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                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 27 de abril de 2015

LEER

 

Para mí es algo casi enfermizo. Me muero de envidia cuando contemplo la celebración del día del libro en otras grandes ciudades españolas, mientras en Málaga seguimos evitando leer hasta los prospectos de las medicinas. Me da auténtica pena escuchar las dificultades que sufren los estudiantes, desde primaria a la universidad, para leer en voz alta y al mismo tiempo comprender lo que están leyendo. Es esperanzador, aunque evidente signo de una deficiencia, la creación de talleres de lectura para mayores y el esfuerzo de los docentes para poner la lectura al alcance de los niños.

Me he criado en la Málaga de las cien tabernas y una librería, aunque entre estas últimas, las que se nos ofrecían entonces, estaban extraordinariamente atendidas por sus propietarios y al tanto de cuantas innovaciones literarias surgían. Los anaqueles de las mismas, encabezada por la Librería Ibérica y seguida por la Librería Denis, Cervantes, Imperio y tantas otras, eran un paraíso inalcanzable en nuestra etapa de adolescentes –por aquello de la economía juvenil- pero motivo de tentación para los primeros ingresos que alcanzamos en nuestra etapa laboral.

Mi ansía personal por la lectura la pude saciar cuando descubrí la biblioteca de la Diputación, entonces situada en calle Beatas, justo al lado de la Escuela de Comercio, centro de mis estudios de los once a los quince años. Allí me “enrollé” con Salgari, Julio Verne y Alejandro Dumas. Leí por primera vez El Quijote y me atreví con Los episodios nacionales. La publicación norteamericana “Selecciones del Reader Digest” que mutilaba las obras, pero permitía el fácil acceso a ellas, que descubrí en los anaqueles de un tío mío, completaron las muchas horas en que, sin radio ni televisión, a Dios gracias, dedique a “beberme” cuantos ratos libres tenía al cabo del día, que eran muchos. Posteriormente descubrí la desaparecida biblioteca de la Casa de la Cultura, la biblioteca de la Caja de Ahorros de Ronda y hasta un pequeño fondo juvenil que se encontraba en la glorieta que permanece a la entrada del parque malagueño desde la acera de la Marina y a su lado izquierdo.

Desde entonces he leído mucho. Y sigo leyendo. Me apasiona la literatura española del XIX y el XX (ahora estoy disfrutando del lenguaje cursi y decimonónico de las novelas galantes de Benito Pérez Galdós), los cuentos de Blasco Ibáñez y, escritores contemporáneos, especialmente todo cuanto escriben Pérez Reverte o Juan Madrid. Me reúno con un grupo de escritores aficionados y noveles (con v), que hacemos nuestros pinitos con narraciones, ensayos, libros de viaje y hasta novelas. Nos las pasamos los unos y los otros, nos las autofinanciamos y nos sentimos llenos de literatura.

Que gran descubrimiento. Esos libros que llenan nuestras vidas de imágenes, que nos permiten viajar en la distancia y en el tiempo. La lectura, que en la actualidad, está mediatizada y casi erradicada por los mensajes cortos, los abusos de la televisión, especialmente de los programas petardos (32 % de espectadores españoles dedicando el viernes por la noche a compartir el sufrimiento de Belén Esteban por las infidelidades de su novio actual) y la falta de costumbre. Estas circunstancias están consiguiendo apartar los libros de las vidas de los niños y los jóvenes de nuestra época. En mi casa aun pillo de vez en cuando a niños y mayores agarrados a un libro, absortos de cuanto sucede alrededor y aprendiendo a vivir y convivir de una forma adecuada y sin faltas de ortografía.

El libro que tengo abierto a mi lado es una “buena noticia” para mí. “Doña Perfecta”, de Pérez Galdós. Un folletín que denuncia una sociedad española caciquil, corrupta e inculta y que demuestra, que en todas las épocas han “cocido habas”. Igualito que ahora. Aunque en la actualidad se disimula más. Por aquello de lo políticamente correcto. ¡Viva los libros!

 

 

 

 

día del libro

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