Estamos en el “candelabro”

8 f, 14

 “El segmento de plata” por Manuel Montes Cleries

m.montescleries@telefonica.net

Estamos en el “candelabro”

                              Málaga 8 de mayo de 2014

 

Una famosa cantante española “confundió” los términos candelero y candelabro durante una entrevista en la que intentó manifestar su extenso vocabulario y tan solo consiguió demostrar lo escaso de su formación dialéctica.

 

La Iglesia Católica, en general, y los cristianos comprometidos -en mayor o menor escala-, en particular, estamos cada día presentes en las aperturas de los telediarios o en las primeras planas de los periódicos. Es decir, estamos en el candelabro. Los brillantes analistas de la actualidad se han agarrado al “bache” de las noticias eclesiales, dado que los problemas de Belén Esteban o la familia Jurado-Ortega Cano están un poco parados en estos momentos.

 

Creo que no hemos sido, a lo largo de ninguna etapa histórica, analizados, escrutados, interrogados y juzgados, con tanta intensidad. La Iglesia, descrita como casta y meretriz por San Agustín allá por el siglo IV, siempre ha tenido sus luces y sus sombras. Lo mismo que en la actualidad. Estoy convencido que los primeros que sufrimos los equívocos y meteduras de pata de los católicos, somos los que intentamos pertenecer a esta comunidad. Las luces y los taquígrafos son buenos, pero cuando comentan todo, no solo lo malo.

 

Menos mal que tenemos cada día el respiro, la luz y la fuerza de la homilía del Papa Francisco en su Eucaristía de Santa Marta. Días atrás comentaba el martirio de San Esteban. Decía que la Iglesia no es “una Universidad de la religión”, sino el pueblo que sigue a Jesús”. Solo así, añadió, “es fecunda y madre”.

En esta homilía, que no tiene desperdicio, habla de “los celos de los dirigentes” que ya trataban, en el caso de Esteban, de eliminarlo. “Era gente sin paz en su corazón, que juzgaban de forma rápida”. Esteban lo único que había hecho era dar testimonio de su vida en el seguimiento de Jesús con su ejemplo. Lo mismo nos pide Jesús a los cristianos de hoy: que demos testimonio en la vida cotidiana con dificultades y, a veces con persecución. “Cuando la Iglesia se encierra en sí misma, se cree –digamos así- una “Universidad de la religión”, con tantas bellas ideas, con tantos bellos templos, con tantos bellos museos, con tantas bellas cosas; pero no da testimonio, se vuelve estéril. Y el cristiano lo mismo. El cristiano que no da testimonio, permanece estéril, sin dar la vida que ha recibido de Jesucristo”.

 

    En tiempos de los primeros cristianos, la época de San Esteban, muchos de ellos huían despavoridos ante la persecución. Ahora, también somos perseguidos. La mayoría de nosotros huimos a la primera insinuación. O nos pasamos a las legiones de “descubridores” de errores, de la nueva “inquisición laica”, pendiente de las homilías y declaraciones equivocas o equivocadas y de los errores, demasiados, que cometemos los cristianos.

 

El error está en fiarse más de los “neo-inquisidores”, jerarquías, “monaguillos” y fieles en general, que del Evangelio. De lo que nos dicen, que de lo que vivimos. Es más fácil “rajar” que evangelizar y ser evangelizado. Pero la realidad es que, queramos o no, los cristianos estamos en el “candelabro”. Y eso es muy malo… pero también muy bueno. Nos purifica.

 

                                       

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