El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 31 de julio de 2014

 

Recordar, es volver a vivir

 

Hablaba la otra tarde con una joven. Me transmitía su sorpresa por la cantidad de historias y sucedidos que recordábamos en casa. Como somos muchos, cada vez que nos reunimos, alguno saca a colación algún episodio de nuestra vida pasada. Siempre acabamos completando el suceso entre todos, lo que lo hace más rico y emocionante. Ella, apesadumbrada, me manifestaba su disgusto por no recordar nada de su infancia -mucho más cercana que la mía, le doblo la edad- e intentaba dilucidar porque no podía acceder a esa información que, seguramente está en su “disco duro”.

 

Esta situación me hizo recapacitar como en estos tiempos se ha perdido la conversación fluida y tranquila que antes se desarrollaba en el salón o en la mesa de camilla. La televisión, el ordenador y, sobre todo, el maldito teléfono que sustituye a todo lo anterior, han conseguido que, unido a la decisión de los arquitectos y diseñadores de interiores, estemos todos en habitaciones que parecen salas de espera, unos sentados al lado de otros y todos mirando hacia el mueble donde reina el aparato receptor de televisión. Y, sobre todo, el móvil en la mano. No nos vemos la cara. Si acaso hablamos con los miembros de nuestra familia que pertenezcan al mismo grupo de “guasap”, aunque los tengamos al lado. Hasta en los restaurantes comemos por libre, aunque estemos en una mesa común, enfrascados en nuestro “telefonino, ipad, ipod”, o lo que sea el bicho.

 

He recibido un correo de un antiguo compañero de trabajo, hoy amigo y lector, en el que me transmite una bella historia que le ha contado una anciana referente a sus ancestros. Le he dicho que la amplíe y escriba, que yo se la transmitiré a mis lectores. Esa es otra, no dudéis en escribir lo que se os ocurra, aquello que recordéis con emoción, aquello que os hubiera gustado vivir. Eso es lo que yo hago cada día. Algunas cosas les pueden interesar a todo el mundo. Otras, a los que os conocen. Todas a vosotros mismos. No os perdáis esa posibilidad.

 

Arnelio, espero tu historia ampliada. La transmitiré con mucho gusto. Recordar, es volver a vivir.

 

 

 

 

 

recordar 2

Victorino

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La buena noticia

de Manuel Montes Cleries

m.montescleries@telefonica.net Málaga 28 de julio de 2014

VICTORINO

Hoy me ha venido a la memoria el nombre y la personalidad de mi suegro. Un ser “distinto” desgraciadamente fallecido no hace muchos años. Era todo un personaje. La guerra incivil le cogió a caballo entre los dos bandos y fue carabinero y legionario. No se en que orden. Ni viene al caso. En ambos “empleos” no pego un tiro. Miento, pegó muchos tiros a puerta. Fichó por los equipos de fútbol militares en ambas ocasiones. Era muy bueno con el balón.

Victorino acabo sus días defendiendo sus “verdades”: legionario, no practicante y de izquierdas. Era un tipo especial, como otros muchos que me he encontrado a lo largo de mi vida. Renegaba de los políticos y los tertulianos, de los fanáticos de todo tipo y de los futbolistas temerosos. Su pasión era asistir a cualquier tipo de evento deportivo en los que participaran sus nietos. Siempre acababa peleándose con los familiares, jugadores o dirigentes de los equipos contrarios.

A mi me hizo compartir su ilusión por un cambio político definitivo tendente hacia la solidaridad y la mejora de las clases menos privilegiadas. Me animo, y ayudó, en su día, a meterle mano al tema. Yo venía de una época en la que fui secretario del jurado de empresa de Intelhorce. Allí conocí dirigentes de sindicatos históricos y clandestinos, como Paco Valenzuela, allí sufrí mientras peleaba por !una peseta! con un Presidente de cuyo nombre no quiero acordarme. Había pasado por la Escuela de Comercio y la Facultad de Económicas. Tenía 25 años. Estaba preparado para lo que viniera.

Lo que vino fue embarcarme en el ambicioso proyecto de los inicios de la democracia. Desde la segunda fila, conocí a una clase política amateur. Jóvenes, y no tan jóvenes ilusionados que trabajamos de sol a sol y partido político junto a partido político. Eramos rivales pero amigos. Nos llevábamos bien. Más de una vez acabamos los mitines compartiendo una cerveza en el bar del pueblo. Después llegó la desilusión. En esta última etapa de su vida, Victorino asistió excépticamente a mi presencia ante las cámaras de Tv en debates políticos donde algunos se dedican a arrimar el ascua a su sardina y a arrearle a los contrarios. !No es eso, no es eso!, me repetía hasta que me vio dejarlas aburrido.

Últimamente mi inquietud me hizo asistir a muchos de los debates del movimiento 15 M, los martes en la Plaza de la Constitución. Me gustaba mucho la letra, pero dudaba de la música del acompañamiento. No me gusta el quitate tú para coger tu sitio yo. No me gusta que la democracia se acabe cuando las ideas del otro van en contra de lo que yo pienso. Parece que los hechos me están dando la razón.

En fin, como Victorino sigo jugando en todos los campos de la reivindicación y la solidaridad en que me dejan. Pero sigo sin ponerme camiseta; ni denostando la de los otros. Llego a la conclusión de que me muevo en la duda permanente. Eso es una buena noticia, por lo menos para mí. De mayor quisiera ser como Victorino, buena gente y fiel a mis principios. Desde el respeto a todos. Hasta a los que no se lo merecen.

 democracia 2

Tristeza

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El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 24 de julio de 2014

 

TRISTEZA

 

Últimamente vengo observando que los que me rodean están cargados de un hálito de tristeza. Quizás es que antes no había parado en ello. Cuando era joven siempre procuraba encontrarme con personas más mayores que yo, de las que podía recibir información y formación; entonces la alegría la transmitía yo. En mi etapa de padre novato siempre andaba con gente de mi edad o niños, propios o ajenos, que emanaban alegría y ganas de vivir. Después, durante la etapa de jubilación reciente, volví a la Universidad y durante seis años me contagié de la alegría y la “joie de vivre” de los universitarios y no noté la tristeza a mi alrededor. Ahora, me encuentro rodeado de gente de mi edad. Su conversación gira sobre la guerra, la política, las cosas negativas y las enfermedades. Se pasan recetas del médico en lugar de recetas de cocina. Se habla más de muertos que de vivos. Los telediarios y la información en general apoyan esta tristeza desde una presentación de la realidad lo más desgarrada posible.

 

Y los entiendo; la vida y el mundo no está parta tirar cohetes. Pero yo tampoco he conocido épocas mejores y, sin embargo, siempre he tenido motivos para el optimismo. Nací en las posguerra: penurias, emigración, leche en polvo de los americanos, trajes heredados del padre, pollo por Navidad, vueltecitas por calle Larios y cervecita los domingos; programas dobles en el Capitol y futbolines a peseta. Mientras, el mundo se recuperaba de las guerras. Después, el 600, la guerra del Vietnam, el telón de acero, las guerras en África, el Sahara, Palomares. Más tarde, guerra en los Balcanes, el bloqueo de Cuba… Y siempre, siempre, el conflicto entre Israel y Palestina. La tierra de Jesús, la raíz de las tres grandes religiones monoteístas, en un conflicto fratricida y permanente.

 

O sea, que no estamos ni mejor, ni peor, que siempre. Los que estamos tristes somos nosotros. Nos hemos hecho mayores y nos creemos, tan solo por tener un carnet de identidad más antiguo, con el derecho a estar tristes y transmitir tristeza a los demás. Entre las obras de misericordia de aquél Catecismo Ripalda que aprendimos de memoria, se encontraba aquella de: “consolar al triste”. Si no lo podemos conseguir, por lo menos no debemos caer en el error de “entristecer al alegre”. Ya está bien. Se puede paliar la situación con un poquito de buena voluntad. Y animo, que “a quién Dios tiene, nada le falta”. Basta de tristezas.

 

optimismo

La buena noticia

de Manuel Montes Cleries

m.montescleries@telefonica.net Málaga 21 de julio de 2014

Parece que les molesta

En los tiempos en que vivimos la humanidad ha adquirido una serie de derechos, totalmente legítimos, que les ha permitido ser más libres y aceptar tan solo aquello que les apetece o está de acuerdo con su ideología y pensamientos. Esta situación trae consigo, como contrapartida, una serie de obligaciones que parece que les gusta menos aceptar.

Hemos pasado de una etapa en que la religión católica en España era como un signo de identidad, una “marca de fábrica” que nos obligaba a manifestar unas creencias respaldadas por unos signos externos, que se encontraban bien lejos de nuestra realidad personal.

Gracias a Dios (frase recuerdo de un pasado, pero que yo asumo personalmente), la cosa ha cambiado, de forma que cada uno asume sus creencias, o la ausencia de las mismas, de acuerdo con sus deseos. Lo que no es de recibo es que, por un esnobismo mal entendido, se desprecie a los que son fieles a su poca o mucha fe y lo manifiesten de forma ostensible.

El otro día, en mi partida de dominó matutina, alguno proclamaba su satisfacción al observar como los marineros portaban la imagen de la Virgen del Carmen mientras entonaban la Salve Marinera. Inmediatamente, el reventador intolerante de turno, nos espetó, de forma desabrida, su desprecio ante quienes creemos en algo que “en un naufragio, salva a unos y condena a otros”.

No valía la pena seguir esta conversación. Mi buena noticia ya me la habían transmitido esos hombres de la mar (por lo menos de espíritu; cada vez hay menos pescadores y embarcados). Cantaban su Salve mientras se hacían presentes en las calles, las playas y el mar del Rincón de la Victoria, transportando un sencillo trono que embarcan y pasean por todo el pueblo seguidos por los devotos (rinconeros y foráneos) que un año más acuden a la cita con la Madre de Dios.

Hay a quién parece que les molesta que la gente sencilla tenga creencias sencillas. Quizás porque sus pensamientos son tan elevados que les impiden acceder a la fe que, según el Evangelio, está diseñada para los limpios, los sencillos y los humildes de corazón. Lo siento por los que no entienden esto. De veras que se pierden algo maravilloso. Yo estoy encantado. Y respeto totalmente su increencia.

 

virgen del carmen

El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 17 de julio de 2014

 

CANTES DE IDA Y VUELTA

 

Dirán mis lectores que a que viene esta incursión en el mundo del flamenco dentro del contexto de un blog dedicado a los mayores. Pero esto es lo que nos sucede a los mayores; tenemos un recuerdo tan grande, que cualquier acontecimiento lo relacionamos con algo vivido en el pasado. Y en esas estamos.

 

Los “cantes de ida y vuelta” son aquellos palos del flamenco que vienen de América inspirados en los que los emigrantes llevaron hacia allá en los finales del XIX y principios del XX. El más conocido es la “colombiana”. Ahora los comparo con el cristianismo de ida y vuelta.

 

La primera vez que rememoré esta designación me encontraba en Roma como voluntario del Jubileo del 2000. Estaba acompañando a un grupo de visitantes mejicanos en su visita a Santa María la Mayor. Iban encabezados por un Obispo cuyo nombre omito. Al hacerles observar el artesonado del techo confeccionado con oro traído de América y obsequiado por el Rey Carlos I, el obispo me espetó de forma desabrida que “estaba realizado con el sudor y la explotación de los indígenas por parte de los invasores españoles”. No tuve más remedio que contestarle que si no hubiera sido por los españoles, él no estaría allí. Sería un “pope” de Tezcatlipoca, Quetzalcoátl, Huitzilopochtli y Tlálode. Me pasé y me disculpé. Y, como no podía ser de otra forma, acabamos de una forma amistosa. El cristianismo había ido y había vuelto.

 

Esta semana he vuelto a tener el mismo sentimiento. Esta vez, mucho más positivo. En mi “rincón” veraniego asisto a la Eucaristía los sábados por la tarde. El párroco de mi templo disfruta de unas merecidas vacaciones. Le ha sustituido un cura de “ida y vuelta”. Un hispano simpatiquísimo que me ha llegado a emocionar. Un Tico -costarricense- con un gran don de gentes y una empatía excelente con los fieles. Celebró entre la gente y con la gente. Nos hizo sentirnos protagonistas -no espectadores- de la Eucaristía. Salió a la puerta a despedirnos cariñosamente y nos inyecto en vena una dosis de Evangelio extraordinaria.

 

Curiosamente el lunes, voy a una Parroquia malacitana y me encuentro a otro hispano, en este caso mulato, que celebra y comparte una deliciosa Eucaristía. Celebraciones de “ida y vuelta”. Creo que tenemos que aprender mucho de lo que se nos ha olvidado y nos la recuerdan aquellos países a los que les transmitimos la fe. Ahora posiblemente nos tengan que evangelizar ellos a nosotros.

 

Hasta nuestro Papa, Francisco, es un Papa de ida y vuelta.

 

 

 

catolicos hispanos

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 14 de julio de 2014

 

SE ACABÓ EL MUNDIAL

(BENEDICTO XVI vs FRANCISCO)

 

Por fin. Ya ha terminado. Por lo menos… para mí. Menudo tostón. Durante casi un mes el mundo ha estado paralizado pendiente del dichoso balón y las consecuencias de que entrara, o no, en alguna determinada portería. Para los españoles acabó más pronto. Entre holandeses y chilenos consiguieron quitarnos las preocupaciones añadidas a un país que bastante hace con sobrevivir a los mangantes, los políticos mangantes, los banqueros, los banqueros mangantes, los fanáticos religiosos, los fanáticos en general, los iluminados y los salvadores de la patria. !Y eso que tenemos dos reyes! Pero hay demasiadas sotas, muchos caballos y, sobre todo, exceso de bastos, abundantes copas, poco oro y muchas espadas traicioneras.

 

En otros países, Brasil, por ejemplo, no saben si cortarse las venas o emigrar al Polo Sur. No se puede jugar peor. En otros equipos y otros encuentros han aparecido jugadores que han acabado a bocados, patadas en la espalda, persecución a diversos árbitros y robos descarados. Los dirigentes de las Fifa, la Uefa, la federación española de fútbol y todos los señores de corbata y escapulario con identificación que les convierte en turistas Vips, con todo pagado y dietas al “sufrimiento “, han campado por sus respetos y se han puesto “tibios”. Y yo buscando leche para los niños.

 

La buena noticia de hoy me la proporcionan los señores de Mercadona, a los que, creo que justificadamente, afeé su actitud en un artículo

que firmé con el título de “Merca no dona”. Han vuelto a establecer un acuerdo con Bancosol, el banco de alimentos de Málaga, para ayudarles en la gran recogida y a cederles los alimentos sobrantes que estén en etapa adecuada para el consumo, a fin de que se repartan a través de las entidades establecidas a dicho efecto.

 

A las familias con problemas le importa poco quién ha ganado el mundial. Mi abuela decía “barriga llena a Dios alaba”. Lo que necesitan es llenar sus neveras y que no les falte lo imprescindible.

 

A mí tampoco me deja sin sueño quién ganó. Lo único que me consuela es que algunos chiquillos con una camiseta albiceleste o blanquinegra, se creerán que son Mezzi o Klose. Y a lo mejor, algún día lo son. Hoy he escuchado el colmo del ingenio. Es una final entre Benedicto XVI y Francisco. ¡Como piensa la gente!

 

 

 

 

 

 mundial y hambre

El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 10 de julio de 2014

 

DE CÁNADA O DE LA CALA

ES LO MISMO

 

En mi encuentro -que no búsqueda- con personas que me aportan buenas sensaciones, esta semana he topado con dos realidades que, a veces, ignoramos. Hay buena gente en todos lados. Por una parte he tenido que pedir ayuda para poder transmitir estas torpes lineas a mis lectores. Movistar hace mucha propaganda, pero te deja tirado a las primeras de cambio. En cuanto mis “contactos” se han enterado, me han facilitado un portátil, un enlace con Internet y, sobre todo el soporte técnico para poner el nuevo dispositivo en marcha. Una persona a la que no he visto en mi vida, Javier, de LYA CENTER, un vecino de La Cala, con una paciencia infinita, ha dedicado varias horas a solucionarme los problemas.

 

Por otra parte, el cónsul de Canadá en Málaga, el Señor Lamothe, me localiza para indicarme que un barco de la armada canadiense, el HMCS REGINZA FFH 334, que se encuentra en nuestra bahía para hacer un relevo de mando de la Otan, tiene el deseo de regalar a los niños malagueños diversos muñecos, gorras, pegatinas, caramelos, etc. Se me presentan en el Biberódromo como si se tratara de unos Reyes Magos estivales. La buena leche no tiene estaciones.

 

Dos circunstancias que me hacen creer en que no todo está perdido. Mientras les demos oportunidad para ello, siempre habrá alguien que te permita creer en las personas. Tirarán de sus buenos sentimientos en cuanto se lo propongas.

manos

Voluntarios

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LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

Málaga 7 de julio de 2014

VOLUNTARIOS

El pasado martes finalice la presentación de 48 programas, entre radio y televisión, que he presentado en una cadena local (Onda Azul). La temática de dichos espacios se basaba en lo que ya señalaba claramente el título: “La Málaga Solidaria”. A lo largo de los mismos he podido comprobar la calidad de las distintas asociaciones, corporaciones y fundaciones malagueñas, pero, sobre todo, la talla del voluntariado malacitano.

A lo largo de casi cincuenta encuentros con el mundo solidario he encontrado todo tipo de actividades e iniciativas, especialmente la capacidad de suplir con ingenio las deficiencias de un país que está más por el parecer que por el ser, el presumir que el resolver, la propaganda que la eficacia.

En uno de esos espacios mi capacidad de asombro ha llegado a su límite. Se trata de una marcha campestre con personas aquejadas de tres tipos de deficiencias, psíquicas, físicas y sensoriales. En la misma, un grupo de voluntarios pertenecientes a la Plataforma del Voluntariado, acompañaron a personas con incapacidad motriz, a las que transportaron en un carrito de ruedas perfectamente equipado para discurrir por senderos campestres. Por otra parte, un grupo de disminuidos psíquicos que están alcanzando grandes dosis de autonomía -viven en pisos tutelados-, tomaban posesión del monte con una actitud envidiable.

Pero lo que más me llamó la atención fue la re-edición del “Milagro de Ana Salivan”. Todos recordaran como esta maestra consiguió que Hellen Keller, una niña que nació sorda, muda y ciega, se pudiere comunicar con los demás y realizar estudios. He podido ver como dos personas con estas características caminaban por un sendero, agarradas a una barra guía –portada por dos voluntarios- mientras un interprete del lenguaje de signos les transmitía a través del contacto manual los signos necesarios para explicarles el paisaje. Un “milagro”. Sin medallitas ni velas, sin capirotes ni trompetas. Con la presencia de las manos de Cristo a través de los voluntarios. Esta es una buena noticia. Muchos me preguntan que de donde saco las buenas noticias. De mirar a mi alrededor y ver lo que sucede. Si queréis comprobarlo tan solo tenéis que arrimaros a los voluntarios. Empezaréis a comprender que la vida es bella.

jarrillo

“El segmento de plata”por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 3 de julio de 2

 

                   EL JARRILLO DE LATA

 

Supongo que los que pertenecen a mi generación recordaran con añoranza aquellos viejos jarrillos de lata de nuestra infancia. Sí, aquellos que confeccionaba el latero que venía a poner lañas a los recipientes de barro o restañar las viejas ollas y sartenes de la casa. Se partía de una lata de leche condensada vacía a la que se quitaba completamente una de las tapas. Con dicho trozo reciclado se confeccionaba un asa que se soldaba con estaño al borde de la lata y, !milagro!, teníamos un jarrillo con el que nos podíamos poner en la cola de la leche en polvo de la escuela y pescar un buen lingotazo lácteo. Después, lo sujetábamos en la correa y adelante. Servía para el colegio, el campo y la playa. Lo mismo para sopa que para leche o para agua. Y económico. Muy económico.

 

Los abuelos somos el jarrillo de lata de la familia. Durante el curso recogemos niños del colegio, los llevamos al médico, les damos de comer y de merendar, les ayudamos a hacer los deberes y, si nos dejan, los enseñamos a rezar y los llevamos a Misa. En el verano no cambia el trabajo. Lo que cambia es el lugar. Los padres mandan a los niños a campamentos, a excursiones e, indefectiblemente, a casa de los abuelos, al pueblo, al campo o a la playa. Exceptuando el mes de vacaciones, que comparten, los abuelos siguen al cargo de los niños. En las playas, los pertenecientes al “segmento de plata” se transforman en los viejos bañeros de los “Baños del Carmen” en los neo “vigilantes de la playa”, en profesores de apoyo y, durante los atardeceres, en ciclistas del “verano azul”.

 

 

 

Decididamente, somos un JARRILLO DE LATA. Y baratos.