Cine, cine, cine

23 f, 14

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

                                               Málaga 24 de marzo de 2014

 

CINE, CINE Y CINE

 

Pertenezco a una generación que se crió en los cines de programa doble. Los niños de los cincuenta vivíamos pendientes de los “matinees”, los cines parroquiales y los benditos cines de barrio; “chaveas” pelones que nos bebíamos las películas del “gordo y el menuillo”, Joselito y Libertad Lamarque. Cada tarde nos aprestábamos a ver películas de “convois” (cow-boys), de curas, de guerra, de cante o de romanos.

 

Nuestra formación cinematográfica la iniciamos con las mañanas del Cervantes, donde desde el gallinero contemplábamos arrobados un programa que consistía en: Nodo, Complementos, trailers, una de Charlot y una del Oeste por jornadas, con el “Llanero Solitario”, el caballo “Plata” y compañía. Posteriormente, los que asistíamos a clase solo por las mañanas en la Escuela de Comercio, dedicábamos la jornada vespertina a un peregrinar por los cines de barrio: Avenida, Capitol, Duque, Excelsior, Moderno y Plus Ultra (a este no nos dejaban ir los padres por el “ambiente” que reinaba) pero que también  visitábamos a escondidas cuando no había otro mejor. Días de cine y Orange “Crush” calentorro. De batatas “asás”, almencinas, “palodú” y “cañadú”. De palomitas y “adoquines” de menta a real.

 

El único festival que conocíamos, era el que nos dábamos, muy de vez en cuando, a base de Perchelera y tapas de pulpos en el Pasaje o de cervecita y ligera de solomillo en la “Buena sombra”. Después, apareció el festival de Benidorm, pero eso es otra cosa.

 

El cine nos llegó en una etapa de nuestra vida sin televisión ni teléfonos móviles;  sin wathsApp, pero con mucha guasa. De fila de los mancos y el ¡portero, aquí hay monos! como grito de guerra. De esperar a que las películas pasaran del Goya, Echegaray, Albéniz, Málaga Cinema o Astoria, a los de segunda división como el recién fallecido Andalucía. Sin olvidar los cines de verano y “al anochecer simultáneo” como el Cinema España de Huelin, los galanes, el Cayri, o el más moderno Royal.   

 

       Bienvenido sea el festival de Málaga. Mientras haya creatividad y deseo de comunicarse mediante imágenes, seguirá habiendo cine. Lo del soporte es otra cosa. La estridencia del sonido y la conversión de las sagradas salas de cine en terminales de aeropuerto o en comederos-bebederos de comida basura encebollada y bebidas carbónicas, me han apartado del rito. Pero seguiré temblando de emoción cuando se apaguen las luces del resto de las redes sociales y se abra la garganta del León de la Metro o suene la cabecera de Cifesa, Cesáreo González. El séptimo arte, el cine, siempre tendrá un sitio en mi corazón. Fue una buena noticia para los Hermanos Lumière y sigue siéndolo para nosotros.

llanero solitario

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