI.

     El habito-jeans, ha dignificado aun más el tejido rescatado de las tiendas de campaña de los mineros por un avispado comerciante de la California del XIX (un tal Levi-Strauss, -ojo: no confundir con el antropólogo-). Con ese tejido duro y resistente empezó a confeccionar pantalones que han invadido el mercado y que han cedido su género para confeccionar todo tipo de prendas; la última: el hábito monacal.

    La buena noticia es que la Iglesia pare con dolor nuevos  “hábitos”=“ropajes” y “hábitos”=manera de ser y actuar. Doscientas chicas, jóvenes e inteligentes, y las que he visto, bastante guapas, han cambiado las referencias  del “Gran Hermano”, “Sálvame”; el botellón y las “Princesas del Pueblo” por las de amar (de verdad) y servir; las de Francisco de Asís y Teresa de Ávila. Dios las ha bendecido y a nosotros también con su presencia. Un soplo de aire fresco.

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