Pasó la Navidad

6 f, 16

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries m.montescleries@telefonica.net

Málaga 7 de enero de 2016

Pasó la Navidad

Dicen los psicólogos que de cualquier tipo de encuentro se derivan pensamientos, deseos, actitudes, acciones, etc. Es decir que hay que ser muy insensible para vivir estos días y cuantas circunstancias les rodean, sin sentirse movido en lo más profundo de nuestro ser por unos sentimientos de ternura y de paz.

 

Como yo ando por esos mundos de Dios, he notado especialmente como, pese al deseo incontrolado de muchos de cargarse el sentido cristiano de la Navidad, el Espíritu sigue iluminando el corazón de las personas de buena voluntad y hace sacar de cada uno de nosotros los mejores sentimientos. Tan solo me voy a detener en lo más cercano a mi vida de persona mayor que se mueve poco en el campo de los grandes festejos y aglomeraciones populares.

 

El primer impacto lo recibí en un programa de radio en el que colaboro (La Málaga Solidaria de Onda Azul). Tres chicos pertenecientes a AMAPPACE me demostraron como se puede ser feliz desde un carrito de ruedas o un sintetizador de voz. Como se puede cantar un fandango con una parálisis cerebral o como se puede crear una emisora de radio entre personas que tienen problemas en los sentidos. Claro, iban acompañados por los ángeles que vigilan el milagro, sus cuidadores.

 

El segundo me vino de una parte de mi familia que no vive en mi casa. Viven en un convento de clausura sito en mi propia calle. Allí nueve monjas se han convertido en unos seres muy importantes para todos los míos. Nos ofrecen su oración, su casa, sus dulces, su acogida, su Eucaristía y, sobre todo su amor. El pasado domingo celebramos con ellas la Navidad compartiendo la risa, el pan, la sal y ¡la fiesta! Cada uno aportó lo que pudo. Pero esta vez pudimos presenciar una actuación inédita de unas monjas nacidas en la lejana India que trajeron a nuestra presencia unas danzas autóctonas llenas de sabor y ternura.

 

La tercera también fue en la radio. Invité a tres viejos amigos, amigos y viejos, a poner voces a los Reyes Magos (desde una traducción de las palabras de los auténticos de Oriente, que todo el mundo sabe que desconocen el español). Pude ver a tres viejos luchadores, bregados en la búsqueda de la verdad y la justicia, transformarse en auténticos hombres buenos y sabios. Les observé como se manifestaron como niños y como, desde su sabiduría adquirida por la experiencia, se postraron ante el Dios niño. Ante el Dios amor. Una experiencia maravillosa.

 

La sociedad seguirán intentando cargarse el espíritu cristiano de todo cuanto se ha generado alrededor de la fe. Tendremos bautizos, comuniones, bodas, confirmaciones, semana santa y entierros por lo civil. Reconciliación… ni siquiera por lo civil. Pero en el fondo de todo siempre habrá algo o alguien que te monte un pequeño belén en un rincón de tu casa, ponga un evangelio en tus manos y te enseñe a masticar un padrenuestro.

 

Siempre habrá alguien que te transmita el Amor de Dios. Siempre hay y habrá Navidad. La Navidad pasa, pero deja huella.

 

reyes magos

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