PERIODISTAS HOOLIGANS

8 f, 11

LA BUENA NOTICIADEMANUEL MONTESCLERIES

                       Málaga 9 de Mayo de 2011

                         m.montescleries@telefonica.net

 

¿PERIODISTAS?

 

        La duda me corroe. No se si a la vejez me he vuelto a equivocar de camino. Me las prometía muy felices cuando tome la opción de dedicar la tercera parte de mi vida a formarme como periodista y actuar como tal. Siempre he sido un lector impenitente de periódicos, por consiguiente, he sentido -y sigo sintiendo- gran admiración por los que transmiten las noticias en letra impresa. Leer a Capmany o al maestro Alcántara, entre otros, ha sido y es un placer para el intelecto. Con sus escritos se cubren los preceptos sagrados del periodismo: formar, informar y entretener.

     A lo largo de esta semana he tenido que reconocer que el gremio ha tomado un rumbo nefasto con la proliferación de periodistas “hooligans”. El “hooligan” es una especie asilvestrada que nace en Inglaterra procedente de la evolución antinatural del aficionado: se convierte primero en hincha, después en forofo y, finalmente, termina en hooligan. Extraigo esta definición de hooligan de la red Internet: “seguidores de equipos de fútbol que han producido disturbios o realizado actos vandálicos, que en ocasiones pueden derivar en tragedias”.

     En mi opinión, buena parte de los periodistas deportivos españoles han caído esta semana en las redes de los agitadores futbolísticos formadas por entrenadores “llorones”; jugadores teatreros, rompepiernas y maleducados en general; directivos que mezclan la política con el deporte, etc. y han pasado al último estadio del tirón. He sentido vergüenza ajena con algunos “periodistas-hooligan”, individuos que se han puesto de moda en los tiempos actuales y que cobran, en fama y en dinero, de forma proporcional a las burradas que dicen y a lo enervados que ponen a sus oyentes o lectores. Otro día comentaré los “periodistas hooligans políticos”.

    Mi buena noticia de hoy, es que todavía hay muchos profesionales “fetén” ejerciendo el noble oficio del periodismo. Tan solo hay que entrar en la red digital y descubrir los cientos de periodistas de investigación o de opinión que a diario plasman en sus escritos la realidad de la vida; o ese montón de “negros” (yo conozco a alguno), que pierden la noche y las pestañas en las redacciones para escribir noticias (a tanto la palabra) que después firman otros a los que les da tiempo para estar en todas las partes y en todas las fotos. Tengo que reconocer que hay periodistas coherentes, formados e informados, serios y profesionales que se tragan ruedas de prensa en las que no les dicen nada y luchan por transmitir la verdad con las direcciones de los periódicos, más preocupadas de la pela que de la veracidad.  

      Por cierto, no me puedo resistir a comunicarles una sencilla “buena noticia”: en una perdida calle de Alhaurín el Grande, la tierra de mi abuelo, leo en la puerta de un taller de fontanería: “una vez a la semana, se hacen reparaciones gratuitas a una familia necesitada, apuntaros aquí”. Sin comentarios. Seguiré siendo periodista de buenas noticias. Vale la pena.   

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