Mosén Buxarrais

3 f, 14

El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 4 de septiembre de 2014

 

MOSÉN BUXARRAIS

He leido una interesante entrevista realizada por nuestra compañera Ana Oñate a D. Ramón y publicada en Diócesis. En ella descubrimos que los ochenta y siete (casi ochenta y ocho) años no han hecho mella en él. Sigue hablando y, sobre todo, actuando, como cuando tenía muchos menos, siendo mosén, misionero, obispo o emérito.

 

No tengo más remedio que confesar mi afectividad, así como mi dependencia intelectual y espiritual por y de D. Ramón. En muchas ocasiones se encuentra uno con ganas de tirar la toalla y pasar a la Iglesia sedante; de dedicarse a echar de comer a las palomitas y verlas venir. Pero, cada cierto tiempo, recibo una nota en MAYUSCULAS de D. Ramón en la que me indica que lee todo lo que escribo, me prohibe dejar de hacerlo y me apremia a seguir en la brecha.

 

No es la primera vez que nos anima y estimula. Hace muchos años (1989) le propusimos irnos a evangelizar a los emigrantes españoles en Suiza a través de un Cursillo de Cristiandad (felicidad) sui-generis. Nos responsabilizó del tema a mí como coordinador, al Padre Sergio Ferrero y a cuatro miembros de la Escuela de Cursillos (Ramón, Maribel, Valentín y Angelita). Nos presentamos en Suiza con un documento personal suyo de envío y recomendacíón al Obispo de Sión, y allí nos plantamos en plenos Alpes, en el Cantón Valais, como enviados de la Iglesia de Málaga. Varios años yendo a Suiza, otros tantos en Lieja (Bélgica), nos pusieron en contacto con los emigrantes españoles con los que mantuvimos una amistad y colaboración que todavía perdura. Una Virgen de la Victoria, entronizada en Martigny, recuerda nuestro paso por aquellos territorios. D. Ramón nos animaba a seguir; de su mano, entablamos relación con el Nuncio en Ginebra y el Obispo Auxiliar de Lausane. Que por cierto, no estaban muy receptivos.

 

D. Ramón da la talla en las distancias largas y en las cortas. Le he visto cediendo el Seminario a los ancianos de las Hermanitas de los Pobres, asistiendo a una cena con los mayores durante varios años en la feria de Málaga, acompañando en sus últimos momentos a un amigo común y sufriendo la incompresión de algunos. Por arriba y por abajo.

 

Pero ahí sigue. Con lo que sale a su paso. Con su taller y sus máquinas de coser en Nador. Con sus presos y su asilo. En algún momento he hablado con él por teléfono y me ha puesto a sus “colegas” musulmanes o cristianos. Su sonrisa y su “niño, tienes que seguir” me animan a intentar parecerme a él en algo más que mis filias barcelonistas. En su amor a Dios y a los hombres que tiene perfectamente demostrados. Que Dios le siga bendiciendo.

 

 

 

 

 

buxarrais

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