El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

Málaga 26 de febrero de 2015

 

“Como el rosario de la aurora”

Aunque nací en Jaén, mi vida ha transcurrido en Málaga, ciudad a la que llegué con siete años. Mis padres se casaron en las ruinas de la Iglesia de Santo Domingo en el año 1940. Tuve la oportunidad de llevar el ramo de nuestra boda a la Virgen de la Esperanza, de cuya cofradía soy hermano desde hace más de cincuenta años. He vivido mi infancia y adolescencia en el Pasillo de Santo Domingo y en calle Mármoles (Trinidad-Perchel). He portado el trono del Cautivo en el traslado de los años sesenta, cuando costaba trabajo encontrar quién lo hiciera. He sido nazareno de vela, insignia,  responsable de sección y miembro de la Junta Directiva de la Esperanza. Pero sobre todo he sido portador del trono de María Santísima de la Esperanza durante veinticinco años. Allí comprendí la importancia de las procesiones malagueñas al descubrir las caras arrobadas de los espectadores, desgranando una oración muy personal al paso de la Virgen. Ricos y pobres, creyentes, no creyentes y mediopensionistas se sienten cercanos a Jesús de Nazaret y a su Madre por lo menos en esos días. Todo este rollo es para demostrar que no soy sospechoso de ser un anti-cofradías, pero tampoco soy un forofo.

Me siento orgulloso de haber podido, por la gracia de Dios, pasar de la religiosidad a la creencia y, en la medida de mis cortas luces, a la fe. He luchado por la integridad y la coherencia de las cofradías desde dentro y desde fuera. He podido constatar la dedicación de muchas de ellas a la caridad y la formación además del culto. Y le pido a Dios que me libre de juzgar los fines y criterios de los cofrades.

Pero, desde la caridad y la claridad no tengo más remedio que sentirme abochornado por el cariz tumultuario y belicoso que están transmitiendo algunos hermanos cofrades. Circunstancia que nos hace recordar el dicho: “esto va a acabar como el rosario de la aurora”. Si entran en Internet y buscan, esta antigua frase les presentará unas circunstancias similares a las que estamos viviendo actualmente.

Estimo que no es para tomárselo a chirigota. Bastante trabajo nos cuesta ir desmontando los falsos criterios de cuantos tan solo ven lo negativo de la Iglesia Católica (la casta y meretriz de San Agustín) sin reparar en las maravillas y la liberación que nace del Evangelio de Jesucristo. El escaparate de la religiosidad malagueña se ve empañado por la pobreza de espíritu y el culto al yo, de quienes deberíamos dar ejemplo de nuestro cristianismo manifiesto y manifestado.

Dios me libre de tirar la primera piedra, porque no estoy libre de pecado, pero llamo al sentido común y a que prestemos atención a lo que nos dicta el Espíritu Santo y el sentido común. Que no es otra cosa que servir y potenciar la Semana Santa desde su aspecto más cristiano. Convertirnos y creer en el Evangelio. Y mostrar el auténtico rostro de Jesús.

 

 

“El rosario de la Aurora” Cuadro del pintor sevillano José García Ramosrosario de la aurora

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COMO BORREGOS

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                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 23 de febrero de 2015

COMO BORREGOS

Hay veces que terminas barajando la posibilidad de armar el pitote públicamente. Es esas ocasiones, en que tu indignación va encrespando tu carácter, te planteas encabezar una revolución y reeditar la toma de la Bastilla en forma de “sans culotts” a la española.

El motivo de esta reflexión no es otro que la visita al médico de la Seguridad Social que los que ya estamos bastante cascados tenemos que realizar con cierta regularidad. En mi caso se trata de la médico de cabecera o la cirujana que me puso una rodilla nueva hace más de tres años. En el primer caso, procuro tomar uno de los primeros números del día y echarle paciencia. En el segundo, me tengo que adaptar al que me quieran dar. Siempre dos meses después de pedirlo.

Cuando llegas muy ufano a la consulta del traumatólogo con un iter a seguir, perfectamente programado en teoría, te las prometes muy felices. A las 11 horas radiografías y a las 12 consulta. Como es natural llegas al sitio con media hora de adelanto. Das tu papelito y ¡oh milagro!, te llaman enseguida, te hacen las “fotos” y te indican que envían las radiografías directamente a la consulta.

Caes en la trampa. Esta vez la cosa va bien. Muy bien. Buscas la consulta de traumatología (rodillas y similares) y descubres la cruda realidad. Decenas de personas mayores, con la tracción fastidiada como tú, luchan por uno de los asientos desde los que miran con ansiedad a la puerta milagrosa por la que te van a recibir y curar tus males. Se trata de dos puertas paralelas. Al cabo de la primera media hora observas que por ambas aparece cada diez minutos aproximadamente la misma enfermera que atiende a las dos y recoge los papelitos de las citas. Por una entran los que han de ser infiltrados. Por la otra, el resto. La enfermera vocea el nombre del que pasa y, como en los concursos hípicos, anuncia: “preparado el siguiente, Fulanito de tal”.

Nunca sabré como realizan la cadencia de las citas. El caso es que de  las dos horas como mínimo no te libra nadie. En dos horas te da tiempo a conocer la vida, milagros, dolamas y enfermedades de los presentes y sus familiares, vecinos y allegados. Se recomiendan tratamientos de todo tipo, se realizan campañas políticas, se discute por el quítame allá ese asiento, se utilizan los teléfonos móviles a voces, se aplazan citas, almuerzos y recogidas. Como nunca se sabe cuando te van a llamar, terminas deshidratado y con la vejiga a punto de estallar.

Finalmente, y ahí está la buena noticia de hoy, pasas a la consulta. El infierno de afuera se convierte en el cielo de adentro. Te reciben con cariño y dedicación plena, sin prisa y sin ninguna objeción a tus preguntas. Te animan a seguir cuidando de tus rodillas maltrechas y, menos mal, te dan cuartelillo por ¡tres años! La cirujana te conoce perfectamente y celebra contigo el éxito de aquella operación en las navidades del 2011.

A las dos de la tarde abandonas “Barbarella” con una mirada de conmiseración para los que aun les queda que esperar. La sala está tan llena como cuando llegué a las 11’30. Pero tú, has superado la prueba.

Durante un buen rato me he sentido borrego en la feria de ganado de la vieja plazuela de Santo Domingo. No maltratado, pero sí ignorado. Se trata de personas con dificultades físicas de todo tipo. Creo que la contratación de más traumatólogos que se preocupen de las infiltraciones y revisiones, permitiría atender mejor a los pacientes y dejar más tiempo a los cirujanos para realizar su trabajo. Seguro que es porque no hay presupuesto. Estoy convencido de la imposibilidad de hacerlo mejor con los medios con los que se cuentan. Pero hoy me he sentido abanderado de esos seres humanos, resignados a su suerte, que han aumentado o mejorado sus extremidades inferiores con prótesis, muletas, andadores y sillas rodantes. Para ellos, todo tipo de atenciones son pocas. De los dos años de espera que llevo sufriendo con un “Dupryten” (una afección en la palma de las manos) hablaré en otro momento.

 

(grabado de la toma de la Bastilla por unos enfermos indignados)

sansculottes

El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

Málaga 19 de febrero de 2015

 

EL METRO CUADRADO

Me viene martilleando en la cabeza esta medida de superficie. Se viene utilizando mucho en los foros y tertulias, bastante mal por cierto, desde que se intentó calcular la asistencia a los actos públicos. El resultado es desastroso, depende de las filias o las fobias políticas del que cuenta. Los de un lado hablan de una cifra y los de otro dicen que tan solo se han reunido la décima parte y viceversa. Unos y otros dicen para establecer el aforo multiplican los metros cuadrados de superficie ocupados por los asistentes por tres o cuatro, según criterio, lo que les da la cifra aproximada de manifestantes o simples espectadores. Las diferencias obtenidas, según orientación política, me recuerdan un poco al cazurro que calculaba los rebaños de ovejas contando las patas y dividiendo por cuatro.

 

A lo que iba. Desde que me hicieron meditar la influencia que cualquier persona tenemos en el metro cuadrado que nos rodea, me estoy planteando como utilizo el que me corresponde. Y observo que basta cambiar la palabra prójimo por próximo y obrar en consecuencia. Después de muchos años de intentar vivir un cristianismo de grandes actos y celebraciones, llego a la conclusión que el Evangelio es mucho más fluido cuando se predica boca a boca. Sobre todo por el ejemplo personal.

 

He tenido algunas experiencias personales –no se si vivencias o “momencias”- que me permiten aseverar el excelente resultado que se obtiene en las distancias cortas. (Espero que la que voy a reflejar no moleste al protagonista de la misma). Compartí trabajo de conductor, en una ONG con la que colaboro, con un alumno de la UMA que quería obtener un crédito para su expediente mediante el desempeño de una actividad como voluntario.

 

Mi labor en este caso fue muy sencilla. Demostrarle que se era muy feliz ayudando a los demás. Hablarle de una “buena noticia” que le haría sobrellevar y afrontar los problemas de cada día. Que se puede seguir a Jesucristo sin convertirse en un fanático. Que se es más feliz dando amor que esperando que te lo den. El voluntario por necesidad académica se convirtió en un voluntario por convicción. Después de un Erasmus en un país del Este, ha vuelto a su actividad apoyando a los necesitados desde su capacidad laboral como informático. Lo de su fe ya no depende de mí.

 

La teoría del “metro cuadrado” es también esclarecedora para los que somos a veces “candil de puerta ajena”, que decía mi madre. Aquellos que somos una malva en la calle y, por el contrario somos unos “huesos” con los que nos rodean. Aquí tenemos que dar la talla.

 

Creo que debemos ver –no tan solo mirar- a nuestro alrededor. Y obrar en consecuencia. Nuestro metro cuadrado puede ser el infierno o el paraíso. Casi siempre el purgatorio. Pasarlo en la tierra con gallardía es una forma de “progresar adecuadamente”.

 

metro cuadrado

Los arbolitos…

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                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 16 de febrero de 2015

LOS ARBOLITOS…

 

En aquellos años cincuenta del pasado siglo en los que recibí mi primera enseñanza en diversas escuelas, se nos despachaba a los tiernos infantes de la época con los escasos elementos escolares con los que se contaba. Empezábamos con unas pequeñas pizarras, enmarcadas en madera, en las que garrapateábamos con los restos de pizarrines que podíamos encontrar. Un lápiz nuevo y una goma Milán eran un lujo. Sobre todo si la goma era de dos colores. Cuando se nos acercaba la edad de la primera comunión, mejorábamos el material. En nuestros plumieres –de dos pisos- atesorábamos un palillero y una plumilla de “la Corona” (recta o en una forma extraña que parecía un cuatro). Dichos preciados instrumentos los mojábamos en los tinteros que se incrustaban en cada banca y que eran rellenados a diario por el pelota de la clase. Cada mañana fabricaba una tinta basada en unos polvos azules, mezclados con agua, que conseguían manchar las manos y la ropa, mientras apenas servían para trazar cualquier letra en aquellas libretas de papel pajizo. Después, vinieron unos asquerosos lápiz-tinta que había que chupar al estilo “Cantinflas” y que escribían aun peor. Cuando llegaron los bolígrafos Bic y similares (unos mejores que otros, pero todos manchaban los “babys” cuando perdían la bolilla de la punta con el consiguiente estropicio), nos sentimos de lo más moderno y mejor dotados. Nada que ver con las “tablets” que manejan hoy los enanos antes de aprender a hablar.

La parte teórica de la enseñanza la ponían tres textos y las libretas de cuentas y de caligrafía Rubio (que merecen mención aparte). Los textos con cuyo conocimiento llegaba uno sobrado al bachillerato eran: la enciclopedia Álvarez, el catecismo Ripalda y el libro de Urbanidad. Unos mapas de hule con la España física y política completaban el decorado. Una bola del mundo y un sacapuntas de manivela permanecían en la mesa del “profe”.

Quiero hablar del libro de Urbanidad que llegó a mis manos, quizás heredado de mi hermana o de algún primo. En sus páginas se veía un pequeño árbol que era enderezado con las manos paternales mientras se contemplaba su crecimiento en diversas imágenes. El texto decía “los arbolitos desde chiquitos”.

Todo este rollo, a modo de preámbulo, viene a propósito de la evolución que se está realizando en las celebraciones de toda suerte de acontecimientos festivos animada por la sociedad de consumo que nos maleduca. Aniversarios, días de… y tantos “festorros de cumplo-y-miento” que son propiciados –cuando no inventados- por los establecimientos que suministran y aconsejan el gasto especial en estos días señalados.

Me voy a detener en los cumpleaños de los escolares. En mi casa venimos criando niños desde hace más de cuarenta años. Y lo que nos queda. Los que hoy son mayores se juntaban en sus cumpleaños con los hermanos, primos y algún vecino. Se comían el bocadillo de salchichón, mortadela o Nocilla y se bebían el correspondiente vaso de leche alrededor de una tarta casera con velitas recicladas. Se le compraba alguna cosita y listos. Hoy los cumpleaños se celebran en un recinto infernal –que normalmente está en la gran puñeta- lleno de bolas, toboganes y ruidos; con la presencia de los niños de la clase (más de veinte) los primos e hijos de las amistades, los vecinos y sus correspondientes cuadrillas de padres, abuelos, tíos y demás parientes. De sesenta personas no hay quién lo baje. Cada uno con un regalo tamaño Reyes Magos y una capacidad de comerse (y beberse) veinte euros por cabeza. Una fortuna y un coñazo para todos. Y el compromiso de que, cuando toque a los tuyos, tienes que hacerlo por lo menos igual.

Mi buena noticia de hoy  me la han proporcionado unos niños del Colegio de los Olivos que, junto a sus padres, han decidido celebrar su cumpleaños dedicando el dinero que iban a gastar en la fiesta, comprando regalitos para los niños necesitados de una ONG que atiende a menores de familias con dificultades económicas. Inmediatamente me he acordado de aquél grabado del libro de Urbanidad; “Los arbolitos desde chiquitos”. Los niños han sido felices, seguro que han merendado sin parafernalia y se han sentido encantados de compartir su alegría con los demás aprendiendo a ser solidarios. Enhorabuena a los padres y a los niños. Ojala nos sirva de ejemplo.

 

urbanidadparque infantil

El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

Málaga 12 de febrero de 2015

 

AL OTRO LADO DEL CHARCO

A veces, demasiado pocas quizás, me lanzo a realizar alguna de las asignaturas pendientes de mi vida. Una de ellas era cruzar el Mediterráneo y acercarme a Melilla para entrevistar a D. Ramón Buxarrais –el padre Ramón- como le llaman allí todos. Cuando digo todos, me refiero a todas las personas con las que nos cruzamos.

 

  1.   Ramón es -en mi modesta opinión- el paradigma del representante del “segmento de plata”. Una persona que, pese a su estado laboral de jubilación, desarrolla una labor “casi de oro”, cuando no de platino. D. Ramón me demostró a lo largo de las horas en que convivimos una vitalidad superior a la que yo le conocía de otros tiempos. Quizás la libertad de haber roto con las ataduras del cargo y el protocolo, le permitió, y me permitió, llegar a una cercanía especial en la entrevista que me concedió -una hora larga ante la cámara y el micrófono de Onda Azul-, en la conversación abierta, el agradable paseo a buen ritmo, con su clergyman y un sombrero que porta con garbo, la comida memorable y, sobre todo, en la oración informal vivida a lo largo de seis horas.

 

La Gota de leche, su lugar de trabajo, donde ocupa un modesto “apartamento”, excesivamente modesto a mi entender, es un macrocentro de solidaridad con cientos de acogidos –ancianos, enfermos y niños, a los que conoce uno por uno- y unas instalaciones un tanto abigarradas, como lo es todo en Melilla.

 

La cabeza de D. Ramón, sigue extraordinariamente bien amueblada, su inteligencia le permite obviar los momentos malos de su vida y recordar –sin ningún tipo de añoranza- otros tiempos que, para él, no fueron ni mejores ni peores. Otros tiempos. Vive el presente con intensidad impropia de sus 86 años cumplidos y confesados. Manifiesta una vitalidad envidiable y camina ágilmente pese a sus operaciones de cadera y de rodilla.

 

Del resultado de la entrevista ya les daré más cumplida información cuando emitamos la misma. Pero les quiero anticipar la frase que más me impactó a lo largo del día. Me la repitió en varias ocasiones, tres exactamente: “me apena terriblemente las equivocaciones que cometí en mi etapa de Obispo de Málaga”.

 

Poco antes de venirnos me espetó: cuando muera –ya está preparado para ello- que me incineren y entierren mis restos en el osario común. Así es D. Ramón, un payés catalán del Vallés, forofo del Barça y admirador del Papa Francisco, al que ha saludado personalmente el pasado año. Un cura de pueblo y para el pueblo.

 

Un ejemplo para el “segmento de plata”. Por cierto, los lee todos.

 

 

 

 

ramon buxarrais

                 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 9 de febrero de 2015

NOTICIAS “VINTAGE”

 

          Dentro del maremágnum lingüístico que se está produciendo en España -desde la implantación de ese español de garrafa que corre por los medios de comunicación y las redes sociales- se está poniendo de moda la palabra “vintage” –que por cierto es francesa y más o menos significa “de veinte años, de antigüedad”-. Este término se aplica a todo lo que no es nuevo ni innovador, pero tiene cierto valor por su utilidad o belleza. O para disimular la circunstancia de que no tenemos los medios suficientes para adquirir algo nuevo, tiramos del armario o del cajón del abuelo o abuela y usamos la antigualla.

      En la política, cuando faltan argumentos, ideas o realizaciones, se tira de la “memoria histórica” -especialmente de la que sea lo más negativa posible- para hacerle un homenaje a unos y denostar a los otros. Esto pasa con frecuencia con la guerra incivil española, una época que debe llenar de sonrojo a tirios y troyanos. A aquellos que fueron los culpables de la muerte de un millón de personas. Una vez reconocido y analizado el daño, pienso que debemos dedicar todos nuestros esfuerzos a evitar situaciones que propicien de nuevo la división de España en dos partes o en muchas partes, que más da. Me sigo quedando con aquello de que “el pueblo unido, jamás será vencido”.

      Este pensamiento ha llegado a mi mente tras leer en la prensa local que “una plataforma llevará al tribunal europeo a los autores del «genocidio» de la huida a Almería”. Al cumplirse los 97 años del suces, la plataforma Málaga republicana decide constituir una comisión con juristas e historiadores para pedir responsabilidades «al estado y el ejército español y a Italia y Alemania». Me parece una reivindicación justa, pero obsoleta como tantas otras. El tribunal europeo que se constituya dedicará el tiempo a reivindicar una historia “vintage” –lo cual no le quite un ápice de su validez-. Mientras, media Europa debe lo que no está en los escritos a los países preponderantes; en Ucrania se está desarrollando una guerra civil encubierta; el paro europeo llega casi al 12 % y el español hasta el 24%; los integristas musulmanes y los jordanos andan matándose sin solución de continuidad. Estos si que son motivos para que los expertos estudien su posible solución y los votantes tomemos debida nota.

      La buena noticia de hoy, aunque se trate de un parche provisional, es esperanzadora. Estas gélidas noches del invierno más duro de los últimos tiempos, brigadas de hombres de buena voluntad, patrocinados por el ayuntamiento malagueño, se han echado a la calle para atender a ese grupo de personas que viven a la intemperie, a veces de forma voluntaria y otras no, acogiéndose al calor de los cartones, los cajeros automáticos y los rincones que les sirven de techo.

      Estas criaturas, además de recibir la invitación a pasar por alguno de los albergues existentes, van a ser provistos de comida caliente, prendas de abrigo y apoyo personal en forma de conversación y respeto.

      Cuando solucionemos todo lo presente, volvamos a las justas reivindicaciones del pasado. Pero desgraciadamente ninguno de los promotores de aquél lío recibió, ni recibirá, ningún tipo de castigo por su irresponsabilidad. Es tiempo perdido. Lo de hoy, nos urge.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

LAS ADORATRICES

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El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

Málaga 5 de febrero de 2015

 

LAS ADORATRICES

Debido a mi participación en los programas de” “La Málaga Solidaria” de Onda Azul Televisión, estoy conociendo mucho más a fondo la realidad de la Iglesia de Málaga en lo referente a la atención a los más desfavorecidos. Esta participación en la prevención, curación y formación de aquellos que han caído en las redes de todo tipo de adicciones, así como en las atenciones sociales que cubren las necesidades mínimas de los más desfavorecidos, son conocidas por mucha gente por conocerlas in situ, pero, desgraciadamente, los medios resaltan más los fallos, que los hay, y muchos, que las virtudes, que también las hay, de los que pertenecemos a la Iglesia. Especialmente si se trata de la jeraquía eclesiástica o de frailes, monjas o sacerdotes.

 

He grabado un programa que se emitirá la próxima semana en el Hogar de las Madres Adoratrices. En dicho centro, además de la enseñanza, se han puesto en marcha dos programas: “vive y camina”. El primero para atender a las mujeres que han caído en una adicción, con la colaboración en el “Proyecto Hombre” y el segundo para dar una oportunidad de rehacer su vida a mujeres que han sufrido problemas de convivencia, familiares y otros.

 

He conocido a fondo esta realidad. Desde las acogidas al programa hasta las educadoras que les ayudan. Desde la comunidad de Hermanas Adoratrices hasta las psicólogas que, de forma continuada, les atienden. La casa es una maravilla de limpieza, instalaciones y cuidado de las mismas. La disciplina es suficiente, pero una sensación de hermandad, agradecimiento y confianza se desprende de todas las acogidas. Para ellas la casa es un refugio y un hogar.

 

Pero lo que más me impacto en mi visita, fue el colofón de la misma. Entré en la preciosa capilla, que ocupa gran parte de la planta baja, y descubrí la “sala de máquinas” de las Adoratrices. Un Sagrario abierto y unas religiosas, bastante mayores, en constante Adoración al Santísimo. Monjas pertenecientes al “segmento de plata”. Mayores de edad, pero no de espíritu. Así se puede. Marta y María cerca del Señor del Sagrario y del Cristo que representan las mujeres acogidas en la casa. Ora et labora.

 

                     adoratrices

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 2 de febrero de 2015

“LOS MADRILEÑOS”

 

Allá por el 1970 una noticia conmovió los cimientos del comercio malagueño: “los Madrileños” de calle Especerías estaban ardiendo. Dada la fácil combustión de los artículos que almacenaba el establecimiento, el prototipo de los comercios de paquetería de Málaga desapareció para siempre.

Me tocó vivir la etapa más floreciente del comercio textil de Málaga de todos los tiempos. Las calles céntricas de Málaga, especialmente las que se encuentran desde Larios al Pasillo de Santa Isabel, estaban cuajadas de tiendas de tejidos, paquetería y confecciones, casi todas ellas derivadas de, en primer lugar, la Industria Malagueña y, posteriormente, de los grandes almacenes malacitanos (regidos por riojanos y las grandes familias de siempre de Málaga): Los Gómez, los Álvarez, los Sáenz, así como de sus escuelas de aprendices de donde salieron la gran mayoría de los comerciantes de la época, como lo fueron mi padre, mis tíos y muchos más.

Dentro del gremio existía una especialización muy concreta que atendía la perfumería, los artículos de punto, las maletas, bolsos y complementos, la pañolería, la corsetería, las medias, calcetines, etc. Estas eran las tiendas de paquetería. En Málaga brillo con luz propia “Los Madrileños” un establecimiento moderno para la época, perteneciente a la familia de D. Pedro Moya, lleno de cristaleras, con un espacioso patio rodeado de mostradores y una planta alta que hacía de almacén. La empresa montó sucursales en Torremolinos, Ronda y Antequera. Trabajaban el mayor y el detall y surtían a muchos pequeños establecimientos de la provincia.

 

Para los niños de mi familia el entrar por aquellas puertas era el primer paso para presumir. Allí nos compraban las camisetas de pelillo, los calcetines altos, los suéters y jerseys gordos, los impermeables Dugan (que peste echaban a plástico), y las camisas de franela. Un montón de dependientes, todos varones  –cada cliente tenía su dependiente fijo- atendían con esmero no exento de un ligero servilismo a las familias que entrábamos por la puerta y allí echábamos la tarde. Me acuerdo ahora de Torralvo y de Caballero. En Ronda y Antequera tenían tiendas-almacenes similares a cuyo mando estaba un encargado que estaba más entregado al negocio que los propios dueños. A todos ellos los conocí después a lo largo de mi vida  porque se convirtieron en mis clientes a partir de 1967 hasta su cierre definitivo. La tienda de Torremolinos, en plena calle San Miguel, tomo otros derroteros más cosmopolitas y elitistas en sus artículos y clientela.

¿A que viene todo este rollo propio del abuelo Cebolleta que confieso ser? A que acabo de oír que el comercio minorista ha repuntado a los largo de este año. Que las Navidades han tenido más actividad y que el empleo en el sector parece que se va recuperando. Tenemos unos grandes almacenes maravillosos, a la altura de los mejores del mundo. Doy fe. Tenemos las grandes superficies más europeas de Europa. Tenemos de todo. Pero sigo echando de menos, el trato familiar y cercano, la confianza y el “recomiéndeme usted que me iría bien”. El estilo personal de los últimos comerciantes que aun nos quedan: Manolo Marfil y su gente, Carlos Rodríguez Laguna, Pepito el de Mariquita de calle Mármoles, Emilio Baglieto, Antonio el de “Los Mellizos”, Luís Montañez, etc., etc.

Ellos son mi “buena noticia” de hoy. Ese grupo de personas que llenaron Málaga de prosperidad, que desterraron la boina y los pantalones de pana, que surtieron a esos clientes de los pueblos malagueños que llegaban cada mañana a la Posada del León (los de Colmenar y Casabermeja), a calle Mármoles (los de Almogía y el Pueblecillo), al Hoyo de Esparteros (los de Campanillas y Cártama), a la estación de los Andaluces (los de la Costa Oriental y la Axarquía) y a calle Córdoba (los de la Costa Occidental).

No puedo olvidar a los tenderos de muebles y de los nacientes electrodomésticos que se arremolinaron en la calle Carretería y aledaños. De ellos hablaré en otra ocasión.

 

 

 

Foto del incendio desde la Plaza de la Constitución.los madrileños