Dialogar

18 f, 15

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

                                         Málaga 19 de enero de 2015

DIALOGAR

Entre las cosas que he aprendido a los años de mi vida, destaca lo bien que conozco la teoría del proceso de dialogo. Consiste en escuchar (no oír), con respeto, las alegaciones de cada uno de los interlocutores, por turno, e intervenir cuando te corresponde. Así parece fácil. Pero en la realidad, el dialogo se convierte en la contraposición de monólogos. Es decir, los que escuchan, perdón, los que oyen, esperan a que, el que se haya en posesión del turno de palabra, respire, e inmediatamente, sin solución de continuidad, larga su rollo. Que tampoco escucha nadie. Cuando se acaban los argumentos, se recurre a la historia pasada, próxima o lejana, venga o no venga al caso, para esgrimir el “más tú”.

Así es imposible dialogar. Mucho menos aprender algo. Mientras te esfuerzas en manifestar “tú verdad”, no conoces la verdad del otro, que, seguramente, complementa –o modifica- la tuya. Ejemplo de todo esto lo tenemos en las tertulias y coloquios radiotelevisivos. Se convierten en jaulas de grillos y exhibición de “plumeros ideológicos”. No de búsqueda de la verdad ni de encuentro en el dialogo.

Pienso que, a medida que somos más mayores, debemos tener menos verdades inquebrantables y más apertura a la opinión, siempre dentro del respeto, de los demás. El mundo, y especialmente los más sencillos, deben ser escuchados con atención, deberíamos decir, casi con veneración, por aquellos enterados que lo sabemos todo y no necesitamos saber más.

Tengo varios foros, quizás demasiados, en los que presumo que se busca la verdad a través del dialogo. En uno de ellos, y esta es Mi buena Noticia de hoy, se encuentra una mujer viuda, pobre pero digna, sin estudios superiores, pero doctorada en la Universidad de la Vida, extremeña y sin edad definida, que vive sola pero convive con todos.

Rosalina siempre permanece callada, escucha y aprende. Aporta el óbolo de la viuda cuando es menester, te hace llamadas cortas y siempre gratificantes, sabe cuando es tu santo o cumpleaños y el de los tuyos, te felicita telefónicamente y cuelga con rapidez. Pero cuando habla… ay cuando habla. Te suelta un refrán de su tierra (apabullante como siempre), te mira con amor y sigue escuchando.

Hoy prometo firmemente aprender de Rosalina. Aprender a escuchar. Escuchando se consigue mucho más que hablando. Lo que tú dices… ya te lo sabes… demasiado bien. Lo que pasa es que es más cómodo y menos comprometido escuchar que hablar.

 

 

 

 

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