La guerra del Guadalmedina

7 f, 14

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 8 de diciembre de 2014

 

 

LA GUERRA DEL GUADALMEDINA

 

Aquel día amaneció lluvioso. Miles de personas se desplazaron hasta el parque malagueño para celebrar el primer día de Andalucía en democracia. Era el cuatro de diciembre de 1977. Poco antes se habían celebrado las primeras elecciones al Parlamento español en las que nos habíamos embarcado con gran ilusión y esperanza. Una pléyade de jóvenes y veteranos, preparados cultural y humanamente, se aprestaban con ilusión a poner en marcha un proyecto de país totalmente nuevo, moderno y de todos.

 

Personalmente, había participado con más ilusión que preparación, en una candidatura encabezada por el Sr. Suárez y en la que cabían mis ilusiones políticas de entonces: una ideología social-demócrata-cristiana. Mi puesto de trabajo fue el de tercera o cuarta fila, no aparecer en los papeles, trabajar mucho y esperar poco. El leitmotiv de mi vida. En aquella manifestación también iba en la cuarta o quinta fila. Como hago siempre, en cualquier acto, me escabullí en cuanto pude. Así que no me enteré de los tiros ni el desgraciado final de la manifestación.

 

Posteriormente sí que viví la “guerra del Guadalmedina”. En calle Mármoles, en Carretería, por el mercado Central, unas hordas de desmadrados aprovecharon la ocasión para romper escaparates y mobiliario urbano y saquear tiendas (todavía estoy viendo a un conocido del barrio corriendo con “algo” que había afanado del escaparate de Mérida). Ese año, para completar mis necesidades económicas, me había embarcado en abrir una tienda de juguetes en calle Sebastián Souvirón. Y allí pasé los días y las noches defendiendo los trenes eléctricos, los “famobil” y los “Fort Comanches”. Gracias a Dios, a los dos o tres días se restableció la calma, las aguas volvieron a su cauce y pude terminar de vender las Barbies, los Nenucos, las peponas y 12 bicicletas que me iban a buscar la ruina.

 

     La buena noticia de hoy es que recordamos aquellos días como una pesadilla que no se ha vuelto a repetir. Y no es porque no haya habido motivos tan graves o más que aquellos. Pero el pueblo malagueño, mis pescaitos fritos del alma, han evolucionado positivamente y han demostrado su capacidad de aguantar el tirón con estoicismo y sin violencia en la mayoría de las ocasiones. Otra cosa son los que nos tendrían que dar ejemplo, a los que hay que echarles de comer aparte. Pero en las urnas se van a enterar. Que hubieran reaccionado antes. Barrunto un neo bi-partidismo muy interesante: Unos del mocito feliz y otros del pequeño Nicolás. Seguiremos informando.

 

 

pescaitos fritos

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