LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                     

Málaga 28 de Noviembre de 2011

                        

                         m.montescleries@telefonica.net

 

 

        Parece que le he cogido gustillo a los programas de televisión. Hasta que no me pongan la rodilla de “caoba”, (estoy en puertas de una operación), voy a tener que estar mucho tiempo ante la “caja tonta”. Me estoy reconciliando con la televisión. Proyectan películas extraordinarias, maravillosos reportajes sobre nuestro mundo y el de nuestros antepasados, concursos totalmente blancos y entretenidos, documentales didácticos extraordinariamente educativos (les recomiendo el viejo programa de la 2 de RTVE: El origen del hombre, en “La odisea de la especie”, que están reponiendo ahora) y otros muchos espacios que consiguen cumplir los fines de la comunicación: formar, informar y entretener. Además, telebasura. Pero ese es otro tema.

 

    Días pasados me llevé la agradable sorpresa de comprobar como la buena fe y la sencillez pueden con la mala baba y el retorcimiento. En el programa “Tú sí que vales” de Telecinco se presentó una pareja de imitadores cubanos -de dudoso gusto- que consiguieron encantar al auditorio, al jurado popular y a dos miembros del jurado profesional. El tercero: Risto Megide, un excelente comunicador al que han contratado para poner el contrapunto a la sensatez y a la buena voluntad del resto de los miembros del jurado, le hizo a uno de los cubanos una propuesta tentadora, terrible y con muy mala idea: le daba el punto necesario para pasar a la final y el premio en metálico de la noche, si abandonaba al compañero e iba a la final en solitario. Sin pensarlo, el concursante tentado -entre lágrimas- dijo que no, rotunda y definitivamente; prefería perder a abandonar al compañero. Risto, demostrando su valía oculta, le dio el punto imprescindible para que la pareja accediera a la final, amparándose, ahora sí, en el compañerismo y la gallardía del concursante tentado. La escena terminó con el “vosotros sí que valéis”.

 

     Mi buena noticia de hoy me la proporciona una vez más la gente sencilla, la que tiene muy claro cuales son sus valores y no se vende por un plato de lentejas. Tipos como el cubano. Hay más de los que nos parece, o se nos hace creer que existen. Me remito a una noticia de la que soy medio protagonista. Participé, días atrás, en un programa de la mañana de Canal Sur como representante de una ONG que atiende a niños y madres con dificultades económicas, en la que colaboro. Me hicieron una entrevista teniendo como fondo unas estanterías vacías de “potitos” que manifestaban claramente que se nos habían acabado las existencias. Inmediatamente, se bloquean los teléfonos por las llamadas. ¿De quién? ¿De cadenas de alimentación o grandes superficies? ¿De banqueros o de políticos? Supongo que intuirán la respuesta. De los pobres y los sencillos. Parados, madres de familia, jubilados, etc., que me envían seis potitos, dos cajas de pañales o 100 euros. Gente corriente. Pescaitos fritos solitarios. Todos ellos me hacen gritar ¡!!Tú sí que vales!!!

         Por otra parte, dos días después, unos malagueños, jugadores participantes en un torneo de golf amateur, han pagado sus errores a tanto el fallo y nos acaban de enviar más de 4.000 euros. ¡!4.000 potitos!!! Buena gente.

 

      Parece que escucho los comentarios de mis lectores. –Ya está Manolo con sus “milagritos”-. Me da igual. Hay que decirlo.

PEKIN EXPRESS

20 f, 11

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                     

Málaga 21 de Noviembre de 2011

                        

                         m.montescleries@telefonica.net

 

 

        Veo mucha televisión por dos razones. En primer lugar, por necesidad; en mi trabajo como “juntaletras” tengo que estar muy informado de todo lo referente a la comunicación. En segundo lugar porque me gusta; pienso que la televisión es el medio de difusión con más posibilidades, hoy por hoy, de incidir en la educación en valores de la sociedad.

 

    Por eso me sentí muy agradablemente sorprendido el domingo pasado mientras presenciaba el desarrollo del programa Pekín Express emitido ese día. Pese a su título el concurso se desarrolla en África. Las cosas de la televisión. Las ediciones anteriores se celebraron a lo largo y ancho de la estepa asiática hasta culminar en Pekín y el programa se ha quedado con ese nombre.

 

    El contenido del concurso se basa en la habilidad de distintas parejas de concursantes para conseguir ser trasladados, y a veces transportados, alimentados y alojados, de forma gratuita a lo largo de las diversas jornadas, mientras son sometidos a dificultades y hándicaps diversos. Las etapas son ganadas y premiadas sustanciosamente por aquella pareja que consiga terminarlas en primer lugar.

 

    El pasado domingo, un matrimonio granadino, “Cuqui y David”, estaban a punto de ganar una de ellas. La bandera del programa, que representa la meta, estaba a la vista. Casi tropiezan con un niño de unos 10 años que está tirado en su camino. Paran y comprueban que se está muriendo mientras los convecinos pasan a su lado sin prestarle la menor atención, pendientes de los concursantes del programa. Durante unos segundos sus intenciones se debaten entre atender al niño o ganar la etapa. Soltando un taco –“que le den por… al concurso”-, deciden atender al niño. Le dan lo que tienen, agua y alguna fruta. El niño, tras un par de minutos angustiosos, se reanima. Les dice que tenía hambre.

 

    Una vez superada la situación crítica, los concursantes “Cuqui y David” culminan la etapa que, obviamente, no ganan. Ni falta que les hace. Se dan el abrazo de felicidad más grande de todo el concurso. Sorprendentemente,  en el reparto de premios de la etapa no se hace mención del hecho. Una vez más se valora más el reglamento que el sentimiento.

 

  Mi buena noticia de hoy son Cuqui y David. Para mí, ellos son los ganadores del concurso. Enhorabuena. De las elecciones habla hoy mucha gente.

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                     

Málaga 14 de Noviembre de 2011

                        

                         m.montescleries@telefonica.net

 

Botar o votar, he aquí el dilema

 

        Se acerca el “día D”. Una vez más, y esto de por sí es una buena noticia, los españolitos de a pie podemos determinar quienes van a regir los destinos de nuestro país en los próximos cuatro años. Lo que me sucede es que me debato entre lo que me pide el cuerpo y lo que se desprende de mi corta inteligencia.

 

    El cuerpo me pide botar a todo lo que huela a político profesional (me he cerciorado de lo que dicela Real Academiadela Lenguacon respecto al verbo votar: Arrojar, tirar, echar fuera a alguien o algo). Pero mi obligación como ciudadano, y mi esperanza como ferviente seguidor de la utopía, me animan a ejercer el sagrado deber del voto el próximo domingo y consecuentemente votar. Lo bueno es que votando a unos, botamos a otros.

 

    Una vez despejada la primera incógnita, surge la segunda: a quién votar. Si tuviéramos la suerte de poder acceder con nuestro sufragio a las listas abiertas, nuestro problema quedaría prácticamente dilucidado; escucharíamos los mensajes y compromisos personales de los candidatos y obraríamos en consecuencia. El problema estriba en que, votemos a quien votemos, estamos confiando el futuro de España en manos (mejor dicho, en el dedo índice) de los “jefes” de los distintos grupos políticos que dictaminan que tiene que votar en masa sus “dirigidos”. Las ideas y propósitos personales de los diputados y senadores quedan supeditados a los deseos y ambiciones del partido.

    Los partidos, ¡ay los partidos!, ni se aclaran ni nos aclaran sus intenciones. Yo estoy buscando un espacio demócrata-cristiano, español y españolista, liberal y libre, respetuoso con las ideas ajenas, ni abortista ni eutanásico, ni racista ni homófono. En fin, yo estoy buscando un partido al que posiblemente solo votaría yo, o, quien sabe, otros buscan lo mismo que yo.

 

     Ante las listas presentadas me encuentro con personas de los diverso partidos, que posiblemente tienen mi mismo criterio, pero no se hasta donde llega su libertad. La buena noticia de hoy, es que tengo la posibilidad de elegir entre ellos. El problema está en determinar quién se acerca más a mis deseos. También me queda la opción de votar en blanco. O de votar a unos para botar a otros. ¡Que dilema! De aquí al domingo 20 decidiré.

 

     Ir, voy a ir, aunque sea “pa na”. Hasta ahora he perdido todas las votaciones.

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

                     

Málaga 7 de Noviembre de 2011

                        

                         m.montescleries@telefonica.net

 

COMER HASTA EL DÍA 20

 

     Una gran mayoría de los seres humanos que pululan por este laberinto que llamamos tierra dedican todo su tiempo y esfuerzo para conseguir cubrir su necesidad más elemental: comer. Algunos incluso, los más privilegiados, comer varias veces al día.

 

    Esta situación, que antes pensábamos que se producía en países distantes y distintos, se nos ha planteado inadvertidamente en nuestras propias narices. La pobreza se ha enseñoreado en la prepotente Europa y se ha enquistado enla Españadel “estado del bienestar”.

 

   Ante esa situación, hasta hace pocos años insospechada, he recibido con recelo, rápidamente desechado, mi primera felicitación de Navidad. Me viene bajo el soporte de un power-point reforzado por la musiquilla de la lotería de Navidad. Dentro viene un recuerdo en forma de sablazo leve, de esos que agradece uno por poca buena voluntad que posea. Es del Comedor de Santo Domingo. Una institución creada en 1985 por un jesuita (uno de los santos de la época) y un grupo de seglares que aprovecharon el local de una vieja escuela de la calle Pulidero (en pleno llano perchelero) para montar un comedor para los necesitados. Comenzamos a ayudarle llevando comida en especie y hoy, perfectamente gestionada, es considerada una institución de utilidad pública y sirve más de 100.000 comidas anuales a casi 17.000 personas sin acepción de raza, religión, estado o sexo.

 

    La llegada a mi poder de la felicitación, que agradezco, me ha vuelto a hacer recordar la llamada recibida esta semana -en un programa de televisión en el que colaboro- de un televidente en la que ponía en duda la honestidad de las ONGs. Que quieren que les digan, a los que acuden a ellas les cuesta el tiempo, la salud y el dinero. Y encima la incomprensión de los que no tienen corazón ni redaños para ayudarles, excusándose en las manzanas podridas, que también las habrá.

 

    Si volvemos al comedor de Santo Domingo o a los Ángeles Malagueños de la noche, están regidos y administrados por voluntarios, casi todos de cierta edad,  que basan su actividad en el amor al prójimo, especialmente a los más necesitados, respetando sus costumbres; se cuidan muy mucho de no suministrar alimentos prohibidos por la religión de sus acogidos y aumentan el valor energético de la alimentación  con el afectivo de la comprensión, la conversación, el respeto y el cariño.

 

   Que no me toquen a los voluntarios. Como diría una musa de la televisión: ¡Por ellos mato! Es broma; estamos acostumbrados a poner la otra mejilla, pero la humildad es la verdad. Me siento muy orgulloso de ser socio y voluntario de estas instituciones. Por desgracia cuando la justicia social no prevalece, la igualdad de oportunidades brilla por su ausencia. Cuando el mundo está mal administrado y repartido, la capacidad de amar de unos tiene que suplir la ineficacia de otros.

 

   Nota. Escuchando las declaraciones de los políticos, del no tan amplio espectro, candidatos de estas elecciones, puedo colegir que a partir del día 20 estas instituciones de atención a los necesitados cerraran por ser innecesarias. Después…ya hablaremos.