Aprender a pedir perdón en Chiapas

18 f, 16

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries m.montescleries@telefonica.net

Málaga 18 de febrero de 2016

Aprender a pedir perdón en Chiapas

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El viaje del Papa Francisco a Méjico nos está ofreciendo una sucesión de mensajes que están calando en el sentimiento y en la fe de muchos cristianos de buena voluntad que nos sentimos zarandeados por una serie de circunstancias que nos provocan, cuando menos, inquietud, desazón y desquiciamiento.

 

Los miembros de mi generación, los pertenecientes al “segmento de plata” hemos vivido lo suficiente para necesitar perdonar y ser perdonados. Cuando alguien te plantea una discusión o un desacuerdo trata siempre de manifestar que “la culpa la tiene el otro”. Otra frase muy utilizada es la de que “yo perdono, pero no olvido”. El caso es que en toda diatriba ambas partes siempre tienen algo de culpa y que el que perdona olvida. En caso contrario, ni olvida, ni perdona.

 

El evangelio, encima, nos dice claramente que tenemos que perdonar aunque tengamos toda la razón. Lo otro lo hacen “los gentiles”. El truco consiste en pensar que haría Jesús en nuestro caso y obrar en consecuencia, y, sobre todo, mirar nuestro interior con tranquilidad y descubrir la maravilla que es perdonar y ser perdonado.

 

Tengo la suerte de que, encima, no tengo memoria de las veces que me agravian y, aun más tengo “la suerte” de que “los otros” no dudan en recordarme mis errores. Por eso me ha venido muy bien la frase del Papa: “Tenemos que aprender a pedir perdón.”

 

Francisco, como siempre, ha predicado con su ejemplo; lo mismo que tantos miembros de la Iglesia que han devuelto bien por mal. En la leyenda negra de la conquista de América por los españoles, se nos habla de actitudes inapropiadas de los llamados evangelizadores del nuevo continente. Pero también es cierto –y se omite casi siempre- que Fray Bartolomé de las Casas a final del siglo XV y tantos franciscanos, jesuitas y miembros de otras órdenes religiosas, masculinas y femeninas, se esforzaron por transmitir la  evangelización pura a costa de su vida. Y siguen haciéndolo las generaciones de misioneros actuales. Tengo amigos sacerdotes en Venezuela que se juegan el pellejo cada día, por estar más cerca de los pobres y los marginados.

 

Los cánticos y oraciones de la Misa de Chiapas me han llegado al alma. En su idioma, con su aspecto maya, miles de fieles han cantado y contado que el Papa está con los pobres y que el mensaje de Jesús les puede liberar de una esclavitud de siglos ante la droga, el poder o el prestigio. Ese es el otro Méjico. Una parte pobre de un país rico dominado por el dios dinero. El Papa nos ha vuelto a enseñar a perdonar en Chiapas.

 

catolicos hispanos

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