La boya blanca

27 f, 15

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries m.montescleries@telefonica.net

Málaga 27 de agosto de 2015

La boya blanca

En la playa donde habito, a unos 200 metros de la orilla se divisa una boya blanca anclada que delimita la zona de seguridad dentro de la cual no pueden navegar las embarcaciones. Esta boya es como un hito que sirve para reconocer la “mayoría” natatoria de los niños que pasan el verano en esa zona. El proceso es el siguiente: se acercan a la misma nadando, primero acompañados por los mayores, después con flotadores y colchones y finalmente, solos. Ya tienen carnet de nadadores con cierta experiencia. He podido comprobarlo a lo largo de mi vida. Primero, personalmente, después con mis hijos, y ahora, ya he acompañado a algún nieto.

 

Los más avispados descubren que esa boya es una más de las que se encuentran a lo largo de toda la costa y que, vista desde fuera, es una conquista ridícula en la inmensidad de la mar mediterránea. Cuando se navega mar adentro las costas van perdiendo su dimensión y hasta los cerros que bordean las playas se convierten en tachuelas y tan solo sirven como referencia para las marcas de los pescadores.

 

La vida –nuestra vida- está repleta de boyas que en la lejanía parecen difíciles de alcanzar pero factibles de coronar tras una preparación y un esfuerzo. La situación cultural, económica y familiar va pasando por etapas (boyas) que no son más que una referencia para otear la siguiente,  que se busca con ahínco.

 

La mar es muy grande. La vida es muy larga y da para mucho. Al final uno descubre que lo importante no es llegar, sino vivir feliz el recorrido. Esto te acredita para llegar a la meta con cierta facilidad. No sin dificultades. Pero con mucha esperanza.

 

Los miembros del “segmento de plata” ya hemos doblado el cabo de “Buena Esperanza”. En esta última singladura -que puede ser muy larga, dadas las esperanzas de vida actuales- tenemos que seguir muy pendientes de la tripulación que nos acompaña y de las pateras que podemos ir encontrando en este mar revuelto.

 

Lo importante es no perder de vista al “patrón” y a su estilo de vida. Él, te acompaña siempre. El GPS está en los Evangelios. Encendamos la luz de la “Virgen del Carmen”… y a navegar.

 

boya 2

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