La paga “der deciocho”

19 f, 15

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

 

                                                             Málaga 20 de julio de 2015

La paga “der deciocho”

A la mayoría de los que tengan acceso a esta “buena noticia” les sonará a chino mandarín el título de la misma. Tan solo traerá recuerdos a aquellos que vivimos en aquella Málaga de los 40 a los 70 del siglo pasado. Eran años de penuria, de pobreza y de sufrimiento. Pero esta situación no conseguía vencer el espíritu festivo y disfrutón de los malagueños y de aquellos que aun sin serlo nos consideramos como tales.

En dichos tiempos se instituyó una paga extraordinaria que se entregaba el 18 de julio por motivos “patrióticos”. Esta era una retribución que se tenía gastada de antemano con los anticipos, lo fiado y lo que se le debía al ditero, pero, oh milagro, entre todos los familiares se juntaban los pocos cuartos que costaba el comprar una sandía gorda, los avios para una tortilla de papas, una ensalada de tomate, cuatro filetes empanados y una garrafa de tinto. Con todo ello se organizaba un viaje a las cercanas playas a bordo de bicicletas, triciclos, bateas o camiones abiertos. En dichos vehículos se embarcaba a los abuelos –con su correspondiente silla de anea- los niños chicos y el perro. El resto… a golpe de alpargata.

Familias completas, que digo, corralones completos, del Perchel, la Trinidad, Capuchinos o Huelin, se desplazaban al lugar elegido de buena mañana. Se enterraba la sandía en el “rebalae” y se untaba a los excursionistas de un revoltillo de aceite y vinagre que en vez de oler a marismo olía a ensalada. Con una sabana vieja y dos cañas, cogidas de la cercana vía, se montaba el “chozajo”. El día culminaba cuando se iba retirando el sol y acabado el tinto. Los compadres tenían una media en el hoyo de las agujas y las mujeres estaban hartas de niños y de borrachines. Vuelta a la batea y al corralón con las espaldas achicharradas y un motivo para recordar durante los siguientes 365 días. Una España en blanco y negro.

Hoy en día ha desaparecido la paga “der deciocho”, las bateas y las camionetas sin techo; los triciclos y los carrillos de mano. Pero siguen existiendo esas familias malagueñas reconvertidas en “domingueros”, con sombrillas  y barbacoas, con coches y furgonetas. Siguen acudiendo a las playas a machacar esa paga -que ahora han cobrado a final de junio- en los merenderos o en el supermercado. A beberse el contenido de las neveras portátiles y comerse el manso. A disfrutar, como hemos venido haciendo desde el principio de los tiempos, de las playas y del sol malagueños. Hoy con protección 50 y con bañadores de última hora. Ahora mismo están llegando a mis aledaños. Una buena noticia. Tenemos una España de colores.

CORRALON

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