Cantes de ida y vuelta

16 f, 14

El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 17 de julio de 2014

 

CANTES DE IDA Y VUELTA

 

Dirán mis lectores que a que viene esta incursión en el mundo del flamenco dentro del contexto de un blog dedicado a los mayores. Pero esto es lo que nos sucede a los mayores; tenemos un recuerdo tan grande, que cualquier acontecimiento lo relacionamos con algo vivido en el pasado. Y en esas estamos.

 

Los “cantes de ida y vuelta” son aquellos palos del flamenco que vienen de América inspirados en los que los emigrantes llevaron hacia allá en los finales del XIX y principios del XX. El más conocido es la “colombiana”. Ahora los comparo con el cristianismo de ida y vuelta.

 

La primera vez que rememoré esta designación me encontraba en Roma como voluntario del Jubileo del 2000. Estaba acompañando a un grupo de visitantes mejicanos en su visita a Santa María la Mayor. Iban encabezados por un Obispo cuyo nombre omito. Al hacerles observar el artesonado del techo confeccionado con oro traído de América y obsequiado por el Rey Carlos I, el obispo me espetó de forma desabrida que “estaba realizado con el sudor y la explotación de los indígenas por parte de los invasores españoles”. No tuve más remedio que contestarle que si no hubiera sido por los españoles, él no estaría allí. Sería un “pope” de Tezcatlipoca, Quetzalcoátl, Huitzilopochtli y Tlálode. Me pasé y me disculpé. Y, como no podía ser de otra forma, acabamos de una forma amistosa. El cristianismo había ido y había vuelto.

 

Esta semana he vuelto a tener el mismo sentimiento. Esta vez, mucho más positivo. En mi “rincón” veraniego asisto a la Eucaristía los sábados por la tarde. El párroco de mi templo disfruta de unas merecidas vacaciones. Le ha sustituido un cura de “ida y vuelta”. Un hispano simpatiquísimo que me ha llegado a emocionar. Un Tico -costarricense- con un gran don de gentes y una empatía excelente con los fieles. Celebró entre la gente y con la gente. Nos hizo sentirnos protagonistas -no espectadores- de la Eucaristía. Salió a la puerta a despedirnos cariñosamente y nos inyecto en vena una dosis de Evangelio extraordinaria.

 

Curiosamente el lunes, voy a una Parroquia malacitana y me encuentro a otro hispano, en este caso mulato, que celebra y comparte una deliciosa Eucaristía. Celebraciones de “ida y vuelta”. Creo que tenemos que aprender mucho de lo que se nos ha olvidado y nos la recuerdan aquellos países a los que les transmitimos la fe. Ahora posiblemente nos tengan que evangelizar ellos a nosotros.

 

Hasta nuestro Papa, Francisco, es un Papa de ida y vuelta.

 

 

 

catolicos hispanos

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