Pedro “el de los Valles”

22 f, 14

 “El segmento de plata” por Manuel Montes Cleries

m.montescleries@telefonica.net

Pedro el de “Los Valle”

                              Málaga 22 de mayo de 2014

 

Pedro “el de los valle” pertenece a esa generación de hombres que descubrieron a Jesús de Nazaret, allá por los años sesenta del siglo pasado, en un Cursillo de Cristiandad. Aquellos primeros Cursillos hicieron salir a los hombres de detrás de las columnas, al final de los templos, para sentarse a los primeros bancos, donde, con un pequeño librito de tapas de cartón, seguían las celebraciones con respuestas fuertes y acompasadas. Se ponían de rodillas para rezar el rosario y cantaban –cantan- mal, muy mal. A mí me causaron tal interrogante, que me apresuré a asistir a un cursillo en cuanto tuve ocasión.

 

Pedro es un hombre del Perchel. Allí montó sus reales una churrería, que sigue abierta, donde pasaba –y pasa- todo el barrio. Pedro es un devoto de la Virgen del Carmen que ha seguido ejercitando aquello que aprendió en aquél lejano Cursillo de Cristiandad a lo largo de toda su vida. Es uno de aquellos que yo defino como “bestias de Yahvé”. Una serie de hombres y de mujeres que optaron por el Evangelio con todas sus consecuencias. Todos un poco locos, pero locos de amor: Pedro ha seguido cantando y contando, a voz en grito -es un poco sordo- las verdades y beneficios del encuentro con el Señor. Sus bolsillos han ido siempre llenos de publicidad de los Cursillos y su boca llena de colores. En estos últimos años, hasta que hace algunos meses cayó enfermo, iba por la calle buscando pobres, marginados, gente que está sola, que sufre, para darles compañía y alimentos. Evangelio vivo. Su campo de acción: la estación del ferrocarril, la estación de autobuses, calle Cuarteles y los alrededores de la Iglesia y el mercado del Carmen. Y en el verano el Rincón de la Victoria.

 

Nos creemos que esa labor es ardua pero casi improductiva. ¡Qué gran equivocación! El domingo pasado escuchaba a un emigrante, cubano, preso político traído a Málaga por el Ministerio de Asuntos Exteriores y dejado a su suerte aquí durante años. Pedro “el de los Valle” le acogió, le orientó, le acompañó y finalmente le ayudó a situarse. Bendito “loco por amor” decía el cubano. “He encontrado trabajo, cariño, he podido volver a reunir a mi familia y, además, me han preparado y me he bautizado”, decía. Con más de cuarenta años.

 

Gracias a Dios Pedro continua entre nosotros. Para mí, es uno de esos santos que el cantaba y contaba a voz en grito: “con corbata, con chaqueta o con mono azul de obrero, podemos seguir a Cristo de casados o de solteros”. Y desde la cama, añadiría yo.

 

 

                      manos

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