“er puente romano”

25 f, 13

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

Málaga, 26 de agosto de 2013

“Er puente romano”

 

Cierto día de verano, hace ya de esto varios años, un amigo mío, cachondo por naturaleza, invitó a cenar a un grupo de matrimonios en un establecimiento de la costa oriental malagueña. Uno de los invitados –bastante “tisqui-misqui” por cierto- le preguntó que a donde iban a celebrar la cena. –En “er puente romano-, respondió sin dudar el interpelado. Sin más conversación, quedaron para las nueve de la noche en la Torre de Benagalbón. Junto al cuartel de la Guardia Civil.

 

A la hora establecida descendieron de unos vehículos pulcramente lavados para el evento, tres matrimonios engalanados. Ellas con traje de cóctel y ellos con chaqueta y corbata. El cachondeo fue general. Los invitados pensaban que iban a una sucursal del famoso Hotel Puente Romano de la milla de oro en Marbella. La realidad es que iban a un merendero ubicado debajo del puente que eleva la antigua carretera nacional 330 sobre el arroyo de Granadillas, en el límite  entre el Rincón de la Victoria y la Torre de Benagalbón.

 

Aparte de la anécdota, que termino con una excelente y agradable cena, “er puente romano” en sí, es una buena noticia. Se trata de un establecimiento fundado por el abuelo de los antiguos propietarios que se instaló, sin más pretensiones, en la desembocadura del citado arroyo, donde los pescadores de las diversas tripulaciones que echaban el copo en aquellas playas, se tomaban el “revuelto” matutino o el café y la torta Ramos. Al atardecer, asaban unos espetos y se tomaban sus “medias limetas” de blanco -a través de la cañilla- en la propia botella.

 

Poco a poco arrimaron unas mesas, ampliaron la minúscula cocinilla, ensancharon el recipiente de hierro para asar los espetos y popularizaron aquellos platos que se han tomado siempre en el lugar pero que no habían llegado al consumo del resto de los mortales. A saber: jureles grandes “espetaos”, berenjenas fritas con miel, fritura vegetal, revuelto de papas y pimientos, etc. Y llegó el éxito.

 

Los llenos son cotidianos. Hasta el punto de que yo voy menos por temor a soportar las largas esperas. El otro invento que aun no han patentado es el “libro de reservas”. Este se encuentra instalado en la pared de la cocina en forma de pizarras en la que se apunta –siempre lo hace el jefe- el apellido del cliente y el número de comensales. Cuando le toca el turno se vocea el apellido y a comer. Los precios son los adecuados para el género que se sirve. La factura se confecciona a pie de obra. El maître se te acerca a la mesa y, tras pedir permiso, se sienta en una silla y comienza a garrapatear la misma en el mantel ya usado. Te dice el total, cobra y cliente nuevo.

 

Otra manera de entender el negocio de la hostelería. Cerca de este establecimiento se han instalado otros que recogen a los clientes desesperados por la tardanza del puente. Pero no hay color, vale la pena esperar. Como le valió la pena a aquellos amigos de la broma el ponerse la corbata. Málaga es así. Gracias a Dios.

 

Puente “romano”, Foto del autor

 

 

 

 

 

 

 

 

puente romano 8-13 002

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