El chavo del ocho

4 f, 14

                    El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

                                Málaga 4 de diciembre de 2014     

 EL CHAVO DEL OCHO

 

Una escueta nota de prensa nos ha comunicado el fallecimiento de Roberto Gómez Bolaños días pasados en Méjico a la edad de 85 años.  Esta escasa atención prestada por los medios de comunicación españoles contrasta con el duelo nacional manifestado en su país con motivo de la perdida del creador e interprete del personaje principal de  “el chavo del ocho”. Una serie de televisión mejicana emitida desde en los años setenta en Televisa (México) y exportada a diversos países, entre ellos España.

 

En nuestro país tuvo un éxito arrollador. Toda la familia esperábamos con ilusión su presencia en las pantallas. Cada uno de los personajes de la serie era querido e imitado por algún miembro de la misma. Pero especialmente el “chavo”, un niño pobre, solitario, acomplejado, oprimido, despreciado amorosamente, era adorado por todos. Los personajes, buenos y malos, que completaban el programa eran humanos y entrañables y rezumaban un gran corazón. Durante muchos años se ha ido reponiendo esta producción por distintas cadenas con gran éxito, pese a la repetición de sus capítulos. Los diversos spin-off que surgieron de esta serie (el chapulín colorado y otros), nunca tuvieron el éxito del chavo. Frases como “fue sin querer queriendo” o “es que no me tienen paciencia”, se incorporaron al lenguaje popular cuando aun no se hablaba en el lenguaje que puso de moda el gran “Chiquito”.

 

Me atrevo a hacer este comentario porque sigo observando que el talento, que permite hacer una televisión positiva, se sigue dilapidando en nuestras cadenas en la creación de series vacías de contenidos positivos y llenas de sal gorda, de imágenes soeces innecesarias y de recursos políticamente correctos basados ataque descarado a determinados valores. Mientras, difícilmente encontramos un espacio aprovechable.

 

La gente sencilla, los pescaitos fritos, a los que aludo constantemente, descubrimos fácilmente donde hay hondura, sencillez, sana distracción y mensajes liberadores. La humanidad dedica el 80% de su tiempo libre a la televisión. Los mayores, una media de más de cuatro horas diarias. Los capos de la televisión no tienen en cuenta estas circunstancias y siguen programando telebasura  sin ningún pudor. Las pantallas manifiestan lo peor de la sociedad. Programas como “hermano mayor”, “Sálvame”, “Adán y Eva”, “Gran Hermano” o “mujeres, hombres…” viven de presentar personajes y situaciones dignos de estudio y tratamiento psiquiátrico.

 

Vuelvo al Chavo. El pueblo mejicano sencillo, el que siguió en su día a “Cantiflas”, despidió tumultuosamente a ese representante del hombre humilde, que le enseño a reírse con, en vez de reírse de. Miles de seguidores de todas las edades llevaron a Roberto Gómez en su recorrido por el D.F. culminado en el Estadio Azteca.

 

Ojala aprendan los guionistas españoles de su ejemplo. No se excusen como el Chavo cuando decía: “se me chispoteó”.

chavo 2

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