Aniversario el 11-S

11 f, 11

LA BUENA NOTICIADEMANUEL MONTESCLERIES

                      

                  Málaga 12 de Septiembre de 2011

                          m.montescleries@telefonica.net

 

DIEZ AÑOS DEL 11-S

 

        Ayer se cumplieron los diez años desde el atentado del 11-S-01. Aquél día me encontraba almorzando mientras veía el telediario de Antena 3 como de costumbre. El parón que hizo el locutor no me hizo presagiar nada bueno. Unas imágenes aterradoras inundaron nuestras pantallas y nos llenaron de angustia. El choque del segundo avión con la torre que aun quedaba intacta lo pudimos presenciar en directo. Lo siguiente ya lo conocemos todos… pánico, terror, lo que queramos. Y después, dos atentados más; el de Madrid y el de Londres. Miles, cientos de muertos, que más da. El mundo cambió hace diez años. El mundo de la gente corriente, como siempre. Las victimas de estos atentados se eligieron entre los “curritos”. Curiosamente, salvo en los países tradicionalmente golpistas, las victimas, en su gran mayoría se encuentran entre la gente de a pie.

 

       La buena noticia de hoy, la baso en la capacidad del ser humano de sufrir, lo que no le priva de recordar y de solidarizarse en la desgracia. He tenido la oportunidad de visitar recientemente la Zona 0 y sus alrededores en N.Y. donde se trabaja denodadamente por reconstruir lo asolado pero donde también se recuerda con multitud de velas, flores, oraciones en papel y señales de respeto la memoria de cuantos perdieron la vida en aquél atentado. Lo mismo sucede en los alrededores de la estación de Atocha en Madrid, donde se ha plantado un bosque del recuerdo. Que capacidad tiene el ser humano para resurgir de las cenizas del dolor y el sufrimiento.

      El problema del terrorismo lo tenemos con los iluminados, los “salvadores de la patria” y los “ideólogos”. El último ejemplo lo tenemos con el atentado del “redentor” noruego, (menos mal que los señores de Lacoste le han prohibido ponerse prendas con el cocodrilito; hay que ser capullos). Los bichos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz.

 

     Yo me sigo quedando con los “pescaitos fritos”, esos bomberos, policías, soldados, sanitarios, voluntarios y gente anónima que siempre están ahí al pie del cañón para intentar evitar y ayudar a remediar los problemas que surgen de las soflamas de los “gurus” sustentadas casi siempre en la falsa interpretación de las religiones que, a veces, conduce a la guerra. Las escenas recogidas magistralmente por la película de Oliver Stone que pudimos ver de nuevo hace unos días se pueden resumir en la escena final. Un grupo de hombres, animados por la solidaridad y mezclados por el amor al prójimo, consigue rescatar a dos policías de las garras de la catástrofe y, sin artilugios mecánicos, de mano en mano, van pasando a los heridos de la muerte a la vida. El sentido del amor de ellos a sus familias (sentimiento que les ha mantenido vivos) y de la sociedad hacia sus miembros les ha salvado. Tomemos nota.

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