Blancanieves

28 f, 14

LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 29 de septiembre de 2014

 

 

“BLANCANIEVES”

        

Los que me conocen personalmente o a través de mis muchos artículos, habrán podido constatar que soy un “disfrutón”. Es decir, que me dedico con pasión e intensidad a las cosas que me gustan. En mi segunda etapa de estudiante, ya jubilado, pasé por muchas asignaturas en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Málaga; aprendí de todas y de todos, pero permítanme que me recree en el recuerdo de la que captó mi atención más intensamente; se trata de “Cine español”, una materia que nos impartió una extraordinaria profesora; Maria Rocío de la Maya. Su conocimiento del tema, la intensidad de sus explicaciones y el oportuno complemento de muchas películas españolas de todas las épocas, que visionamos analíticamente, terminó por apasionarme  con un cine de calidad que, en mi opinión, nunca ha sido apreciado adecuadamente.

 

Una película que nos emitió TVE 2 hace unos días captó mi atención especialmente. Se trata de “Blancanieves”: un film mudo y en blanco y negro que realizó en el año 2012 Pablo Berger. Una auténtica joya cinematográfica. Una versión del cuento de los Hermanos Grima en el que se presenta a Blancanieves como una huérfana española hija de un famoso torero. Los roles de madrastra, los enanitos, la casita del bosque, etc., son trocados y “aggiornados”, traduciéndolos por una sado-masoquista, la cuadrilla de los enanitos toreros y una carreta. Tratan con gran respeto el mundo de los toros, sin dar ningún tipo de concesiones a lo políticamente correcto. El desenlace final es triste, inesperado y rompedor. Trágico, pero dulcificado por el amor.

 

El cine español de todos los tiempos es una buena noticia. Gozamos de un plantel de actores  maravilloso e infravalorado. Unos directores increíbles que, sin medios, han realizado una filmografía excelente. También tenemos nuestra serie B, C, e incluso D (auténticos bodrios), pero el resumen final nos confiere una buena nota. Hay demasiado tributo a lo comercial y a lo chabacano, pero entiendo que tienen que vender. Los Torrentes y otras hierbas similares proliferan y tienen un éxito económico notable. Pero aun persiste el talento y el cine de quijotes que creen en el maravilloso séptimo arte. El de “Surcos”, “Plácido” o “Blancanieves”. Una extraordinaria noticia.

 

blancanieves

tambores de…

25 f, 14

El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

                                Málaga 25 de septiembre de 2014     

 

TAMBORES DE…

Supongo que los belicistas –que es seguro que los hay- se estarán frotando las manos al ver como las naciones “pacíficas” se aprestan a agruparse en un frente común contra la amenaza de los musulmanes integristas. Nosotros, el común de los mortales, vemos estos escarceos pasar por nuestros telediarios como si se tratara de un partido de tenis. Al final, cuando los nietos te preguntan –como hacen tantas veces viendo las películas- que quién son los buenos y quién son los malos, tengo que contestarles como siempre: -“los buenos y los malos son todos, es la humanidad la que está perdiendo la cabeza”-.

Al final lo que aparece son los “business” y el “vil metal”. Dinero, dinero y dinero, unos cambian armas por petróleo, otros destruyen y luego reconstruyen y al final le dan la razón a aquel profesor de economía que me decía hace años: “el mundo necesita una guerra cada 25 años para que se reactive la economía”.

Pero yo, desde mi modesto “segmento de plata”, no me resigno. Estoy atento a lo que sucede a mí alrededor para evitar cualquier tipo de agresión a los que no son, piensan, ni se manifiestan como yo. Por ejemplo, ayer me encontré en un taller de coches a un muchacho que me hablaba con acento extranjero, al preguntarle que de donde procedía, me dijo, casi con miedo, que era rumano. Al comentarle que en casa de uno de mis hijos vive con ellos una rumana desde hace muchos años y que  ya es de la familia, me contesto con alegría: “menos mal, porque todo el mundo habla mal de los rumanos”.

El otro día pude ver con satisfacción la foto de cuatro representantes melillenses de las comunidades que llevan conviviendo allí desde hace cientos de años: los musulmanes, los católicos, los hindúes y los judíos. Juntos elevaron una oración por la paz. Mientras, el Papa Francisco, visita Albania (siendo recibido en la plaza Teresa de Calcuta, una albana, que casualidad), un país de mayoría musulmana y que está saliendo ahora de la dictadura más radical de los últimos tiempos. Según el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, el objetivo de esta visita es “promover el mensaje de armonía y fomentar el clima de convivencia entre las religiones, que puede ser un mensaje a otras partes del mundo”.

He leído una frase anónima que me ha impactado: “Matar a una persona por defender una ideología no es defender una ideología, es matar a una persona”. Aun nos queda la esperanza en Dios, pero sus manos somos nosotros. No fomentemos las pequeñas guerras que surgen a nuestro alrededor. Ni lo usemos a Él como excusa.

      

tambores

LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 22 de septiembre de 2014

 

 

LA VENGANZA DE DON MENDO

        

Desde pequeño he tenido una gran afición por el teatro. Allá por los catorce años, junto a un grupo de chavales, con los que me sigo reuniendo pasados más de tropecientos años, nos divertíamos haciendo teatro en un pequeño escenario en calle Pozos Dulces; donde hoy se encuentra la casa de acogida. Pusimos en cartel toda la galería salesiana de sainetes y obras cómicas adaptadas para jóvenes. Posteriormente, después de haber visto cuanto teatro ha estado a mi alcance (recuerdo temporadas de Saza en el Royal, donde en una semana ponía siete comedias distintas), me decidí a participar en teatro de aficionados pero ya de cierta altura.

 

A fin de sacar fondos para la construcción del templo e instalaciones de la Esperanza, un grupo de entusiastas cofrades nos aventuramos a presentar un primero de noviembre El Tenorio en el Teatro Cervantes, con gran éxito de público y crítica, quizás por los protagonistas, muy conocidos en Málaga, entre los que humildemente me encontraba en el papel de Butarelli. Una vez avivada la afición, nos lanzamos a presentar, también el Teatro Cervantes, La venganza de Don Mendo. En aquella ocasión me encargaron el papel de Don Nuño. De esta obra hicimos varias representaciones con mucho éxito.

 

Al cabo de muchos años, me piden mis amigos del grupo de teatro El Carromato, que me ponga en facha de nuevo y participe en la puesta en escena de La Venganza de Don Mendo que se va a desarrollar el miércoles 24 de septiembre a las 20 horas en el Alameda, y, posteriormente en Fuengirola, Antequera y otras ciudades de Andalucía y Levante. Los beneficios serán para el Teléfono de la Esperanza de Málaga. Pero no busquen entradas porque no quedan. De todas formas si alguna institución quiere que la representemos en otro sitio y con otro beneficio, no duden en decírnoslo que les atenderemos adecuadamente.

 

Esta vez, la obra, es especial para mí. Me van a acompañar dos nietos que debutan como actores. Para volverse loco de alegría. Os esperamos.

 

“Cese ya el atambor

que están mis nobles

cansados de redobles

y yo ahíto…

de tanto parchear y tanto grito”

 

 

 

mendo

Yo no sirvo

18 f, 14

 El segmento de plata

          por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net            

 

                                   Málaga 18 de septiembre de 2014       

 

YO NO SIRVO

 

Durante toda mi vida, cuando me he enfrentado a personas que son victimas de la abulia y se dedican a pasar la vida en vez de a vivirla, les he recomendado que dedicaran su tiempo libre, que normalmente es mucho, a hacer algo productivo. Cuando les he puesto algún ejemplo, inmediatamente, dicen “yo no sirvo para eso”. Por el contrario cuando van de prepotentes contestan “yo no he quedado para eso”.

 

             Esas actitudes se desarrollan a todas las edades, pero especialmente se acentúan cuando se entra en el “segmento de plata”. La repuesta es siempre similar: a mi edad… yo no estoy en edad de aprender… eso, cuando era joven… etc. Siempre les digo lo mismo: no todo el mundo sirve para todo, pero todos servimos para algo.

 

Me ha venido esta reflexión ante la lectura de la 1ª carta a los Corintios de San Pablo, que se ha proclamado el pasado martes. En síntesis el Apóstol nos habla de la diversidad de dones y el aspirar a los mejores. Es decir, a vivir el estilo de vida de Jesús, sirviendo a los que lo necesitan, escuchando a los que nos rodean y dándonos en lo poco o lo mucho que podemos valer.

 

He vuelto a recapacitar sobre la gente buena que he conocido, muchísima, a lo largo de mi vida y, a todos ellos, nunca les ha faltado no sobrado tiempo para nada. Creo que es cuestión de establecer una jerarquía de valores. No nos tenemos que comer el mundo, solamente tenemos que hacer más habitable el pequeño mundo que nos rodea. Al final todos servimos para algo… o para alguien. Tan solo hay que mirar al prójimo… Perdón al próximo.

 

                   servir

LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 15 de septiembre de 2014

 

 

VOCES PARA LA PAZ

        

        Cuando uno está convencido de que no va a haber posibilidad de transmitir una buena noticia, de pronto, saltan ante nuestros ojos unas imágenes que nos permiten seguir creyendo en los seres humanos. En una semanita como esta con divisiones entre las razas, los países y las religiones; peleas entre hermanos que han nacido unos kilómetros más para allá o más para acá, que a algunos obligan a ser de una nación o país por narices; cuando, en función de las conveniencias políticas o económicas un país es  nuestro aliado o tenemos que declararle la guerra inmediatamente; cuando los pobres ucranianos se debaten entre ser europeos o rusos; cuando el ébola sigue matando a miles de africanos ante la indiferencia general; cuando uno está al borde de la depresión, una mañana pone el televisor y se encuentra con un concierto grabado que recoge la intervención de cientos de músicos y de coros, dirigidos por diversas batutas, que se celebra para buscar la paz.

 

Hasta aquí una noticia interesante y esperanzadora, pero aun hubo más. La última pieza requiere la colaboración de un nuevo coro. Un coro muy singular. Una agrupación formada por sordos  que interpretan la música con el lenguaje de signos. Jamás he entendido una pieza mejor que las que nos han interpretado con sus manos, sus caras y sus gestos.

 

En cierta ocasión  tuve un encuentro con un grupo de sordos a los que transmití una serie de ideas a través de un intérprete. Una vez superada la desconfianza mutua, tuvimos una relación fluida y enriquecedora. Lo del concierto de hoy sobrepasa mis expectativas. Es una buena noticia. Otro grupo integrado perfectamente en la sociedad. Otra barrera rota.

 

Al terminar el concierto tuve que poner en práctica lo que me enseñaron aquel grupo de sordos. Comencé a mover ambas manos izadas a la altura del pecho y abiertas hacia afuera; como si me las estuviera sacudiendo.          Un gesto que en su lenguaje significa un aplauso. Aun las estoy agitando.

 

voces para la pazaplauso de sordos

Reconciliación

11 f, 14

 El segmento de plata

          por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net            

 

                                   Málaga 11 de septiembre de 2014       RECONCILIACIÓN

 

En el capítulo inicial de la tercera temporada de la serie Isabel, por cierto de una calidad extraordinaria como las anteriores, he presenciado una escena en la que el confesor de la Reina, el, por entonces franciscano, Cisneros, explica la presencia del consagrado como representante de la comunidad, haciendo de mediador entre el penitente  y el Supremo Hacedor. En el dialogo recogido lo transmite con una sencillez, al tiempo que profundidad, que es entendible por todos.

 

Por otro lado, estoy leyendo en estos días la trilogía de Arturo Barea que publicó con el título La Forja de un rebelde. En  este excelente y largo relato, el protagonista -que no es otro que el autor- lucha entre una búsqueda de Dios y un ateismo militante sustentado por unos prejuicios anticlericales y la vivencia de una  Iglesia politizada y dividida por el terror y la persecución por ambas partes. En esta novela -basada en hechos reales- uno de los muchos personajes de la misma, ante  el peligro de muerte inminente, decide contar al protagonista su vida. Necesita liberarse de la carga que lleva en su conciencia de los hechos puntuales en los que se ha comportado mal. Se trata de un guardia civil que le hace de guardaespaldas. En un momento relata el autor “Un día entró en mi cuarto, se atragantó, se les llenaron los ojos de agua y me alargó un puñado de papeles: allí había escrito todas las cosas malas que había hecho en su larga vida… quería que yo se lo contara al mundo como una penitencia para que él pudiera quedarse en paz”.

 

              A lo largo de mi vida he realizado un acto similar en varias ocasiones. Pero en el sitio adecuado y con la persona adecuada. Hace mucho tiempo que comprendí lo que explicaba el Cardenal Cisneros a Isabel la Católica. Entiendo que, en esas palabras, o cuartillas, me estoy reconciliando con los hermanos a través del sacerdote que representa a Jesús. El final es una paz infinita en nuestro corazón. Un encuentro con el hombre-sacerdote amigo, que recomiendo a cuantos de vosotros, especialmente a los del “segmento de plata”, habéis abandonado la practica reconfortante de la reconciliación. Dios nos perdona siempre. A nosotros nos cuesta más trabajo perdonarnos a nosotros mismos.

 

reconciliación

EL SEPTIMO ARTE

7 f, 14

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 8 de septiembre de 2014

 

 

EL SEPTIMO ARTE

 

Parece ser que los griegos de la antigüedad (que estaban muy pendientes de esos temas) fueron los primeros en clasificar las artes. Posteriormente, en el medioevo, se llegó a la conclusión de que estas se podían dividir en seis grandes grupos a los que llamaron artes mayores; eran las siguientes: pintura, escultura, música, poesía-literatura, danza y arquitectura. A finales del siglo diecinueve se incorporó el cine como séptimo arte. Después han querido reconocer otras, pero ya están todas derivadas de las anteriores.

 

Los Hermanos Lumière armaron el lío con la producción cinematográfica. Después de aquellas exhibiciones en barracas de feria de los primeros documentales, tales como la salida de obreros de una fábrica, que se proyectó el día de los inocentes de 1895 en París, los españoles, se incorporaron a esta nueva disciplina con diversos reportajes que llegaron a su aparición oficial con el rodaje y proyección en 1899 de la Salida de misa de la Iglesia del Pilar en Zaragoza, un trabajo de un adelantado de la época: Eduardo Jimeno.

 

Desde entonces, la humanidad ha vivido la magia de la pantalla. Hemos podido recrear en nuestra mente las imágenes, palabras y sucesos de todos los tiempos que, mejor y peor, una pleyade de aficionados y profesionales de la cinematografía nos han ido mostrando con su obra. Hemos podido viajar en el tiempo y en el espacio. Pasado, presente y futuro. Hemos puesto imagen, cara y voz a cuantos hechos, sucesos y personas, reales o ficticias, nos han presentado en este maravilloso soporte.

 

La buena noticia de hoy es que, gracias a Dios, el cine perdura a través de los tiempos y que, como la buena literatura, admite una revisión intemporal. Este verano, dada la pobreza de la programación televisiva, las diversas cadenas han tirado de filmoteca y nos han vuelto a presentar películas, españolas y extranjeras, con casi tantos años como tiene un servidor. Y he descubierto la frescura de películas americanas tales como La ventana indiscreta o Primera Plana, europeas como Los niños del coro, o españolas, como La vaquilla o mi preferida: Calabuch. Hemos podido recrearnos con las obras de Capra, Benigni o Nieves Conde.

 

La televisión es un excelente vehículo para el cine. No soporto las modernas salas cinematográficas de frio polar en todo tiempo y de ruido constante de palomitas y bebidas refrescantes. Paso del atronador “sensurround”, o de ponerme unas gafas mareantes para el 3 D. Prefiero mi butaca, un televisor grandecito y un silencio a mi alrededor, para tragarme una película del oeste, de misterio, españolada, dramática o “peplum”. Me da igual. Cine, siempre cine. Cine bueno, por favor.

 

cine

El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 4 de septiembre de 2014

 

MOSÉN BUXARRAIS

He leido una interesante entrevista realizada por nuestra compañera Ana Oñate a D. Ramón y publicada en Diócesis. En ella descubrimos que los ochenta y siete (casi ochenta y ocho) años no han hecho mella en él. Sigue hablando y, sobre todo, actuando, como cuando tenía muchos menos, siendo mosén, misionero, obispo o emérito.

 

No tengo más remedio que confesar mi afectividad, así como mi dependencia intelectual y espiritual por y de D. Ramón. En muchas ocasiones se encuentra uno con ganas de tirar la toalla y pasar a la Iglesia sedante; de dedicarse a echar de comer a las palomitas y verlas venir. Pero, cada cierto tiempo, recibo una nota en MAYUSCULAS de D. Ramón en la que me indica que lee todo lo que escribo, me prohibe dejar de hacerlo y me apremia a seguir en la brecha.

 

No es la primera vez que nos anima y estimula. Hace muchos años (1989) le propusimos irnos a evangelizar a los emigrantes españoles en Suiza a través de un Cursillo de Cristiandad (felicidad) sui-generis. Nos responsabilizó del tema a mí como coordinador, al Padre Sergio Ferrero y a cuatro miembros de la Escuela de Cursillos (Ramón, Maribel, Valentín y Angelita). Nos presentamos en Suiza con un documento personal suyo de envío y recomendacíón al Obispo de Sión, y allí nos plantamos en plenos Alpes, en el Cantón Valais, como enviados de la Iglesia de Málaga. Varios años yendo a Suiza, otros tantos en Lieja (Bélgica), nos pusieron en contacto con los emigrantes españoles con los que mantuvimos una amistad y colaboración que todavía perdura. Una Virgen de la Victoria, entronizada en Martigny, recuerda nuestro paso por aquellos territorios. D. Ramón nos animaba a seguir; de su mano, entablamos relación con el Nuncio en Ginebra y el Obispo Auxiliar de Lausane. Que por cierto, no estaban muy receptivos.

 

D. Ramón da la talla en las distancias largas y en las cortas. Le he visto cediendo el Seminario a los ancianos de las Hermanitas de los Pobres, asistiendo a una cena con los mayores durante varios años en la feria de Málaga, acompañando en sus últimos momentos a un amigo común y sufriendo la incompresión de algunos. Por arriba y por abajo.

 

Pero ahí sigue. Con lo que sale a su paso. Con su taller y sus máquinas de coser en Nador. Con sus presos y su asilo. En algún momento he hablado con él por teléfono y me ha puesto a sus “colegas” musulmanes o cristianos. Su sonrisa y su “niño, tienes que seguir” me animan a intentar parecerme a él en algo más que mis filias barcelonistas. En su amor a Dios y a los hombres que tiene perfectamente demostrados. Que Dios le siga bendiciendo.

 

 

 

 

 

buxarrais