Mis vecinas

29 f, 14

 “El segmento de plata” por Manuel Montes Cleries

m.montescleries@telefonica.net

Mis vecinas

                              Málaga 29 de mayo de 2014

 

Hace más de treinta años que me mudé a una lejana zona de Málaga que entonces solo estaba habitada por holandeses. A lo largo de los años y de forma paulatina, fue siendo ocupada por algunos españolitos que buscábamos la cercanía de los Colegios del Atabal y de los Olivos, aire, luz, sol y paz. Desde entonces vivo en el “Atabal de los Holandeses”, justo enfrente del cerro que corona el Puerto de la Torre, donde los Reyes Católicos pusieron la última tienda antes de “invadir” la Málaga musulmana, que antes había sido bástula, fenicia, cartaginesa y romana, y después afrancesada, republicana, franquista, americanizada e invadida finalmente por los guiris de todo pelaje.

 

Una de las ventajas de este barrio es que tiene convento, templo, eucaristía y monjas propias, lo que nos permite participar de una pequeña comunidad católica (además de una protestante holandesa que goza hasta de una emisora de radio). Esta comunidad –las monjas y los vecinos que nos prestamos a ello- ora, celebra, trabaja y evangeliza. Unos, desde fuera y otras, desde dentro del Convento de la Asunción de Nuestra Señora regida por la Orden Cisterciense.

 

De ellas, de mis vecinas monjas, quiero hablar un poquito. Son diez; cinco, jubiladas por edad hace tiempo, españolas y otras cinco, jóvenes, procedentes de la lejana India. Esto es fusión. Y se llevan maravillosamente. Pero ¡ay!, siempre hay un ¡ay! La priora, Sor Mercedes, me dice que les hace falta sangre nueva, que no les llegan vocaciones. Quizás es que les falta publicidad, quizás es que le mundo de los jóvenes no está por la labor. Pienso que si las conocieran y supieran el mundo interior tan feliz que disfrutan, muchas de aquellas chicas que anhelan la felicidad tomarían la opción por esta vida contemplativa que está tan llena como cualquier otra. El domingo nos invitaron a comer a unos cuantos matrimonios y vecinos y descubrimos más alegría en ellas, que en los cenáculos políticos (vencedores todos y trincadores algunos) o en los seguidores del Madrid.

 

Yo me comprometí formalmente a “vender su proyecto”. Por eso me atrevo a decirle a las chicas jóvenes: “prueben y si encuentran algo mejor… cómprelo”. El producto que venden: Jesús de Nazaret y su Madre, amor y comunidad, trabajo y felicidad, es de primera categoría y las “gerentes” son de confianza. El futuro, asegurado. Sobre todo… en la otra vida.

 

Además de la foto os envío un enlace con su página Web. Es deliciosa. Como son ellas.

http://www.cisteratabal.com/

monjas atabal

 

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