UNA OBRA DE MISERICORDIA

17 f, 15

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries m.montescleries@telefonica.net

Málaga 17 de diciembre de 2015

UNA OBRA DE MISERICORDIA

Cuando recordamos las obras de misericordia de aquél catecismo Ripalda, que recitábamos de corrido, podemos ver que se dividen en dos grandes grupos, las espirituales y las corporales. Este año Santo, en el que celebramos el Jubileo de la Misericordia, las hemos refrescado en nuestra mente, e incluso hemos descubierto otras que surgen de nuestro encuentro con los demás. A mí, personalmente, me ha costado recordar una a una aquellas que recoge el catecismo como reflejo de las enseñanzas de Jesús a lo largo de su vida pública.

 

En ambos apartados, la décima se refiere a la atención postrera. Rogar a Dios por los vivos y por lo muertos y enterrar a los difuntos. Últimamente he podido vivir y disfrutar de la administración del sacramento de la unción de enfermos a un grupo de personas que la necesitaba y como la comunidad la vivió participando de la misma. Pero cuando mi emoción ha llegado al máximo, ha sido durante el entierro del hijo de un amigo muy, muy cercano, fallecido trágicamente días pasados. La ceremonia fue vivida por todos intensamente, pero con una entereza rayana en el heroísmo sustentada por una fe firme proclamada y vivida.

 

Un momento tan difícil lo transformaron los padres del fallecido y su comunidad neocatecumenal en un sacramento confortador dentro de la tristeza. Demostraron la madurez de unos cristianos que se toman en serio su fe y dan sentido trascendente a toda su vida. La celebración se convirtió en una excelente catequesis para el resto de los cristianos que no hemos profundizado de esa manera en la vivencia cristiana. La devolución pública del hijo fallecido al Padre Dios, por parte de su padre en la tierra, así como la procesión hacia su “dormitorio” en la última morada, amén de poner un nudo en nuestras gargantas, nos sirvió para acercarnos mucho más a la vida trascendente.

 

No es muy corriente que se vuelva a escribir un obituario como se hacía en los viejos tiempos periodísticos. Ya apenas se ponen esquelas en los periódicos. Pero el ejemplo de ese grupo de cristianos, apenas iniciado el año Santo Jubilar de la Misericordia, me ha impelido a animar a mis queridos amigos del segmento de plata a que repasemos el catecismo y pongamos al día alguna de las obras de misericordia que son el camino hacia las Bienaventuranzas.

 

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