San Egidio

24 f, 15

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries m.montescleries@telefonica.net

Málaga 24 de septiembre de 2015

San Egidio

No había escuchado hablar de San Egidio hasta que viví una temporada en Roma con motivo del Jubileo del 2000. Estuve acogido en el convento de los  Franciscanos Españoles. Allí, en pleno Trastevere, se encuentra el templo de San Egidio, lugar donde comenzó la andadura de las comunidades del mismo nombre. Por cierto Egidio en castellano es Gil, pero respetaremos el nombre original.

 

En Italia, estas comunidades creadas a raíz del Concilio Vaticano II, tienen un gran predicamento y, desde allí, se han extendido por todo el mundo. De hecho, me han venido a la memoria con motivo de la visita del Papa Francisco a Cuba. En una de sus intervenciones se ha dirigido a las comunidades de San Egidio establecidas en Hispanoamérica. En su alocución se ha dirigido a los jóvenes diciendo: “Con los pobres se llega a Dios”.

 

   La Iglesia Católica se ha venido nutriendo y enriqueciendo de las comunidades, asociaciones y movimientos que se han ido creando. Especialmente en las grandes ciudades, donde el ámbito parroquial es muy indeterminado y los fieles se agrupan con más facilidad por cercanía de ideas o afinidad de situaciones vitales. En Málaga tenemos un buen ejemplo con las cofradías, las comunidades neocatecumenales o cursillos de cristiandad entre otros.

 

Sus principios se basan en el trípode de oración, formación y acción y se completa, cuando se puede, con la Eucaristía. Estas prioridades completan el círculo de la vida del cristiano. Pero la realidad nos dice que estas patas no están equilibradas. Unos se dedican al culto, otros a la oración, otros a la formación, otros a la salvación personal, pero todos, o casi todos, dejamos de lado la pata que el Corintios 13 nos recomienda especialmente: la acción, el amor al prójimo, la caridad-justicia.

 

Las comunidades de San Egidio parece que han tomado esta opción de una forma primordial. Decía el Papa Francisco en Cuba que “tenemos que arrear”. Pues a la tarea. Corren tiempos difíciles. Razón de más. El cristianismo se transmite con el ejemplo y con la palabra. No mutilemos nuestras posibilidades. Tarea tenemos.

 

 

 

   

 

 

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