COMUNIÓN FUSIÓN

17 f, 15

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 18 de mayo de 2015

COMUNIÓN FUSIÓN

 

Cada vez que asisto a alguna celebración litúrgica en Getafe, patria chica de tres de mis nietos, me encuentro con una Iglesia Católica fresca y muy cercana a las recomendaciones del Papa Francisco. En este caso he vivido la Primera Comunión de mi nieta Victorita, con un grupo de niños que comparten la fe, el pan, la sal y la enseñanza en una de las ciudades donde la mezcla de razas, religiones y nacionalidades se hace más presente. En el caso presente, en la Parroquia de San Rafael, lugar donde se celebró el acto, conviven feligreses de diecisiete nacionalidades distintas. Españoles de todas las regiones, hispanoamericanos, centroafricanos, chinos, europeos del este y norteafricanos conviven a diario sin ningún tipo de reacción xenófoba.

 

La lectura de los nombres de los comulgantes era un catalogo de nuevas denominaciones con escaso parecido con el santoral clásico. Elliane, Emile, Claris, If y chavales con nombres parecidos, fueron presentados como unos niños que, por otra parte, llevan años conviviendo en la calle y en las aulas. En los bancos de las familias aun se notaba más la diferencia en los atuendos festivos y los adornos capilares.

 

La buena noticia de hoy, me la ha proporcionado el encuentro con esa Iglesia nueva, pobre, solidaria y llena de guiños a los más necesitados. Una gran naturalidad en los niños, los padres y los celebrantes, cartas de unos a otros por medio y un detalle que me sorprendió sobremanera. A la hora de las ofrendas, donde siempre se llevan velas y flores, en este caso, se aportó un cartón de leche y galletas. Como recuerdo de los pobres de la zona.

 

Así no me sorprende que junto al altar de la Parroquia de San Rafael de Getafe, se haya colocado un segundo lugar donde siempre hay latas de conservas, arroz o leche que los feligreses van dejando. Allí no se pasa cepillo ni se pide persona a persona. Cada uno sabe lo que tiene que aportar y donde hacerlo. Una Iglesia con olor a oveja y “el altar del hermano”. Una parroquia-fusión.

 

getafe 2015

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