Rasgarse las vestiduras

8 f, 14

El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

                                Málaga 9 de octubre de 2014     

 

RASGARSE LAS VESTIDURAS

 

Cuando escucho la palabra hipocresía, en seguida me viene a la memoria una de las imágenes más explicitas que manifiestan dicha actitud. Se trata de los gestos de intransigencia de los próceres de la época ante la verdad desnuda, proclamada por Jesús de Nazaret, que recogen los evangelios. Hablan de mesarse los cabellos y rasgarse las vestiduras.

 

Esto es lo que sucede en la actualidad entre los políticos, los tertulianos, los periodistas, los profesionales de la medicina y cuantos se atreven a calificar la actuación de cuantos han intervenido en la dolorosa gestión de la epidemia de ebola que sufrimos.

 

Mientras que los problemas se circunscribieron a un suceso lejano y casi habitual, se observaron desde la distancia como una situación marginal. Después, cuando pidieron ayuda dos misioneros, se cuestionó su repatriación por los costos y hasta por su pertenencia a la Iglesia Católica. Ahora surge, desgraciadamente, la transmisión de la enfermedad a una sanitaria que les atendió y la consiguiente alarma general.

 

Ahora sí. Ahora surgen los “salvadores de la sociedad” diciendo: “ya os lo decía yo”; tiene que dimitir hasta el apuntador –siempre que no sea de mi partido-; etc. Pero sobre todo: “hay que salvar al perro”. Esto parece lo más importante. Ahora se han movido a fondo las redes sociales. Que conste que toda mi vida he tenido perro o perros. Soy un gran amigo de los animales. Que le pregunten a “Gaspar”, mi arrugado shar pei, como le tratamos en casa. Pero la actitud de los medios es un reflejo de la hipocresía y la incoherencia general.

 

Parece que se han olvidado las decenas de centenares de muertos en África, victimas de esta epidemia, la falta de medios para su tratamiento y el montón de médicos, enfermeras, misioneros y voluntarios que conviven con la enfermedad en pésimas condiciones. Estoy escuchando por la radio la entrevista de Carlos Herrera a un misionero en Sierra Leona. En mi vida he oído un testimonio más desgarrador. Nos ha dicho, por derecho y mucho mejor que lo expresaría yo, cuanto pasa por mi mente. Cientos de niños muertos la pasada semana. “Solo os habéis preocupado en el tema cuando os ha estallado en la cara”.

 

       En nuestro país se ha procurado hacer las cosas lo mejor posible. Pero, al parecer, ha habido errores. La solución que dan los “listos”: que dimitan, que dimitan todos los que no sean de nuestra cuerda. Que se quiten ellos para ponernos nosotros, que lo haremos igual o peor.

 

Basta ya de rasgarse las vestiduras. Abordemos todos juntos el problema y aunemos los esfuerzos. Esto nos permitirá mejorar la atención y aprender para futuras contingencias. De momento, pidamos a Dios por los enfermos y por todos nosotros, que lo necesitamos. Y, si se puede, salvemos al perro. Y si es necesario para estudiar mejor la enfermedad, estoy seguro que el perro dará gustosamente la vida por sus amos. Los animales son menos hipócritas que las personas.

 

Nuestro misionero si que nunca nos falla. El estaba, está y estará allí. Junto al dolor. Sin que se lo tengan que recordar las redes sociales. Que fácil es darle al intro.

 

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