Cincuenta años

14 f, 14

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 15 de diciembre de 2014

                             

                                  CINCUENTA AÑOS

¡Cincuenta años! ¡Medio siglo! Palabras mayores. Hace cinco décadas, un día de diciembre, me aprestaba a tomar un autobús tempranero para iniciar mi aventura laboral oficialmente. Unas oposiciones superadas días atrás me ponían al servicio de la entonces más importante industria malagueña, hoy, como tantas otras, desgraciadamente desaparecida; INTELHORCE, Industrias textiles del Guadalhorce. Llovía más que el peor día del diluvio universal. Chaqueta, corbata, mis mejores galas. Ocho años de estudios en la Escuela de Comercio me garantizaban la formación, avalada por los títulos de Perito y Profesor Mercantil. Me sentaron en una oficina desangelada junto a tres compañeros mayores que yo, casados y con experiencia laboral anterior. A mí, al novato, me pusieron a cuadrar un resumen de todo lo acontecido contablemente en el año que terminaba. Estuve sumando hasta el mes de febrero. Soñaba con los números y la calculadora Olivetti que me habían asignado. Y fui muy feliz.

La buena noticia de hoy, la viví el viernes, en un almuerzo que celebramos cada año por estas fechas, cuando nos reunimos 19 supervivientes de aquella etapa de nuestras vidas. Pude descubrir que seguía siendo de los más jóvenes, creo que tan solo superaba a uno de ellos, al que no conocía personalmente, o no lo reconocía, porque entró después de mi salida de la empresa por circunstancias familiares. Por cierto, Manolo Moreno Aragonés, lector de estas buenas noticias, ha podido comprobar la clase de despiste permanente en la que vivo, hasta el punto de parecer descortés al no saludarle adecuadamente.

Alrededor de esa mesa y mantel, nos reunimos un grupo de hombres (las mujeres brillan por su ausencia) que sufrimos los años del desarrollo económico de nuestro país y nuestras menguadas carteras. Cadí todo teníamos otro trabajo por la tarde y alguno aprovechábamos para asistir a las clases de la recién abierta Universidad de Málaga. Nos fuimos marchando una gran parte. Otros, permanecieron allí hasta el cierre definitivo de la empresa. Pero año tras año, al llegar las Navidades, nos hemos seguido reuniendo para recordar nuestras aventuras; aquél equipo de fútbol de contabilidad o el equipo de baloncesto que se propuso montar Andrés de La Riva (un ingeniero canario) en el que a alguno de sus jugadores tuve que enseñar a quitar el cartón que daba forma a las botas de baloncesto hasta ese día desconocidas. Aquellos pantagruélicos almuerzos en “Chez manúo” en el Tarajal, como consecuencia de una huelga reivindicativa en los comedores de la empresa.

Desgraciadamente cada año falta alguno a la cita. De aquél despacho: Romero Framit, Salvador Díaz, Paco Marín, Vargas, de secretaría Obdulia y el Sr. Cotelo, de caja Manolo Moreno Pulido y Luís de la Rosa… etc.

    ¿Por qué cuento esto? Por varias razones. Porque se lo merecen los comensales: ese Paco Caballero que nos lleva su felicitación personalizada y su extraordinaria obra poética, esta vez en forma de libro. Ese Juan Pareja con su sempiterna sonrisa de niño. O Estivill orgulloso de sus mellizos de brillante carrera. Y otros, y otros.

Cuando, tímidamente preguntamos las edades, la mayoría se acercan, cuando no superan, a los “cuatro veces veinte”; que suena mejor. Pero siguen jóvenes de espíritu, recordando las novietas, los jefes petardos que nos iban mandando de Madrid uno tras otro, las copitas del Tívoli, las bodas, comuniones y bautizos… La vida. Que no se nos escapa, ni se nos escapará mientras podamos compartir el pan y la sal aquél grupo de pioneros que pusieron en marcha la industria textil más grande y de proceso completo de España. Después, un montón de regentes y políticos ineptos, así como la maldita especulación, se la llevaron para delante. Pero que nos quiten lo bailado. Intelhorce es una barca, decía Calderón de la m…

 

                                   

 

 

 intelhorce

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