¿Estaremos equivocados?

10 f, 15

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries m.montescleries@telefonica.net

Málaga 10 de septiembre de 2015

     ¿Estaremos equivocados?

Unos buenos amigos míos han celebrado recientemente los cincuenta y cinco años de casados. Se preguntaban que símbolo corresponde a dicho aniversario, dado que los expertos hablan de bodas de oro (cincuenta años) y bodas de platino (setenta y cinco años). Yo les indiqué que podían ser bodas de oro… más IVA reducido. Al final, la Wikipedia, que tiene respuestas para todo, dice que son las bodas de esmeralda. Toma ya.

 

Aparte de la anécdota y la broma consiguiente, esta celebración me ha hecho pensar. ¿Estaremos equivocados los que seguimos creyendo en el Sacramento del Matrimonio? La convivencia matrimonial se basa en tantas premisas que es muy difícil conseguir la estabilidad plena, la entente cordiale y, en definitiva, una vida en común sin dificultades. El matrimonio sufre gran cantidad de procesos evolutivos, influencias exógenas y dificultades endógenas que hacen complicado su buen término. Por otra parte, un ambiente enrarecido manifiesta su extrañeza por la duración de algunos matrimonios y nos considera más o menos como unos bichos raros o sin personalidad.

 

El lenguaje popular es muy sabio. Podéis ver como ahora, creo que con bastante razón, se habla de pareja, contrario-a, novio-a con derecho a roce, etc. Lo entiendo perfectamente. En España un alto porcentaje de las bodas del siglo pasado se celebraban en la Iglesia, por la Iglesia y para la Iglesia. Muchas de ellas eran anulables por defectos de forma que no vienen al caso. Al final, bastantes acabaron en divorcios, separaciones, nulidades o, simplemente, “ahí te quedas”. Hoy, desgraciadamente las rupturas están a la orden del día. El Papa Francisco, con, a mi entender, un excelente criterio, quiere agilizar los trámites de las anulaciones, para evitar largos pleitos innecesarios.

 

Las estadísticas ponen las cosas en su sitio. Los números cantan. Las bodas civiles superan ampliamente a las religiosas. Las parejas se conocen, conviven, se lo piensan, tienen hijos… y después, algunas veces por tener papeles o por celebrarlo a lo grande, se casan. Más tarde… el tiempo dirá.

 

El matrimonio cristiano es otra cosa. Se trata de amor, entrega, ceder de lo de uno para buscar lo de ambos, etc. Esto es muy complicado y se necesita muchos esfuerzos para sobrellevarlo. Y ahí nace la fuerza del Sacramento que propicia un encuentro entre tres: el hombre, la mujer y el amor de Dios. Entonces, el deterioro, la enfermedad, la vejez, los reveses de la vida y las ganas de tirar la toalla  se superan, con dificultades, pero se superan.

 

El secreto está en el Verbo con mayúscula y en el verbo, con minúscula. No se trata de hacer el amor, sino de vivir el amor. Así nunca estaremos equivocados.

 

Dedicado a mi hija Carmen que se casa el sábado.

 

boda

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