CAMBIO DE COLOR

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                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 9 de marzo de 2015

CAMBIO DE COLOR

Los responsables de imagen de la más famosa bebida de cola han decidido radicalizarse. Es decir, volver a sus raíces; al color de sus primeros tiempos. Aquél rojo que hizo cambiar el verde de la ropa de Santa Claus. Finalmente la “cocacola” será de nuevo roja.

El color es la parte externa de cualquier objeto. No cambia intrínsecamente la calidad o la cualidad de las cosas. Tan solo las enmascara. A veces consigue engañarnos, como cuando introducimos vino peleón en una botella con una etiqueta rimbombante y el “experto enólogo” de turno se la traga en medio de elogios. Los expertos en estudios de mercado conocen perfectamente el valor de la imagen de las cosas y de las personas. El trucaje de las fotos y las mentiras en los currículos consiguen enmascarar productos y, lo que es peor, personas mediocres que acaban dirigiendo países.

En los años que llevamos viviendo en democracia hemos podido observar como una serie de individuos –híbridos entre personas y camaleones- se han ido cambiando de chaqueta y del color de la misma en función de por donde sopla el aire de los votos. La perspectiva de la edad provecta que arrastro me  permite haber observado camisas azules y chaquetas blancas trocadas en pana, y viceversa. Manos abiertas en puños cerrados, nacionales en nacionalistas y congregantes marianos en ateos militantes.

Tengo la suerte de no tener demasiadas convicciones firmes, lo que me permite observar la realidad desde la distancia de mi incredulidad y votar cada vez por la ideología que estimo menos mala y más solidaria de verdad. Pero para poder mantener esta actitud tengo que quitar el papel de celofán, las promesas vacías, el color y el calor de los partidos y fiarme de las personas. Si se han ganado mi confianza a través de sus actos… son los míos. He llegado a votar a partidos en los que los candidatos no se han votado ni a sí mismos.

Pienso que “los colores” hay que llevarlos por dentro. La gama que me inspira para creer en los políticos, se basa en la honradez, el trabajo, la preparación, el sentido común sustentado en una mínima experiencia y el amor a las personas. No al dinero, al poder o al prestigio. Esas condiciones tan solo se adquieren con las listas abiertas. Las que nos permitan elegir a nosotros. No a las oficinas de los partidos. Estos, al final, siguen generando políticos grises, aunque se autoproclamen rojos, azules, verdes, a rayas o a cuadros. Al final se ve a todos tornasolados. De acuerdo con el sol que más calienta.

La buena noticia de hoy es que aun quedan candidatos con colores propios en sus ideas, lo que nos permite abrigar la esperanza de que esto puede cambiar. Cuando termino esta reflexión me pregunto ¿para qué me habré metido en estos berenjenales? Pues porque hoy me apetecía hablar del fregado que se nos avecina. Esto sí que es una cuaresma.

 

falsos

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