“LOS MADRILEÑOS”

1 f, 15

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 2 de febrero de 2015

“LOS MADRILEÑOS”

 

Allá por el 1970 una noticia conmovió los cimientos del comercio malagueño: “los Madrileños” de calle Especerías estaban ardiendo. Dada la fácil combustión de los artículos que almacenaba el establecimiento, el prototipo de los comercios de paquetería de Málaga desapareció para siempre.

Me tocó vivir la etapa más floreciente del comercio textil de Málaga de todos los tiempos. Las calles céntricas de Málaga, especialmente las que se encuentran desde Larios al Pasillo de Santa Isabel, estaban cuajadas de tiendas de tejidos, paquetería y confecciones, casi todas ellas derivadas de, en primer lugar, la Industria Malagueña y, posteriormente, de los grandes almacenes malacitanos (regidos por riojanos y las grandes familias de siempre de Málaga): Los Gómez, los Álvarez, los Sáenz, así como de sus escuelas de aprendices de donde salieron la gran mayoría de los comerciantes de la época, como lo fueron mi padre, mis tíos y muchos más.

Dentro del gremio existía una especialización muy concreta que atendía la perfumería, los artículos de punto, las maletas, bolsos y complementos, la pañolería, la corsetería, las medias, calcetines, etc. Estas eran las tiendas de paquetería. En Málaga brillo con luz propia “Los Madrileños” un establecimiento moderno para la época, perteneciente a la familia de D. Pedro Moya, lleno de cristaleras, con un espacioso patio rodeado de mostradores y una planta alta que hacía de almacén. La empresa montó sucursales en Torremolinos, Ronda y Antequera. Trabajaban el mayor y el detall y surtían a muchos pequeños establecimientos de la provincia.

 

Para los niños de mi familia el entrar por aquellas puertas era el primer paso para presumir. Allí nos compraban las camisetas de pelillo, los calcetines altos, los suéters y jerseys gordos, los impermeables Dugan (que peste echaban a plástico), y las camisas de franela. Un montón de dependientes, todos varones  –cada cliente tenía su dependiente fijo- atendían con esmero no exento de un ligero servilismo a las familias que entrábamos por la puerta y allí echábamos la tarde. Me acuerdo ahora de Torralvo y de Caballero. En Ronda y Antequera tenían tiendas-almacenes similares a cuyo mando estaba un encargado que estaba más entregado al negocio que los propios dueños. A todos ellos los conocí después a lo largo de mi vida  porque se convirtieron en mis clientes a partir de 1967 hasta su cierre definitivo. La tienda de Torremolinos, en plena calle San Miguel, tomo otros derroteros más cosmopolitas y elitistas en sus artículos y clientela.

¿A que viene todo este rollo propio del abuelo Cebolleta que confieso ser? A que acabo de oír que el comercio minorista ha repuntado a los largo de este año. Que las Navidades han tenido más actividad y que el empleo en el sector parece que se va recuperando. Tenemos unos grandes almacenes maravillosos, a la altura de los mejores del mundo. Doy fe. Tenemos las grandes superficies más europeas de Europa. Tenemos de todo. Pero sigo echando de menos, el trato familiar y cercano, la confianza y el “recomiéndeme usted que me iría bien”. El estilo personal de los últimos comerciantes que aun nos quedan: Manolo Marfil y su gente, Carlos Rodríguez Laguna, Pepito el de Mariquita de calle Mármoles, Emilio Baglieto, Antonio el de “Los Mellizos”, Luís Montañez, etc., etc.

Ellos son mi “buena noticia” de hoy. Ese grupo de personas que llenaron Málaga de prosperidad, que desterraron la boina y los pantalones de pana, que surtieron a esos clientes de los pueblos malagueños que llegaban cada mañana a la Posada del León (los de Colmenar y Casabermeja), a calle Mármoles (los de Almogía y el Pueblecillo), al Hoyo de Esparteros (los de Campanillas y Cártama), a la estación de los Andaluces (los de la Costa Oriental y la Axarquía) y a calle Córdoba (los de la Costa Occidental).

No puedo olvidar a los tenderos de muebles y de los nacientes electrodomésticos que se arremolinaron en la calle Carretería y aledaños. De ellos hablaré en otra ocasión.

 

 

 

Foto del incendio desde la Plaza de la Constitución.los madrileños

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: