EL SEGMENTO DE PLATA

Por Manuel Montes  m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 31 de marzo de 2016

 

LA DECIMOQUINTA ESTACIÓN

Llevo muchos años recorriendo el camino del Vía-Crucis malagueño. Lo hago con cierta frecuencia. Lo menos seis o siete veces en el año. Una veces, las más, lo transito en compañía de un grupo de personas a primera hora de la mañana. Otras, cuando voy solo, normalmente me encuentro las puertas de acceso al monte Calvario cerradas y tengo que recurrir a entrar por la puerta falsa, a través de los caminos perdidos por el monte.

 

La primera vez que lo disfruté fue hace casi cincuenta años. No lo olvidaré jamás, eran las siete de la mañana de un viernes de junio del 70. Me encontré con un centenar de personas que subían en silencio desde la primera estación, en la puerta de San Lázaro. El camino discurría por la calle de la Amargura, rodeaba el viejo Hospital Militar y serpenteaba por el monte a través de un camino lleno de pencas que lo delimitaban. Cada centenar de metros, aproximadamente, se encontraba una cruz que marcaba cada una de las estaciones. La decimocuarta se encontraba en la puerta de la vieja capilla que, por una rezongante y somnolienta guardesa, se abría para permitirnos celebrar la Eucaristía. Allá a las ocho de la mañana. Después, se deshacía el encuentro y los asistentes al Vía-Crucis se dirigían a las churrerías de la zona. Alguna de calle la Victoria abría antes para atendernos.

 

Hoy en día han cambiado un poco el continente y el contenido. Se ha vallado el monte, se ha diseñado una carretera asfaltada, ha desaparecido la tercera estación y se ha ampliado, y cerrado, la capilla. El contenido es similar. Se siguen recitando una a una las estaciones y se culmina con la decimocuarta estación en la que se desgrana una larga oración compartida, que recupera a los asistentes del esfuerzo realizado.

 

A mí, personalmente, de lo que más disfruto, es de la bajada. De pronto nos encontramos con la visión de Málaga como si desde un “dron” se tratara, o “a vista de pájaro”, como se decía antes. Y siempre digo lo mismo, para dentro o para fuera, a viva voz. Ahora viene la decimoquinta estación. JESÚS HA RESUCITADO. Si Cristo no hubiera resucitado, vana es nuestra fe, dice el Apóstol. Para mí es el encargo más importante que proviene de una Pasión, que se vive a tope. De unos lutos y sufrimientos que nos invaden, pero que se quedan ahí. ¡“Qué lastima de hijo”!, que decía un cura amigo mío.

 

Ahora ha resucitado en ti y en mí. En todos cuantos nos llamamos cristianos y, por consiguiente, imitadores del estilo de vida de Jesús.

 

Para mí las catorce primeras estaciones se pasan sin dificultad. La que da nuestra talla es la decimoquinta. Ahí me quiero ver, ahí quiero ver a Málaga y a los malagueños. (foto del autor)

via crucis oct 2015

 

 

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m.montescleries@telefonica.net

                                                                     Málaga 28 de marzo de 2016

ALGO TENDRÁ EL AGUA CUANDO LA BENDICEN

La palabra bendecir, entre otras acepciones, significa bien decir, hablar bien de alguien, reconocer sus meritos. El refrán que da título a esta reflexión quiere manifestar que cuando se “bien dice” de algo es por los méritos adquiridos en su desarrollo.

Les voy a hablar de la Semana Santa. Un tema que provoca en mí un sentimiento que genera perturbación en mi mente. Una tormenta de ideas entre lo que me dicen los sentidos y lo que medita la razón. Conste que yo he sido “semanasantero” muchos años. Vivía las procesiones y cuanto llevan alrededor de una manera total y absoluta. Pertenecía a diversas cofradías y formaba parte de sus desfiles con un grupo de amigos con los que sigo contando. Creo que he participado de una docena de ellas, algunos años salíamos todos los días. Ahora tan solo pertenezco a la Esperanza, en cuya basílica aparezco muchas mañanas a saludar a mi madre del cielo y a la de la tierra que, junto a otros familiares descansa allí para siempre detrás del altar mayor.

A veces me convierto en un “reventaor”, criticando ciertas actitudes, privilegios y despilfarros que, a veces, se producen en nuestra querida Semana Santa de Málaga. Pero al final me tengo que rendir. La evidencia nos demuestra la presencia de Jesús y de su Espíritu en el discurrir de estos días. No hay nada capaz de aglutinar a un pueblo alrededor de una manifestación como la presencia de las imágenes en las calles malagueñas. Por una vez, un pueblo animado a la trifulca y la controversia, al odio y a la revancha por los poderes fácticos, se une en un aplauso, una canción o en una oración alrededor de unas imágenes que se cruzan en las calles malagueñas. Gente sencilla, venida en riada desde los distintos barrios malagueños, que se siente hermanada de todos sus semejantes y se olvida del rencor y del odio que, por otra parte, pretenden inculcarnos.

El pueblo no necesita subvenciones para reunirse alrededor del “Chiquito” o de la Virgen de la Esperanza. (Por cierto, que la Alcaldesa de Madrid se preocupe del año nuevo chino o del Ramadán; las procesiones de Madrid seguirán desfilando a su pesar). Gracias a Dios, seguiremos oyendo a las tres de la madrugada del jueves-viernes Santo, a esa malagueña que cruza una conversación desde Melbourne o desde el Líbano con un nazareno de Zamarrilla en calle Mármoles.

Por eso, aunque no me gusten algunas cosas, seguiré “biendiciendo” de esta Semana Santa malagueña. La que permite que evangelicemos y seamos evangelizados mientras contemplamos la locura de un barroco y de unas imágenes cuajadas de oro y de oraciones, de penas y alegrías, de preguntas sin responder. De gentes que no entienden las guerras y las penurias de una sociedad que conoce perfectamente la letra, pero que a lo largo del resto del año se le olvida la música.

Mi “buena noticia” de hoy me la proporcionan esas familias que se han vuelto a reunir en esta semana, físicamente o delante del ordenador, desde las calles o desde los televisores, desde Nueva York o de Melbourne. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Porque queramos o no, Jesús resucita en cada uno de los hombres de buena voluntad.

pascua en atabal 2016

 

 

EL SEGMENTO DE PLATA

Por Manuel Montes  m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 24 de marzo de 2016

 

NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA

¡Qué verdad más grande! Los que tenemos coleccionados un montón de almanaques, hemos tenido, y tenemos, la oportunidad de comprobar cuanto de verdad recoge este aserto. Vengo observando como los más cercanos son los que menos entienden nuestra manera de ser, comprenden nuestras actitudes o valoran nuestras realidades. Estas actitudes dejan en nosotros un poso de incertidumbre y un mar de dudas sobre nuestra capacidad de transmitir valores.

 

Esto no tiene que desmoralizarnos. Nosotros venimos a sembrar, no a recoger. Pero es muy triste que tengas que “palmarla” para que reconozcan los méritos del “palmolive”. Tengo grandes ejemplos de personas maravillosas en cuyo velatorio o funeral se reconocen unas virtudes que se les ha negado en vida.

 

Por otra parte, estamos hartos de ver como cualquiera, que apenas te conoce, escucha con atención tus consejos y, a veces, ¡hasta los sigue! Los tuyos, los más cercanos no. Y es lógico. Tu historia, llena de luces y sombras, apaga cuanto de claridad intentas transmitir. Siempre se trata de “las cosas de papa, mama, el abuelo o la abuela”.

 

Muchos de mis amigos y lectores son practicantes del catolicismo. Estamos criados en una vivencia cristiana llena de matices, de oraciones y de prácticas religiosas. Hemos bautizado, confirmado y llevado a la comunión y al matrimonio católico (cuando hemos podido) a los nuestros. Pero al día siguiente, nos volvemos a encontrar solos en las celebraciones y a descubrir que ellos llevan su fe de otro modo. No necesitan nada más que los actos de cumplimiento (cumplo y miento) para vivir un cristianismo light que para ellos es suficiente.

 

¿En qué nos estamos equivocando? Quizás es que cambian los tiempos. Pero, lo siento mucho. Se lo están perdiendo. A lo mejor es que no le damos buen ejemplo. Es seguro. Pero el ejemplo de Jesús, recogido en su Evangelio, es irrefutable.

 

Hoy es Jueves Santo. Día del amor fraterno. Pienso que la mejor manera de amar se basa en hablar poco y comprender mucho. Solo pido a Dios que me ayude a transmitir la idea de que el cielo y el infierno comienzan aquí, en la tierra. Y que depende de nosotros, de nuestra forma de vivir, el comenzar a disfrutarlo o a sufrirlo desde ya.

 

Los actos terroristas de estos días nos hablan de un infierno presente. Y la persecución de los cristianos en buena parte del mundo también. Siria, Pakistán o Corea del Norte son ejemplos muy claros de ello. Hay muchas Bruselas desgraciadamente. Los puntos señalan otra manera de ejercer el terrorismo. Que se lo digan al Padre Cacho.

falsos

 

 

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

                                                                     Málaga 21 de marzo de 2016

POR FIN SE LLEVARON LA BASURA

(Casi toda)

El viernes, finalmente, se llevaron la basura de la puerta de mi casa. Como vivo en las afueras supongo que será de los últimos residuos de la huelga que ha ensuciado nuestra bella Málaga a conciencia. Digo a conciencia, porque a la dichosa interrupción de los trabajos de recogida de basuras, se ha unido la actitud más cerril de algunos ciudadanos (cafres) que han procurado dispersar, quemar y emporcar cuantos montones de detritus han encontrado en su camino.

Por fin los bares han podido montar sus terrazas y los peatones podemos circular sin tener que taparnos la nariz mientras sorteamos los montones de bolsas de distinto tamaño y contenido. Toneladas de mierda. No le quitemos mérito. Todo esto es “mi buena noticia de hoy”. Pero como no, la situación de nuestro país y las cosas que pasan en el mismo ensombrecen nuestra sonrisa y nos vuelven a poner a barajar la posibilidad de emigrar a la Patagonia.

Digo yo, habría que barrer nuestra sociedad de tanto espabilado que cree que el resto de los normales somos tontos y estamos esperando que nos compren un martillo de caramelo, ahora que es Semana Santa. Cuatro noticias que me parecen un tanto “raras”.

La primera. Parece ser que las fuerzas vivas madrileñas han arropado y apoyado a Doña Rita Maestre, concejal del Ayuntamiento de la Villa y Corte. Parece ser que se la condena (o no, aun puede ser recurrida) al pago de una multa de 4.320 € por irrumpir con el torso desnudo en la Capilla de la Complutense mientras se celebraba una Eucaristía. La edil considera que no hubo delito. Que la presencia de una mujer con el torso desnudo “no tiene que ser ofensiva”. Sin embargo la juez la ha condenado por un “delito contra los sentimientos religiosos”. Digo yo; ¿si los varones tenemos prohibido andar sin camiseta por las calles en pleno verano? ¿Cómo casa eso con el derecho a destetarse en un templo?

La segunda. Seguidamente les reflejo una noticia publicada el 17 de este mes en el Diario de Mallorca:

      “IB3 ha abierto “un proceso de reflexión” para decidir si continúa emitiendo la misa dominical en directo desde la catedral de Mallorca. Lo ha dicho el director general de IB3, Andreu Manresa, que comparece en la comisión parlamentaria de control del ente. La diputada del PSOE Silvia Cano ha reivindicado la aconfesionalidad del Estado español y ha pedido a Manresa que en lugar de esta retransmisión se emita un programa de “carácter ecuménico” o “sobre ética y filosofía”.

       Cano ha preguntado el índice de audiencia de la eucaristía, a lo que Manresa ha informado que “en torno a las 15.000 personas, una audiencia baja”, ha admitido. No obstante, el director general ha apuntado que a su juicio “tiene algún sentido” seguir ofreciendo la misa en la parrilla televisiva para un público “enfermo, gente mayor o los solitarios que tienen frío para ir a la iglesia del pueblo a las Díez de la mañana”. La socialista Cano le ha replicado que “la pornografía también tiene su público”, pero “a nadie se le ocurriría” colocar programas de sexo en una televisión pública”. Toma del frasco; otra edila que va a arreglar la programación de la televisión balear.

La tercera. He sufrido; he pasado vergüenza ajena, me he indignado viendo como los “animales llenos de cerveza” que se autodenominan hinchas, vienen de su país a refregarnos sus euros y a humillar a unas mujeres pobres que le siguieron el juego. Si por mí fuera les ponía a barrer la Puerta del Sol los próximos quince años.

Y cuatro. Otro concejal. Esta vez en el sorprendente programa de Manu Sánchez en Canal Sur sobre la Semana Santa. En este caso el edil sevillano afirma con rotundidad: no creo en Dios. Ni en ese muñeco que sacan en Navidad en una cuna. Pues nada. A seguir con esas. Y Manu a entrevistar un Cardenal y cantar un rap. Todo junto.

Estimo que la basura está en las calles y en más sitios. O quizás es que mi mente está enferma y veo fantasmas donde no los hay. Insisto; me voy a la Patagonia. Si molesto me avisáis.

basura

 

 

 

EL SEGMENTO DE PLATA

Por Manuel Montes  m.montescleries@telefonica.net

 

Málaga 17 de marzo de 2016

 

UNA NEVERA Y UN CUADRO DEL CAUTIVO

La lectura de un artículo de mi compañero de espacio, el Doctor Rosado, me ha hecho recuperar un viejo relato de mis inicios como periodista. Lo transcribo tal como lo redacte entonces.

 

“De un buen amigo aprendí a elucubrar. Este verbo creo que recoge exactamente el proceso mental que me transmitió aquél excelente pensador. Elucubrar dice el diccionario de la RAE que es elaborar una divagación complicada sin mucho fundamento.

 

Este ejercicio me permite caminar por la calle fabulando una historia con referencia a las personas que comparten conmigo el espacio público. Normalmente es muy divertido y te permite sobrevivir en un mundo hostil lleno de pitadas, improperios y demás “lindezas” que te rodean a cada paso.

 

Hace unos días caminaba por la Rampa de la Aurora. Esta pequeña cuestecita recoge a cuantas personas salen de calle Trinidad con dirección al centro.  Inopinadamente, me cruce con un hombre poco corpulento. Aparentaba unos cuarenta años de edad. Iba  ataviado con un desvaído “chándal” modelo Fidel Castro. Lo que más me llamó la atención de su aspecto, amén de que llevaba  una nevera de plástico portátil en la mano derecha, era lo que colgaba de su cuello; de una ligera cadena pendía un cuadrito de unos 12 cm. de lado con un marco de madera dorada y su cristal correspondiente.  Una litografía del rostro de Jesús Cautivo  ocupaba todo su espacio.

 

Inmediatamente me puse a elucubrar. ¿Que tipo de promesa o de vinculación había llevado a aquel hombre a llevar tan inusual colgante en el cuello? Ya nos vamos acostumbrando a contemplar en los cuellos, tanto masculinos como femeninos, todo tipo de medallas. Desde la imagen del Cautivo hasta la de Camarón de la Isla, pasando por el escudo del Madrid o del Barcelona. Cuernos de la abundancia y de los otros, piedras del tamaño de un huevo frito y hasta el omnipresente “dios celular”, el odioso teléfono móvil. Ante la “novedad”, me propuse profundizar en el tema. Comencé a pensar mientras circulaba calle Trinidad arriba. Entré en la Iglesia de San Pablo. A las once de la mañana, una treintena de personas rodeaban la capilla del Cautivo. Hombres con aspecto de ir a buscar empleo, enfermos buscando la mejoría propia… o la de alguno de los suyos, mujeres de mediana edad con lagrimas furtivas en los ojos… etc., etc. ¡Cuanta demanda de trabajo, de felicidad, de salud, de buenas noticias… en cada una de esas velas encendidas o en ese ramo de flores colocado de cualquier manera ante las rejas del Cautivo! El hijo que anda con malas compañías, la hipoteca que nos agobia, ese maldito cáncer que nos invade, el matrimonio que “se nos separa”, la empresa que va a cerrar…

 

Me costó poco imaginar la historia del hombre del cuadro y la neverita. Posiblemente una promesa. Comunicar a todo el mundo que el Cautivo se había “portado”. No se como… ni me importa. Que había salido del atolladero gracias a El. Y seguro que nadie del barrio, ni de Málaga, ni de ninguna parte de España se reirá de su  colgante. Le mirarán con respeto. Con el Cautivo hemos topado.

 

Muchas personas no necesitan que sesudos filósofos, pensadores, teólogos y demás “expertos” les indique en que deben o no deben de creer. Para ellos lo que funciona es el corazón y el boca a boca. “Su” Cautivo no le abandona, y por eso lo lleva colgado del cuello. En un tamaño exagerado. Que más da. Los sencillos no tienen respeto humano. Eso queda para nosotros, Los “enteraos”.

cautivo

 

 

 

 

NANOOK

13 f, 16

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

                                                                     Málaga 7 de marzo de 2016

NANOOK

Hay una frase que corre por ahí que dice de una forma “graciosilla”: mientras más conozco a los hombres, más quiero a mi perro. Me parece que no debemos de generalizar. Parto de la base de que soy un enamorado de los animales y, especialmente, de los perros. Llevo más de cuarenta años conviviendo con ellos y disfrutando de su presencia en nuestra familia como uno más de sus miembros. En mi casa, llena de niños, se han criado una docena de perros en diversas etapas. Recuerdo especialmente a aquella Tania, una mezcla de chucho y chucha, de raza indefinida, rabona, pero más lista que el hambre. Iba a esperar a los niños a la puerta del cercano colegio y los acompañaba hasta casa. Todo esto hasta que fue vetada por los profesores; llegó un momento en que se metía en la clase antes de la finalización de la misma.

Los he tenido grandes, chicos, feos, bonitos, con pedigrí y sin ella. Especialmente me acompañó Kazán y la Nana, un Golden y una perrita de lanas que me metieron un día en el bolsillo de mi bata. Convivieron una larga época y murieron de viejos. Ahora tengo a Gaspar un perro arrugado que me trajeron los Reyes.

¿A qué viene todo este rollo? A la noticia que he leído en los periódicos: Nanook, un guapo perro labrador canela de pelo corto, ha salvado la vida de un hombre que había caído al agua en el muelle uno malagueño. Sus ladridos llamaron la atención de los viandantes y el hombre fue finalmente rescatado.

Mi buena noticia de hoy me la transmiten esos animales de compañía que, a veces, hacen aquello que pueden, y deben hacer, la sociedad, los seres humanos, especialmente los más cercanos: acompañar. Un animal sustituye, pero no mejora, al ser humano. Por lo menos así debería ser. Tenemos que querer a nuestro perro y, sobre todo, a nuestros semejantes. Para ellos, las personas de nuestro metro cuadrado, somos la mejor compañía cuando los conocemos y los aceptamos como son. Mientras más conozco a las personas… más intento quererlas.

 

Foto diario Sur.

nanook

cc

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries m.montescleries@telefonica.net

Málaga 10 de marzo de 2016

Un cuadro de Rembrandt

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Cada vez que cae en mis manos la parábola del “Hijo pródigo” (Lucas 15-11-32), me viene a la mente el cuadro que recoge dicho tema pintado por el genial artista holandés en el año 1662. La detenida contemplación de la imagen, ayuda a comprender la escena con la que Jesús quiso dejar plasmado en los Evangelios la capacidad de amor y de comprensión que tiene el papá Dios con nosotros.

 

Siempre se nos ha explicado la situación de los personajes “malos” de la narración. El hijo mayor y el hijo menor. Inmediatamente nos hemos situado en uno de esos dos protagonistas. Unas veces como hijo menor, otras como hijo mayor y, casi siempre, como una mezcla de ambos.

 

El máximo protagonista, el padre, lo hemos considerado como algo intocable. Y ahí entra lo que estimo que se desprende también de la parábola. A nuestra edad, la de los “puretas” que estamos de lleno en el “segmento de plata”, muchas veces tenemos que asumir el rol del padre. De padre con minúsculas, pero, salvando las distancias, con la intención de amar y acoger al que vuelve de una vida o un momento difícil.

 

Pero hay más. Si se observa el cuadro con atención se descubre algo que saco a la luz aquel Papa que apenas conocimos: Juan Pablo I. En una de sus escasas intervenciones nos revelo la figura del Dios padre-madre recogida por el cuadro de Rembrandt. Si se fijan en las manos que rodean la espalda del hijo menor, una es masculina y la otra femenina. Que maravilla de intuición. Se entiende mucho mejor la síntesis padre-madre que ambos por separado. Y esta es la actitud que tenemos que intentar vivir.

 

El papel de padre es tan importante como el de la madre y viceversa, como sucede en el del hombre y la mujer, pese a que algunos “tontos ilustrados” insistan en no diferenciarlos y perder el tiempo en ponerle faldas a los muñequitos de los semáforos y buscar la forma de que el congreso sea también la congresa de los diputados y diputadas. Que personajes-personajas. Lo dice un periodisto. Lo de los roles del hombre y la mujer es echar balones fuera.

 

Volvamos al cuadro y lo que significa. El ser humano es hijo mayor-hija mayor, hijo menor-hija menor y con la ayuda de Dios, cuando se tiene fuerzas, padre-madre.

 

Rembrandt_Harmensz._van_Rijn_-_The_Return_of_the_Prodigal_Son

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    LA  BUENA NOTICIA DE MANUEL MONTES CLERIES

m.montescleries@telefonica.net

                                                                     Málaga 7 de marzo de 2016

SI QUIERES CONOCER A JUANILLO…

Todavía me estoy recuperando del shock que me ha producido mi presencia ante la pantalla durante el debate histérico de la pasada semana del parlamento español. Ole, ole y ole. A veces me ha recordado la escena de aquella primera película de la saga “Aterriza cuando puedas”. Me refiero a aquella anciana que contaba su historia mientras sus interlocutores se suicidaban de distintas formas.

Para mí, lo que ha quedado más claro, si se puede sacar alguna conclusión positiva, es que los votantes, esa masa que, a veces, piensa, les ha tomado la matrícula a los políticos y les han enviado un claro mensaje. Estamos hartos de ellos. De aquellos que actualmente detentan algún tipo de poder. Se les ha visto el plumero a los “juanillos de turno” cuando han “pillado el carguillo”. Los hemos conocido. Estamos hartos de corruptores y corrompidos, estamos hartos de ideologías y de promesas irrealizables. Queremos gente corriente que gestione y que no se “hinche”.

Si quieren convencernos que nos digan el qué, el como y el cuando. Con una sola o dos de estas premisas no nos vuelven a engañar. Los que están, han fracasado. Se han mirado el ombligo y se han pegado tortas en nuestra cara. Mientras, el resto de los países se están desternillando a costa nuestra. Que no nos engañen con besos e insultos, con corbatas y despechugados, con recuerdos del pasado y poca proyección hacia el futuro. Con sueldos y poltronas. Con el más tú.

Queremos otro tipo de políticos, con menos ideologías y más dedicación, con menos poses y más trabajo. Gente que crea en las personas, no en el dinero, el poder o el prestigio. Menos salvadores de la patria y más gestores. Menos antis y más tolerantes.

Mi buena noticia de hoy me la ha proporcionado el pueblo español. ¡Qué listos hemos sido! Esta vez no ha ganado ninguno. Porque no nos fiamos de ellos. A empezar de nuevo y a ponerse a trabajar. Sin apaños ni componendas. Yo, a votar a los perdedores como siempre. Sigo viviendo en el campo de la utopía. Algún día ganará el sentido común.

España es diferente

 

 

El segmento de plata

Por Manuel Montes Cleries m.montescleries@telefonica.net

Málaga 3 de marzo de 2016

El milagro de la vida

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Pueden pasar muchos años, muchas experiencias, muchos encuentros, muchas alegrías y muchas penas, pero no hay nada comparable al momento en que escuchas el sonido del corazón de un nuevo ser. Y más si es de tu sangre. No me falta experiencia vital de esta situación. La he vivido una vez tras otra en mis propios hijos y en mis nietos. Veintidós hasta ahora. Todo un veterano.

 

Pero las lágrimas acuden a tus ojos y tu corazón se llena de agradecimiento a Dios cuando descubres que una vez más –perdón dos veces más- unas nuevas vidas se meten de rondón en la tuya. Patricia y Ana, las dos mozas de veintitantas semanas, nietas mías, la 15 y la 16, que he conocido hoy en su peso, medidas, vísceras, rasgos y hasta en su vesícula biliar, son dos nuevos seres completos, vivos y capaces de pelearse entre ellas.

 

Le he insistido al médico. ¿Son únicas e irrepetibles? ¿Son personas en todos los conceptos? El galeno ha corroborado lo que sentía mi corazón. Dos seres bajitos de veintitantos centímetros y 300 gramos de peso. Llenas de vida y de esperanza. Rodeadas de amor y de cuidados.

 

Otro momento feliz de la vida. De mi vida que aun me ofrece grandes momentos de emoción. Días que graban en tu memoria el sentimiento de conocer y de sentir a dos más de los tuyos. De presenciar el milagro de la vida.

ana y patricia 2