Los tacos

4 f, 14

 LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

                                               Málaga 5 de mayo de 2014

 

LOS TACOS

¡Hay que hablar bien, que hablar bien no cuesta un hue…! Esta era una gracieta con la que se contestaba en mi juventud, en cuanto alguien –normalmente algún mayor- te afeaba la costumbre de reforzar tus frases con un taco al uso. En aquellos tiempos, se cuidaba el lenguaje hablado y, especialmente, escrito y radiotelevisado. Como mucho se llegaba al “ostras”, “leñe”, “cáspita” y “órdiga”. Aun recuerdo el paso por los calabozos del inigualable Antonio el bailarín, por soltar un ¡me c… en Dios!, en público. Al hablar mal se le consideraba “lenguaje de carretero”.

 

En el transcurso de los años se le ha tildado de inadecuado, irreverente, zafio, etc.; pero al final, el “malhablar” ha triunfado. Que conste que yo también lanzo mis epítetos. Es que lo malo se pega. Pero cuando he escuchado a mi nieto de cinco años soltar un estruendoso “joer”, se me ha caído la cara de vergüenza. Comenzaron los futbolistas, que se excrementan en lo divino o en lo humano; siguió con la gente “guai”, los jóvenes y, finalmente, ha llegado a los periodistas, locutores y políticos.

 

Parece ser que las ideas se refuerzan con los tacos. Parece ser que una vida, un coche, un trabajo, un beneficio o un familiar son mucho más importantes si se les adoba con un adjetivo calificativo, cuando no descriptivo, tal como puto, puta. Con perdón. Pero está de moda. Si lo dice la vicepresidenta del gobierno y lo recogen los micrófonos, las imágenes y las linotipias, porque no lo voy a decir yo. Por cierto, el Diccionario de la RAE se ha puesto las pilas y ya recoge la palabra “puto” como calificación denigratoria o encarecedora.

 

Cuando se procede a mezclar lo que, para alguno de nosotros, es sagrado, divino o, cuando menos, respetado, con las exclamaciones que se producen en los momentos difíciles, competiciones deportivas, o, simplemente, cuando se acaba el escaso vocabulario con que nos educan desde las redes sociales, a mi se me sigue produciendo un rechinar de dientes. Se ha puesto de moda las palabras hostia o copón en sus acepciónes más vulgares. Dios, Jesús y sobre todo la Virgen, son objeto de “excrementaciones” varias e innecesarias. Lo siento, no me agrada que alguien que no cree en algo que a mí me merece respeto y veneración, lo utilice como arma arrojadiza. Y si es creyente, peor. Es como el que escupe para arriba.

 

Se que, como casi siempre, lo mío es gritar en el desierto. Pero así es mi p…asable vida. Tampoco es necesario hablar como “Josemi”: córcholis, leñe, ostras, mediocre, puñetas y otras lindezas, son palabras en desuso. Ahora, se utilizan más como insulto los calificativos de “corrupto, homófobo, pederasta, xenófobo, fascista, meapilas, capillita o directamente conservador. Todos ellos dedicados a quién no comparte los criterios del “políticamente correcto” o “modelno” de turno. O sea, el que no está en la “pomada”.

 

Considero como muy importante cuidar el qué y el cómo se dice o se escribe; la prosodia, la sintaxis, la ortografía, etc. Yo, que me equivoco mucho, recibo con agrado las correcciones que, a veces, me envían mis lectores. Me gustaría que también afeáramos los modos y las modas soeces en la escritura y en la vida. Digo yo. Que hablar y escribir bien no cuesta un … ojo de la cara.

 

tacos

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