El metro cuadrado

18 f, 15

El segmento de plata

por Manuel Montes Cleries. m.montescleries@telefonica.net

Málaga 19 de febrero de 2015

 

EL METRO CUADRADO

Me viene martilleando en la cabeza esta medida de superficie. Se viene utilizando mucho en los foros y tertulias, bastante mal por cierto, desde que se intentó calcular la asistencia a los actos públicos. El resultado es desastroso, depende de las filias o las fobias políticas del que cuenta. Los de un lado hablan de una cifra y los de otro dicen que tan solo se han reunido la décima parte y viceversa. Unos y otros dicen para establecer el aforo multiplican los metros cuadrados de superficie ocupados por los asistentes por tres o cuatro, según criterio, lo que les da la cifra aproximada de manifestantes o simples espectadores. Las diferencias obtenidas, según orientación política, me recuerdan un poco al cazurro que calculaba los rebaños de ovejas contando las patas y dividiendo por cuatro.

 

A lo que iba. Desde que me hicieron meditar la influencia que cualquier persona tenemos en el metro cuadrado que nos rodea, me estoy planteando como utilizo el que me corresponde. Y observo que basta cambiar la palabra prójimo por próximo y obrar en consecuencia. Después de muchos años de intentar vivir un cristianismo de grandes actos y celebraciones, llego a la conclusión que el Evangelio es mucho más fluido cuando se predica boca a boca. Sobre todo por el ejemplo personal.

 

He tenido algunas experiencias personales –no se si vivencias o “momencias”- que me permiten aseverar el excelente resultado que se obtiene en las distancias cortas. (Espero que la que voy a reflejar no moleste al protagonista de la misma). Compartí trabajo de conductor, en una ONG con la que colaboro, con un alumno de la UMA que quería obtener un crédito para su expediente mediante el desempeño de una actividad como voluntario.

 

Mi labor en este caso fue muy sencilla. Demostrarle que se era muy feliz ayudando a los demás. Hablarle de una “buena noticia” que le haría sobrellevar y afrontar los problemas de cada día. Que se puede seguir a Jesucristo sin convertirse en un fanático. Que se es más feliz dando amor que esperando que te lo den. El voluntario por necesidad académica se convirtió en un voluntario por convicción. Después de un Erasmus en un país del Este, ha vuelto a su actividad apoyando a los necesitados desde su capacidad laboral como informático. Lo de su fe ya no depende de mí.

 

La teoría del “metro cuadrado” es también esclarecedora para los que somos a veces “candil de puerta ajena”, que decía mi madre. Aquellos que somos una malva en la calle y, por el contrario somos unos “huesos” con los que nos rodean. Aquí tenemos que dar la talla.

 

Creo que debemos ver –no tan solo mirar- a nuestro alrededor. Y obrar en consecuencia. Nuestro metro cuadrado puede ser el infierno o el paraíso. Casi siempre el purgatorio. Pasarlo en la tierra con gallardía es una forma de “progresar adecuadamente”.

 

metro cuadrado

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