Lo trascendente

27 f, 14

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

                                               Málaga 28 de abril de 2014

 

LO TRASCENDENTE

Hace años iniciábamos una serie de conferencias sobre lo divino y lo humano. En la primera de ellas intentábamos hacer pensar en el ideal de los interlocutores. Para ello les hacíamos recapacitar en primer lugar, la importancia que tiene ser persona, y, después, actuar en consecuencia. Planteábamos la necesidad de ser conscientes de ello, resaltando sus valores al utilizar los conceptos clásicos de división de los reinos de la naturaleza en: mineral, vegetal y animal. Simplificando, el mineral ni siente, ni padece ni se comunica, el vegetal crece y se multiplica, pero no se relaciona y el animal, crece, se multiplica, sufre, disfruta y se relaciona.

 

Al ser humano le situábamos en aquella reflexión, como dentro de un estadio superior, dada su capacidad de pensar y razonar. Lo malo es que, a veces, pierde su esencia cuando se mineraliza, vegeta y animaliza a consecuencia de renunciar al uso de sus facultades humanas.

 

Pienso que una de sus necesidades, desde el principio de los tiempos, es la sociabilidad, que nace del clan, de la familia o del grupo humano. En los momentos importantes de la vida le gusta estar rodeado de sus congéneres más cercanos. Esto ha dado pie a la realización de ritos acordes con las creencias de las distintas culturas y tradiciones recogidas en las religiones de todas las partes del mundo.

Por eso en la mayor parte de ellas se realizan actos especiales, en los que se congrega a los cercanos, con motivo del nacimiento, el paso a la pubertad, la formación de una familia o el fallecimiento de sus miembros. Lo que en cristiano es el bautismo, la confirmación, la primera comunión, el matrimonio y el funeral. Y en el resto de las religiones de todo el mundo, exactamente lo mismo.

 

El laicismo militante y emergente ha intentado acabar con estas manifestaciones al considerarlas religiosas y ha intentado erradicarlas de las costumbres sociales. Al final, el sentido común los ha hecho claudicar. Y así se están “reinventando” las ceremonias laicas de la presentación a la sociedad del neófito, de la celebración del final de los estudios primarios, de la firma de esponsales, o algo similar, ante la sociedad  y finalmente, de los funerales laicos.

 

Mi buena noticia de hoy me la proporcionan los avispados jóvenes empresarios que han creado la primera empresa para celebrar funerales civiles en Málaga. Serena, que así se llama la iniciativa, ofrece ceremonias laicas personalizadas en las que se despide al difunto con lecturas, poemas y música. Está indicado para aquellas familias que no son creyentes, pero que tienen deseos de ofrecerle algo más que el velatorio al difunto.

 

Me parece una iniciativa extraordinaria y necesaria, sin perjuicio de que sea un negocio. «Nuestro objetivo es preparar estos homenajes y que los familiares no tengan que preocuparse de ningún detalle», manifiesta una de las creadoras de esta idea, licenciada en Arte Dramático, que pone voz a la ceremonia.

 

Al final, es un sacramento sin Dios. Un lugar de encuentro con los amigos en un momento difícil. Creo que los seres humanos, queramos o no queramos, nos parecemos mucho. Buscamos darle un sentido trascendente a nuestras vidas.

 

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