EL SEPTIMO ARTE

7 f, 14

LA BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 8 de septiembre de 2014

 

 

EL SEPTIMO ARTE

 

Parece ser que los griegos de la antigüedad (que estaban muy pendientes de esos temas) fueron los primeros en clasificar las artes. Posteriormente, en el medioevo, se llegó a la conclusión de que estas se podían dividir en seis grandes grupos a los que llamaron artes mayores; eran las siguientes: pintura, escultura, música, poesía-literatura, danza y arquitectura. A finales del siglo diecinueve se incorporó el cine como séptimo arte. Después han querido reconocer otras, pero ya están todas derivadas de las anteriores.

 

Los Hermanos Lumière armaron el lío con la producción cinematográfica. Después de aquellas exhibiciones en barracas de feria de los primeros documentales, tales como la salida de obreros de una fábrica, que se proyectó el día de los inocentes de 1895 en París, los españoles, se incorporaron a esta nueva disciplina con diversos reportajes que llegaron a su aparición oficial con el rodaje y proyección en 1899 de la Salida de misa de la Iglesia del Pilar en Zaragoza, un trabajo de un adelantado de la época: Eduardo Jimeno.

 

Desde entonces, la humanidad ha vivido la magia de la pantalla. Hemos podido recrear en nuestra mente las imágenes, palabras y sucesos de todos los tiempos que, mejor y peor, una pleyade de aficionados y profesionales de la cinematografía nos han ido mostrando con su obra. Hemos podido viajar en el tiempo y en el espacio. Pasado, presente y futuro. Hemos puesto imagen, cara y voz a cuantos hechos, sucesos y personas, reales o ficticias, nos han presentado en este maravilloso soporte.

 

La buena noticia de hoy es que, gracias a Dios, el cine perdura a través de los tiempos y que, como la buena literatura, admite una revisión intemporal. Este verano, dada la pobreza de la programación televisiva, las diversas cadenas han tirado de filmoteca y nos han vuelto a presentar películas, españolas y extranjeras, con casi tantos años como tiene un servidor. Y he descubierto la frescura de películas americanas tales como La ventana indiscreta o Primera Plana, europeas como Los niños del coro, o españolas, como La vaquilla o mi preferida: Calabuch. Hemos podido recrearnos con las obras de Capra, Benigni o Nieves Conde.

 

La televisión es un excelente vehículo para el cine. No soporto las modernas salas cinematográficas de frio polar en todo tiempo y de ruido constante de palomitas y bebidas refrescantes. Paso del atronador “sensurround”, o de ponerme unas gafas mareantes para el 3 D. Prefiero mi butaca, un televisor grandecito y un silencio a mi alrededor, para tragarme una película del oeste, de misterio, españolada, dramática o “peplum”. Me da igual. Cine, siempre cine. Cine bueno, por favor.

 

cine

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: