La casta

17 f, 15

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries m.montescleries@telefonica.net

Málaga 17 de septiembre de 2015

La casta

Este comentario no tiene nada que ver con la mitad del dúo femenino protagonista de La verbena de la Paloma. Es algo mucho más serio. Esta es otra “casta”. Acabo de escuchar en la COPE como explicaba el significado de esa denominación uno de los políticos españoles de moda y a quién se refería cuando se la dedicaba de forma peyorativa.

 

Para el susodicho prócer, el pertenecer a la casta política, consiste en aprovecharse del desempeño de cargos en los diversos estamentos del poder para establecer puentes que les permitan solucionar su situación económica, laboral y personal al concluir su mandato; voluntaria o involuntariamente. Es decir, prepararse el pesebre para el futuro basándose en el “te doy para que me des”.

 

Esto no es nuevo, ni siquiera de nuestro tiempo. La historia está llena de arribistas de todo tipo que han ido llenando los países y los campos de terratenientes, conquistadores, propietarios de latifundios, marqueses, condeses y similares. Lo que hoy se traduce en consejos de administración, asesores, socios de empresas mixtas y poseedores de cuentas millonarias en los paraísos fiscales.

 

Además de la casta política, personalmente, me preocupa mucho más el neo-fariseísmo religioso (reflejo del de los tiempos bíblicos) basado en buscar los primeros lugares en los templos o la pertenencia a grupos religiosos como trampolín para una mejora de la situación personal y una muesca para el curriculum. Después, especialmente cuando la situación cambia, se sustituye la chaqueta religiosa, renunciando a los tiempos pasados, en una conversión o renuncia en función de los tiempos. Las hemerotecas ponen a muchos en su sitio.

 

No voy a insistir en la “casta política”, pero voy a insistir en el cuidado que tenemos que tener de estar muy atentos a la situación actual, en la que empieza a ser difícil mantener la fe con dignidad y no chaquetear en lo profundo quedándose tan solo en lo externo. O ni siquiera en eso. La evangelización la tenemos que realizar más con hechos que con palabras. El cristiano tiene que mantener su criterio y no seguir las evoluciones de la masa dando pie a la vieja aseveración que dice que los españoles siempre vamos detrás de los curas. Unas veces con velas y otras con palos. Lo importante es seguir a Jesús de Nazaret imitando su estilo de vida. Nada de “castas religiosas”.

 

 

                         

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