Victorino

27 f, 14

La buena noticia

de Manuel Montes Cleries

m.montescleries@telefonica.net Málaga 28 de julio de 2014

VICTORINO

Hoy me ha venido a la memoria el nombre y la personalidad de mi suegro. Un ser “distinto” desgraciadamente fallecido no hace muchos años. Era todo un personaje. La guerra incivil le cogió a caballo entre los dos bandos y fue carabinero y legionario. No se en que orden. Ni viene al caso. En ambos “empleos” no pego un tiro. Miento, pegó muchos tiros a puerta. Fichó por los equipos de fútbol militares en ambas ocasiones. Era muy bueno con el balón.

Victorino acabo sus días defendiendo sus “verdades”: legionario, no practicante y de izquierdas. Era un tipo especial, como otros muchos que me he encontrado a lo largo de mi vida. Renegaba de los políticos y los tertulianos, de los fanáticos de todo tipo y de los futbolistas temerosos. Su pasión era asistir a cualquier tipo de evento deportivo en los que participaran sus nietos. Siempre acababa peleándose con los familiares, jugadores o dirigentes de los equipos contrarios.

A mi me hizo compartir su ilusión por un cambio político definitivo tendente hacia la solidaridad y la mejora de las clases menos privilegiadas. Me animo, y ayudó, en su día, a meterle mano al tema. Yo venía de una época en la que fui secretario del jurado de empresa de Intelhorce. Allí conocí dirigentes de sindicatos históricos y clandestinos, como Paco Valenzuela, allí sufrí mientras peleaba por !una peseta! con un Presidente de cuyo nombre no quiero acordarme. Había pasado por la Escuela de Comercio y la Facultad de Económicas. Tenía 25 años. Estaba preparado para lo que viniera.

Lo que vino fue embarcarme en el ambicioso proyecto de los inicios de la democracia. Desde la segunda fila, conocí a una clase política amateur. Jóvenes, y no tan jóvenes ilusionados que trabajamos de sol a sol y partido político junto a partido político. Eramos rivales pero amigos. Nos llevábamos bien. Más de una vez acabamos los mitines compartiendo una cerveza en el bar del pueblo. Después llegó la desilusión. En esta última etapa de su vida, Victorino asistió excépticamente a mi presencia ante las cámaras de Tv en debates políticos donde algunos se dedican a arrimar el ascua a su sardina y a arrearle a los contrarios. !No es eso, no es eso!, me repetía hasta que me vio dejarlas aburrido.

Últimamente mi inquietud me hizo asistir a muchos de los debates del movimiento 15 M, los martes en la Plaza de la Constitución. Me gustaba mucho la letra, pero dudaba de la música del acompañamiento. No me gusta el quitate tú para coger tu sitio yo. No me gusta que la democracia se acabe cuando las ideas del otro van en contra de lo que yo pienso. Parece que los hechos me están dando la razón.

En fin, como Victorino sigo jugando en todos los campos de la reivindicación y la solidaridad en que me dejan. Pero sigo sin ponerme camiseta; ni denostando la de los otros. Llego a la conclusión de que me muevo en la duda permanente. Eso es una buena noticia, por lo menos para mí. De mayor quisiera ser como Victorino, buena gente y fiel a mis principios. Desde el respeto a todos. Hasta a los que no se lo merecen.

 democracia 2

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