La prueba del nueve

27 f, 14

El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

                                Málaga 27 de noviembre de 2014     

 LA PRUEBA DEL NUEVE

En mis primeros años de colegio, un maestro, D. Francisco Quero, me enseñó a aplicar con habilidad la prueba del nueve. Este “artilugio” se usaba cuando no había calculadoras y los niños aprendíamos a multiplicar y dividir bien -no como ahora, que se las ven y las desean para sumar y restar con los dedos-. Era un instrumento para comprobar los resultados de aquellas larguísimas y complicadísimas operaciones matemáticas de un montón de cifras. Decimales incluidos.

 

A los cristianos nos gusta mucho los reglamentos, pesos, medidas y clasificación de las faltas y pecados que impiden o dan paso a la vida eterna en los cielos o en los infiernos. Topamos con las bulas, nueve primeros viernes, escapularios, etc., como seguro a todo riesgo. Esto no es nuevo, en los tiempos en los que, ni aquellos que lo intentaban vivir sabían lo que era el cristianismo, el Señor, como en tantas otras ocasiones, explicó con claridad lo que parece muy complicado para el que no lo quiere entender.

 

El evangelio de San Mateo, en su capítulo 25, recoge la prueba del nueve del cristiano. Las condiciones para llegar medio bien al otro barrio. Aquí no hay medias tintas. Habla de “benditos” (santos o bienaventurados), como aquellos que han aplicado las obras de misericordia en su vida a los Cristos vivos que se han ido encontrando.

 

Cuando se entiende esto, sobra casi todo lo demás. Cuando se vive en esta actitud aplicando la aptitud de cada uno, todo es muy fácil y se pasa la prueba del nueve final. Lo importante es empezar a vivir de forma natural las obras de misericordia. Este estadio se alcanza en el momento en que dejas entrar a Jesús en tu vida. ¿Cómo? A través de la oración, la escucha de la Palabra, los Sacramentos y “supra tutto”, por el encuentro con el hermano.

 

Si entras en esta dinámica descubres una serie de obras de misericordia que no vienen en los catecismos. Acoger al emigrante, escuchar a los ancianos, sonreír a los que te encuentras, acompañar al que está solo, aguantar al pesado, ser tolerante, exponer, no imponer, trabajar con alegría, defender a los no-natos, defender la verdad, etc. En una palabra: hacer de tu pequeño mundo, un mundo mejor.

 

Viene a mi memoria un día en el que preguntaba yo al Obispo Buxarrais que como se podría alcanzar las bienaventuranzas; él me contestó: Las bienaventuranzas son la meta; el camino: las obras de misericordia.

 

 

 

 

prueba del nueve

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